Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

¡No puedo respirar! ¡Oxígeno, por favor!

Foto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

Michel Azcueta. Ex Alcalde de Villa El Salvador.

 

El trágico grito de George Floyd, lamentablemente, ya ha pasado a la historia como un símbolo de desesperación, de injusticia, de abuso de autoridad y de muerte. Por todo el mundo se ha recogido, repetido, pintado, compartido en decenas de lenguas y por personas de todas las edades. Ya es una frase que recuerda el racismo de nuestras sociedades y por eso se han dado manifestaciones en muchísimos países tan distantes como Noruega y Nueva Zelanda que precisamente son países donde el racismo no es tan generalizado ¿por qué será que en el Perú no ha habido respuestas parecidas salvo una que otra declaración?

¿Será acaso porque, desde marzo, venimos escuchando ese grito ¡No puedo respirar! en nuestras casas, en nuestros barrios, en las clínicas, en los hospitales y, lo que es peor, en las calles de todas las regiones del Perú? ¿Tan normal nos parece ese grito de angustia? Un grito seguido de otro: ¡Oxígeno, por favor!  Y pareciera que seguimos sordos ¿qué nos está pasando como personas y como sociedad? ¿Cómo es posible que cobren más de 6,000 soles por un balón de gas que costaba 400? ¿Cómo se puede permitir que un llenado de gas que costaba 15 soles llegue a costar 400 soles o más? No son precios de locura, tampoco de ceguera,  son precios de egoísmo multiplicado por mil.

La causa del problema de la escasez de oxígeno  viene de lejos, nadie pensaba que se iba a necesitar en tales cantidades y con tal urgencia en el Perú. Inclusive se cerraron muchas fábricas y empresas que lo producían, como en La Oroya, en el Callao y en muchas otras ciudades del país. No ha habido un plan nacional de salud  como no lo hay en los otros sectores de la sociedad por muchos documentos, leyes, decretos y normas que se aprueben. Tampoco se considera, desde hace décadas, un presupuesto adecuado para el sistema de salud que, poco a poco, se fue convirtiendo en el gran negocio de unos cuantos, incluyendo a los laboratorios y la red cerrada de farmacias y boticas relacionadas con la producción, distribución y venta de los medicamentos. Junto a ello vemos la falta de coordinación y trabajo conjunto de los organismos estatales responsables de la salud, el centralismo, el abandono de los distritos y comunidades andinas y amazónicas adónde, con mucha suerte, llega un técnico sanitario y alguna vez la visita de un doctor ¿por qué nos vamos a extrañar ahora que no haya oxígeno en todas las regiones del país?

Por todas partes escuchamos que la pandemia está cambiando el modo de vivir, de relacionarnos unos con otros, los horarios, el modo de transportarnos, el modo de enseñar y de estudiar, y varias cosas más. Pero, definitivamente, esos cambios no son suficientes.

Y no hay que esperar a que desaparezca el virus. Me pregunto: ¿no hay una norma constitucional que permita que el Estado, en una situación de emergencia, casi de guerra, se haga cargo directamente de la fabricación, distribución y venta del oxígeno? ¿No hay una norma que fije un único precio del oxígeno a nivel nacional? ¿No hay una ley que lleve a la cárcel a los que abusan y hasta trafican con el oxígeno?  Es hora de cambiar de modelo de Estado y de sociedad si es que queremos sobrevivir y construir el Perú donde todos vivamos con dignidad.

Por favor es tiempo de actuar y no solo escuchar el grito ¡No puedo respirar! ¡Oxígeno, por favor! Es responsabilidad de todos. Por el bien del Perú, no nos quedemos callados, sin hacer nada.