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Una publicación de la asociación SER
Antropólogo con maestría en ciencia política.

Nos falta transparencia

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Los líderes políticos nos tienen acostumbrados a discursos que exaltan la transparencia como una característica que no debe faltar en toda actuación pública. Lamentablemente, la práctica ofrece numerosos ejemplos de prácticas contrarias a dicho principio. Menciono tres ejemplos tomados de la actual coyuntura. 

I

Con poco interés por parte de los medios, el Poder Judicial se apresta a elegir al próximo Presidente del Jurado Nacional de Elecciones, pues el período de Francisco Távara, su actual titular, vence el 18 de noviembre. Según la ley, la Sala Plena de la Corte Suprema de Justicia elige a este funcionario entre sus miembros.

Esta decisión es sumamente importante porque la persona elegida fiscalizará la legalidad de las elecciones regionales y municipales 2018, y dentro de su período deberá comprometerse  también con un proceso de reforma electoral que enfrenta resistencias de los actores políticos.

Pese a la relevancia de este cargo, no sabemos nada sobre su proceso de elección. No conocemos en forma certera cuándo se realizará (según La República será el jueves 11). No hay información sobre quiénes son los candidatos, apenas rumores sobre jueces voceados. Desde luego, los posibles interesados no han presentado las propuestas que tienen. Nada de nada.

Así las cosas, los Jueces Supremos reunidos en cónclave, adoptarán una decisión que afecta a todos los ciudadanos del país sin posibilidad alguna de escrutinio público. El secretismo se impone pese a que el Presidente del Poder Judicial acaba de firmar un documento donde, entre otros aspectos, se compromete a desarrollar “una política de transparencia y buenas prácticas de acceso al ciudadano a los servicios de justicia”. Mala forma de cumplir la palabra empeñada.

(Para mayor información, recomiendo revisar los antecedentes de cada Juez Supremo, publicados por Transparencia, entidad donde laboro).

II

Esta mala práctica no es exclusiva del Poder Judicial. Hace pocos días el Congreso eligió a tres directores del Banco Central de Reserva. No abundaré aquí sobre la idoneidad de los profesionales elegidos, pues sobre ello se ha escrito mucho. Quiero, más bien, llamar la atención sobre la forma en que se realizó la elección. El proceso duró menos de dos días, las candidaturas se conocieron apenas 24 horas antes de la elección y no hubo posibilidad de escrutinio ciudadano. Por más que se haya cumplido la norma correspondiente, las formas no han favorecido una decisión basada en la transparencia.

Preocupa sobremanera una declaración que la Presidenta del Congreso hizo ante RPP. Ella señaló que resulta inconveniente someter a estas candidaturas al escrutinio público, pues ello se traduce en un maltrato innecesario a quienes son postulados para estos cargos. La situación es exactamente la contraria: la nula exposición al análisis y a la crítica ciudadana le resta legitimidad democrática a una elección.

III

La falta de transparencia no es exclusiva de procesos de elección. Lo muestra la gestión del alcalde Castañeda. Una de sus características permanentes es la opacidad, la ausencia de explicaciones sobre cualquier decisión que adopte, la escasa valoración de la rendición de cuentas, la nula importancia que le da a la participación ciudadana en los asuntos municipales.

En un texto escrito hace algún tiempo señalé que Castañeda concentraba los peores rasgos de la cultura política peruana. Su actuación ante la situación de la población shipiba asentada en Cantagallo me reafirma en dicha opinión, especialmente por su nefasta (no) actuación ante el incendio que afectó a esta comunidad.

Un alcalde desaparecido, que se corre de los medios, que solo habla a través de sus funcionarios, que no tiene vergüenza alguna en mentir, que desprecia toda forma de crítica ciudadana a su gestión, son apenas algunas de las lamentables conductas que hemos visto estos días. La transparencia exigible a toda actuación pública no aparece por ningún lado. Por desgracia para quienes vivimos en Lima, tampoco alguna propuesta para mejorar la vida en la capital.