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Una publicación de la asociación SER

Paloma y acero: Sibila

Tres fotos aparecen en escena. A través de ellas la directora del documental Sibila (2012), Teresa Arredondo, recuerda su infancia y la figura de la tía paterna: Sybila Arredondo, –la hermana del padre que estuvo presente intensa pero brevemente en su vida y de quién, de repente, ella sabe poco o casi nada.  El silencio y el secreto se apoderan de su familia para proteger a la hija de la tía que había sido tomada prisionera y acusada de pertenecer al Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso.
 
Sobre el olvido, Paul Connerton, Elizabeth Jelin y Paul Ricoeur enfatizan que si bien nunca es total, ayuda a que la vida se mantenga. Pero el silencio y la instalación del “secreto” muestran más bien que hay pactos que incluso se realizaron en la vida familiar misma. La tía desaparece de la vida familiar de la sobrina. Queda en el ambiente de la abuela paterna, que se convertirá en la voz de la memoria de la sujeto en prisión. Los atentados con coche bomba, los apagones, alzas en los precios de los alimentos sirven de entretelones y contexto para afirmar la peligrosidad de la sujeto en prisión. Debe mantenerse alejada y por lo tanto silenciada de la familia de clase media alta limeña. Así sus vidas discurrirán sobre una alfombra que cubrirá y ocultará una parte de su familia. ¿Cuántas Sibilas o historias similares encontraremos en la clase media y media alta limeña?

Ella antepuso los intereses de los demás sobre los propios, repite la voz de su hija. Ella es quien emprende la defensa de la madre. A pesar de tener una familia propia, no abandona a su madre y quince años de su vida la visita y la cuida cada semana.  La imagen de la nota manuscrita en papel higiénico y la forma cómo conserva aquellas piezas de valor, muestran el amor y respeto por la madre.  Sibila nos invita a adentrarnos en la vida familiar de un hogar que se ve interrumpida por el apresamiento de la madre; que termina siendo el apresamiento de la abuela, la tía, la hija. Es desde ahí que recorremos la historia reciente de nuestro país y sus ocultamientos, silencios y pactos.

La historia de Sybila Arredondo tiene una trayectoria muy singular. Llega de Chile al Perú, enamorada y de la mano de José María Arguedas, con sus dos pequeños hijos. A través de Arguedas aprende a querer al Perú y también a sufrirlo. Aunque el escritor es una figura espectral en el documental, la caracterización que hace de Sybila parece precisa. Como le recuerda Teresa a su tía, Arguedas dijo de ella que era paloma y acero. En la primera parte de la película su hija, su hermano y su madre nos hablan de la paloma. De su sensibilidad y compromiso social en un país de profundas y persistentes injusticias. También nos cuentan del dolor de la separación, del tiempo de los jueces sin rostro y de las miserias de la cárcel que no lograron quebrar a Sybila. Pero no la vemos ni oímos si no hasta cerca del final. Y cuando finalmente aparece y bromea es un poco paloma, juguetona y mujer. Pero cuando habla de Sendero Luminoso, el de antes y el de hoy, es acero.

El acero es el metal de la espada, que no se dobla y así nomas no se quiebra, que corta porque es filudo, que hace sangrar, que puede matar. Y la paloma es símbolo internacional de la paz, pero quizás más de la ternura; sobre todo en los Andes y en quechua, la paloma es dulzura. Parece una contradicción. Será la contradicción que habita a esta mujer que se compadece del sufrimiento de los indios de los que escribe Arguedas, pero que a la vez suscribe y lucha por hacer realidad el gobierno de un grupo que despreciaba a los indios, que no gastaba balas en ellos y ellas, y los usaba como carne de cañón y escudo.

En Sybila el acero es la ideología, resistente e inflexible, aun después de la experiencia de la cárcel y del reencuentro familiar, que no permite mirar críticamente el pasado y tampoco el presente. No permite reconocer el impacto de las propias acciones en los demás, no permite asumir responsabilidad individualizada por las propios actos, y no admite errores ni cuentas pendientes con nadie. Pero ella no es sólo acero, es también humana, sensible, tierna, paloma.

Sibila es un documental muy bien hecho que nos adentra en terrenos poco explorados hasta hoy, en relación al conflicto armado interno. Nos transporta al terreno de los lazos de sangre y la intimidad familiar, para luego llevarnos al de la afirmación ideológica y los lazos partidarios. En ese trayecto atravesamos zonas grises, escuchamos secretos y nos acercamos a dolores de los que poco hablamos en el Perú.