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Una publicación de la asociación SER

Organizando la rabia en grito de: Ni una Menos

Foto ©Mujeres en Movimiento

Núcleo de Mujeres En Movimiento. Mujeres diversas, feministas y de izquierda

Nuestros oídos han percibido violencia disfrazada en piropos desde pequeñas, nuestras piernas han aprendido a cruzar la acera al ver a un grupo de hombres en la esquina, nuestros corazones se han agitado al sentir en el micro o la combi que un hombre estaba demasiado cerca y que podíamos sentir su cuerpo rozándonos, nuestras relaciones han justificado los jaloneos y malos tratos porque había que entender que sin celos no hay amor.

En el 2016, estos escenarios que muchas hemos vivido en silencio, los empezamos a compartir entre nosotras, nos dimos cuenta que no éramos las únicas, que a muchas más les pasaban las mismas cosas, que no importaba dónde vivíamos, en qué trabajábamos o estudiábamos, la violencia era cotidiana.

En medio de todo, dos sentencias judiciales dejaban en libertad a dos hombres acusados de agredir a sus exparejas, a pesar de los vídeos y pruebas irrefutables de la agresión física realizada. Rony García y Adriano Pozo, no eran castigados con las penas correspondientes, y su libertad era la evidencia latente que la injusticia era otra de las violencias que compartíamos las mujeres.

#NiUnaMenos se inició en Argentina en el 2015, congregando a miles de mujeres con el objetivo de protestar contra la violencia de las que son víctimas y más aún, ante sus consecuencias más graves como el feminicidio. La frase de ese movimiento era, también, nuestra. No íbamos a permitir con nuestro silencio que la violencia machista continúe, no seguiríamos contando feminicidios sin buscar justicia.

Así, muchos colectivos de mujeres empezaron a organizarse para lo que sería la marcha más grande registrada en contra de la violencia de género en el Perú. El 13 de agosto, nos encontramos todas y sin conocernos inundamos las calles, las redes, los carteles publicitarios y sobretodo nos inundamos de esperanza, juntas podíamos exigir justicia más fuerte.

A 4 años de esta marcha, las mujeres, en toda nuestra diversidad, seguimos siendo víctimas de múltiples violencias. Desde la sociedad que nos golpea por el propio hecho de ser mujeres, por nuestras razas, por nuestras clases sociales, nuestra orientación sexual y nuestra identidad de género; hasta el Estado que no nos garantiza igual acceso a justicia ni nos reconoce como sujetas de derechos. Esto se demuestra incluso durante estos días de emergencia sanitaria en los que, diversas mujeres, han sido víctimas de las propias fuerzas del orden.

Recordamos también que, hasta julio, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables atendió más de 67,000 llamadas por violencia en cuarentena, y los feminicidios tampoco pararon sumando 66 hasta junio según el MIMP. Durante la cuarentena, cuando el gobierno nos repetía que había que quedarse en casa, era asesinada Alejandrina en Ayacucho a manos de su expareja que no aceptó que la relación había concluido. El feminicida no solo asesinó a Alejandrina, mató, también, a quiénes la acompañaban: su hermana de 13 años y su hijita, de solamente dos años.

La realidad que vivimos nos deja claro que tenemos razones profundas para seguir organizándonos, para gritar los nombres de las que faltan, para clamar justicia por las víctimas y para asegurar que el Estado se haga cargo de la responsabilidad de asegurar nuestras vidas.  Nos necesitamos, organizando la rabia, reafirmando la memoria y gritando juntas: Ni una menos.