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Una publicación de la asociación SER

Mirar con los dos ojos, oír con los dos oídos, sentir con el corazón

El gobierno que ha iniciado su gestión el 28 de julio, lo hace enarbolando la “inclusión social” como objetivo de acción para el país. Hace 4 años, la reunión anual de CADE (Conferencia Anual de Ejecutivos) se realizó bajo el lema “Más inclusión y responsabilidad social” y habría que ver cuánto han avanzado en su iniciativa.
 

Trabajar por la inclusión debe ser tarea compleja, porque cuando se habla de ella, se la relaciona generalmente con la exclusión social de ciertos sectores de la población, por razones estrictamente económicas (pobreza). Pero la exclusión o marginación de sectores como por ejemplo los indígenas -para hablar de mayorías-, o los “otros” diferentes, no sólo es económica y sería incompleta si se la resuelve únicamente en esos términos. 
 

La exclusión no reconocida es la cultural; es decir, estos “otros” son diferentes porque su sentir, concebir y ubicarse en la vida y el mundo, es distinto al sentir, concebir y ubicarse de las personas que se adscriben a la cultura antropocéntrica (“occidental”, hegemónica y dominante). Diferencia legítima, pues toda cultura responde a una construcción social, histórica y, por tanto, con derecho a ser y existir. 
 

Nuestra realidad es que somos un país plurilingüe y la lengua es la expresión más singular de una cultura; en consecuencia, constituimos un país pluricultural, reconocido constitucionalmente. Es así como la inclusión que se debe hacer en políticas públicas que cubran las necesidades de identidad y “desarrollo” de todos los peruanos, es en la de esas diferencias culturales (que involucran su lógica económica y de territorio).
 

Artículo publicado en la revista CABILDO ABIERTO. Nro 60. Agosto - Setiembre 2011. Puno. Asociación SER