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Una publicación de la asociación SER

No nos mientan tanto

Uno de los roles vitales de todo Estado constituido como tal es brindar seguridad a su población. Sobre aquella afirmación descansa el principio del pacto al cual Hobbes hacía referencia cuando mencionaba al magno Leviatán. Sin embargo, esta seguridad debe darse en todo sentido, pues ¿qué necesidad de  sentirse amenazado económica o militarmente si tiene un Estado capaz de protegerlo? Obviamente, estamos en un mundo ideal. En el Perú las cosas no son como deberían ser, y eso lo sabemos.

¿Qué sucede en nuestro país? En el Perú, el presidente anuncia primero que hay una gran crisis que ha llegado a territorio peruano y nos va afectar, y días después, cual individuo que entiende un chiste tiempo después de haberse contado, establece la salvedad de que tenemos una economía sólida que seguirá creciendo. Es decir, primero asustó a la población (y generó incertidumbre) y luego trató de calmarla. Way to go, Mr. President!

Ahora, la seguridad no solo debe ser propiciada en materia económica (brindándonos estabilidad macro y micro), sino también en materia de Defensa. El “Operativo Camaleón”, que dio con los líderes senderistas ‘Gabriel’ y ‘Alipio’, constituyó efectivamente, en palabras trilladas de casi todos los periodistas y analistas, “un duro golpe” al terrorismo que, de cierta forma, nos tranquilizó en materia de seguridad nacional (porque en temas de inseguridad ciudadana estamos “hasta las caiguas”). No he usado la palabra ‘narcoterrorismo’ puesto que tiene problemas: muchas personas utilizan esta palabra como si fuera algo simple de digerir. Sin embargo, no tienen idea de qué factores influyen en la dinámica de un fenómeno complejo como el narcotráfico, ni tampoco tienen idea de la forma operativa de Sendero Luminoso en el Perú (y su también compleja estructura) y mezclan ambos términos cual ingredientes para un dulce postre familiar.

El narcotráfico en el Perú tiene una configuración particular que no se vuelve a repetir ni en Colombia, ni en México, ni en Bolivia ni en Centro América. Asimismo, las dinámicas a través de las cuales este opera constituyen una particular estructura en la cual intervienen diversos actores (desde campesinos, mulas y microcomercializadores hasta grandes traficantes) y factores (precio, volumen de producción, riesgo zonal, etc.). De igual modo, el narcotráfico tiene un objetivo claro: la rentabilidad económica que genera esta actividad ilícita. ¿Qué pasa con el terrorismo? El terrorismo en el Perú ya no es lo que era en los años 80’ o 90’. La variable ‘ideología’ aún se mantiene, pero ha perdido mucho peso. Los principales líderes senderistas no quieren conquistar la nación, más se han vuelto localistas. Creo que aún aplican el terror para reclutar miembros, pero no tienen ninguna clara idea de cuál es su objetivo a largo plazo (dado el debilitamiento de la variable ‘ideología’).

Sin embargo, de que existe una relación entre ambos fenómenos, sí la existe. Pero la estrategia empleada por el Estado debe ser una que considere la naturaleza y dinámicas de ambos fenómenos por separado, pues responden a factores y actores totalmente distintos. No podemos fiarnos de que solamente porque existe una intersección entre ambos conjuntos, al atacar uno, hemos atacado el otro. No es así. La “Operación Camaleón” (independientemente de quién haya sido el responsable directo) trajo consigo buenas nuevas: le ha dado un golpe al terrorismo, pero el narcotráfico y sus actividades ilícitas siguen intactas. ¿O ustedes creen que este año la cantidad de hectáreas destinadas al cultivo de coca va reducirse? ¿O que la producción potencial de cocaína en el Perú va a disminuir considerablemente? ¿O que va a haber menos dinero involucrado en operaciones bancarias sospechosas de lavado de activos? No, pues.

Que no nos mientan tanto, las cosas como deben ser. Si la crisis económica llegó, pues que los ciudadanos seamos capaces de sentirla y de realizar las actividades que tengamos que realizar para mitigarla (y también el Estado). Si la “Operación Camaleón” tuvo éxito, no la inflen demasiado. O todo será como los partidos de fútbol del Perú: tan buen partido para que al final perdamos.