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Una publicación de la asociación SER

#NiUnoMenos vs #NiUnaMenos

El pasado 3 de setiembre, un grupo de alrededor de 20 hombres, entre los 20 y 30 años se reunía en Campo de Marte a protestar. ¿Contra o favor de qué? Algunos decían por la igualdad de derechos, otros contra la violencia hacia el hombre, y otros contra el feminismo y contra los privilegios, que según ellos, tenemos todas las mujeres.

Uno de ellos, enojado, vociferaba “a las mujeres se les ha dado privilegios… todo el mundo se ha feminizado, y quieren que las mujeres dominen el mundo”. “Yo odio a la mujeres porque así me han enseñado ellas, conforme me han tratado a lo largo de mi vida…”; y otro, de mayor edad, explicaba su lógica y poco conocimiento del sistema judicial diciendo“…no hay promoción de esta marcha porque internacionalmente está incrementando el feminismo; por ejemplo, si una mujer lo denuncia, basta que lo denuncie y va a la cárcel y la prueba es su palabra, cuando la ley dice que necesita mínimo una prueba para ir a la cárcel… ¡es el colmo! ¿Qué vamos a esperar, que un montón de hombres vayan a la cárcel?”

Siempre he defendido y defenderé el derecho a protestar, incluso cuando el motivo de la protesta va en contra de mis creencias y convicciones. Sin embargo, me siento en la obligación de aclarar ciertos puntos, porque no tiene sentido que inicien una guerra por nada, y que por unos cuantos sigan ridiculizando a todos los hombres del país.

“A las mujeres se les ha dado privilegios…”. Los privilegios (el asiento, los sentimientos, etc.) que según ellos tenemos todas, son los que nos ha otorgado el machismo para no reclamar por nuestros derechos. Yo no quiero privilegios, quiero tener la misma libertad que tiene un hombre cuando sale a caminar solo, quiero que todos los curitas dejen de decidir sobre mi vida y mi cuerpo, quiero tener el mismo respeto que tiene un hombre cuando obtiene un ascenso en el trabajo, y que no me digan luego que me acosté con alguien para obtenerlo; quiero tener la misma libertad que tiene un hombre en sus 30 y no ser obligado a casarse o ser visto como un fracaso por no estarlo o no ser madre (incluso si me han ofrecido matrimonio y no quise; no importa, soy mujer, y eso no es creíble). Nosotras no queremos privilegios, queremos derechos.

“Yo odio a la mujeres porque así me han enseñado ellas, conforme me han tratado a lo largo de mi vida…”. Si vamos a odiar a todas las personas que nos han tratado mal, nos han choteado, no han querido ser nuestros amigos, no nos dan un like, o no han querido compartir sus juguetes con nosotros cuando éramos niños, no existiría ni un peruano ni un ser humano en el mundo; todos nos habríamos matado de tanto odio. A todos nos han herido alguna vez. Supéralo ya.

“…si una mujer lo denuncia, basta que lo denuncie y va a la cárcel y la prueba es su palabra, cuando la ley dice que necesita mínimo una prueba para ir a la cárcel… ¡es el colmo! ¿Qué vamos a esperar, que un montón de hombres vayan a la cárcel?” No sé en qué país vive este señor, pero cada vez que una mujer va denunciar violencia y/o violación te hacen sentir sucia y culpable, y te preguntan cosas como “qué llevabas puesta”, “qué hacías a esa hora”, o “oye, pero es tu enamorado, eso no es violación”; denunciar no es sencillo, y obtener justicia es utópico. Y para aclarar su bochornosa afirmación jurídica, lo correcto es “el que alega un hecho, debe probarlo”; y así es para todos, hombre, mujer, etc.; sin excepción.

La marcha #NiUnaMenos no fue una guerra contra los hombres, no fue para culparlos de todo lo que nos pasa, ni restarle valor e importancia a la violencia que también sufren; la marcha fue por tanto años de haber callado nuestra muertes y violaciones, por cada minuto del día en que nos faltan el respeto en las calles, por tantas niñas y adolescentes violadas a diario por sus padres, padrastros, tíos, abuelos, vecinos, profesores, etc. Ni una menos fue una lucha para seguir vivas, para luchar contra el machismo que también hace daño a los hombres, pero no quieren darse cuenta. No es justo que pudiendo utilizar el “Ni Uno Menos” para protestar por tantos niños violados por cuanto cura existe en el Perú, por el machismo que hace que los policías se burlen de ustedes cuando van a denunciar violencia familiar (así como se burlan de nosotras también), o por el machismo que no les da los mismos días de permiso cuando nace su hijo, han preferido burlarse de nuestra lucha y convertirse en el hazmerreír de todos.   

Yo no pertenezco a ningún movimiento feminista, no inicié ni ayudé en la organización de la marcha #NiUnaMenos; y no escribo esto con cólera, si no con pena y vergüenza ajena. Sólo soy una mujer más que asistió a la marcha por haber sido golpeada, insultada y violada; asistí porque quiero ser tratada como un ser humano. Asistí porque quiero que todas las niñas y niños tengan las mismas oportunidades y libertades que yo no tuve, y no tuvieron las que ya no están.