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Una publicación de la asociación SER

No sin mujeres

El pasado domingo nos dejó Maria Rostworowski luego de una vida plena de aportes para pensarnos como país. Un personaje excepcional, realmente. Entre los documentos de su archivo, atesorados en la Biblioteca del Instituto de Estudios Peruanos, resalta una carta escrita en 1974 en la que le explica a una funcionaria del Instituto Nacional de Cultura por qué no contaba con los certificados de sus estudios escolares. En ella, la historiadora señala de manera contundente que pertenecía “desgraciadamente a una generación en la que los padres no se preocupaban de certificados de estudios de sus hijas mujeres”. Una condición que, según la carta, luego limitaría su postulación a la universidad. Un mensaje muy claro para una fecha como el 8 de marzo. 

En el Perú se ha resaltado recientemente la ausencia de candidatas mujeres a la presidencia (2 de 19), así como en las listas parlamentarias y en la composición final del Congreso de la República. En los últimos años se han ensayado reformas institucionales para solucionar el problema, entre las cuales resaltan las cuotas de género tanto en elecciones nacionales como en las subnacionales. Sin embargo, una de las grandes demandas de las organizaciones feministas es que esta medida sea acompañada de la obligación de paridad y alternancia en las listas, lo cual quiere decir que las listas pongan de manera intercalada a sus candidatos y candidatas para evitar que las mujeres sean puestas en los últimos lugares de la lista.

Esto, sin embargo, solo soluciona en parte el problema de la oferta de candidatas. ¿Qué podemos hacer para reducir estas brechas? En un sistema donde el voto preferencial expresa la demanda, el trabajo con la ciudadanía requiere mayor atención. Como se ha señalado recientemente, es importante retomar campañas que visibilicen la presencia de mujeres en las listas congresales, así como sensibilizar a los votantes en la necesidad de votar por un hombre y una mujer haciendo uso del voto preferencial.

Otro de los espacios políticos donde la mujer aún está significativamente ausente es en el Poder Ejecutivo, en los ministerios. A pesar de haber tenido un aumento considerable en las últimas décadas, la designación de ministras de Estado está todavía muy por debajo de sus pares varones No solo eso, la mayor parte de designaciones de mujeres se hacen en ministerios como el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, siendo excluidas de otros como Energía y Minas, donde en 2015 se nombró por primera vez en la historia a una mujer para que cumpla estas funciones.

La academia no está exenta de estos problemas. Semanas atrás, el espacio The Monkey Cage (The Washington Post) publicó un artículo titulado “Aquí hay una lista de politólogas mujeres inteligentes. Ellas también saben cosas” en el cuál llamaban la atención respecto de la poca presencia de expertas mujeres en los debates mediáticos sobre las elecciones norteamericanas. Una realidad que no es ajena a América Latina y al caso peruano: columnas de opinión, entrevistas o reportajes escritos y televisivos en los que casi la totalidad de entrevistados son varones.

El problema, como es de esperarse, no es la falta de especialistas mujeres, sino el poco esfuerzo por buscarlas y la presencia de imaginarios que reconocen más legitimidad en el testimonio de un profesional varón que en el de una mujer. Por ello, Iniciativas que llaman la atención de esta sub-representación en el debate político son importantes. Iniciativas ciudadanas como No sin mujeres, promovida por colegas como la politóloga argentina Flavia Freidenmberg, buscan visibilizar estas exclusiones en todos los niveles de debate público. En el Perú, el Grupo Sofía es una iniciativa que debe ser cada vez más importante ya que, entre otras cosas, ha elaborado un directorio de profesionales mujeres en las ciencias sociales que debería ser de consulta obligatoria en los medios de comunicación.

No me atrevería a dedicar unas palabras para decirles qué hacer a mis colegas mujeres, pero sí a mis colegas varones. Hay que hacer todo lo posible por involucrarse en estos temas, especialmente cuando uno está frente a una situación como la antes descrita. Si haces una investigación sobre un fenómeno político, pregúntate si es que existe una participación diferenciada entre hombres y mujeres o si las experiencias son diferentes en estos grupos. Si te invitan a un panel en un medio de comunicación, en una universidad o cualquier otro evento público, asegúrate que vayas a compartir el espacio con una colega, exígelo. Son cosas que aún nos cuestan mucho, y me incluyo, porque muchas veces creemos que no son importantes, que son solamente cosas anecdóticas o porque a veces nos falta el coraje para reclamar. Intentemos salir de ese espacio, la lucha por la igualdad de género nos compete y, desde las pequeñas cosas, debemos procurar una reducción en estas brechas.