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Una publicación de la asociación SER

Mil veces violadas

“Desflorada. Once años. ¿Quiere que le baje la pena o lo absuelva?” No puedo quitarme ese fétido monólogo de la cabeza. Esas palabras han sido una brutal patada para todas las mujeres que vivimos en este país de violadores.

Hace un par de años explotó la rabia contenida. Miles de mujeres que en Perú habían (habíamos) sido violentadas de alguna u otra manera salieron a gritar con toda la furia del mundo y con tanto dolor acumulado que, no podemos soportar una muerte o una violación más, salimos a gritar #NiUnaMenos. Porque nos estaban matando, quemando, violando, violentando. Y lo continúan haciendo y nadie hace nada o incluso hacen bromas al respecto. No exagero, las bromas continúan, incluso en los lugares más impensados.

Hoy la realidad está desnuda frente a nuestras caras. La relación de sentencias firmadas por Hinostroza Pariachi y todos los magistrados de su Sala. Sentencias que absolvían o reducían la pena de los violadores. Feminicidas de embarazadas liberados con chabacanos artilugios que alegaban que los golpes del asesino no la mataron. Nauseabundo. El video de Promsex con un elocuente Duberly Rodríguez argumentando que el trabajo por más de trece horas, con relaciones sexuales incluidas, de una niña de 14 años no es trata de personas ni explotación sexual. Recalcando que por ser mayor de 13 años no era una niña. Argumentos absurdos. Explicaciones punzantes. El inefable CNM dando la razón a estos jueces, absolviéndolos. Asqueroso. La prestadita de argumentos para blindar al violador de una niña de 13 años, vía “¿el tu serías tan amable de hacérmela llegar hermano”. De terror.

Hoy entendemos porque por más que gritamos, marchamos, exigimos con la voz desgarrada por dentro, lo único que conseguimos es hacer visible la violencia, pero igual que antes, nos continúan violentando y la impunidad campea. Sin embargo, ahora no tenemos dudas del por qué. Porque estos audios nos han retumbado, porque siempre lo intuimos, y ahora lo hemos comprobado al escucharlo de la boca de los mismos miserables personajes. Ahora ya sabemos cómo negocian la impunidad de un violador, como un feminicida es absuelto, como se prestan argumentos para perpetuar el abuso contra nosotras. Ahora está clarísimo, es el mismo Estado el apañador de los abusos, de los golpes, de las violaciones, de toda la mierda que recibimos día a día.

Cada nueva revelación da más asco que la anterior. Duberlí se aferró con uñas y dientes. Pero las fotos de sus almuerzos machirulos y la presión ciudadana lo obligaron a renunciar. Vizcarra puso al Congreso contra la pared. García Belaunde se quejó de que los obliguen a reunirse. El CNM removido por un Congreso que solo actúo presionado por Vizcarra y la ciudadanía. Chavarry juramentando como Fiscal de la Nación de manera ilegítima. Más audios. La señora K diciendo que no es la señora K. El fujimorismo amenazando. Chavarry mintiendo impunemente. Corriendo al primer atentado para anunciar un ataque terrorista. El ambiente fujimontesinesco asfixiándonos. Y el espiral de denuncias continúa. Y la pus sigue brotando porque por más cuentos que nos vendieron, que la modernidad, que la OCDE, que el Bicentenario, que la igualdad de oportunidades lo cierto es que la doctrina del perro del hortelano nos gangrenó por dentro, hasta no dejar un solo resquicio sano en el interior del país. Y a las que más apalearon en todo esto, a las que más violentó este modelo neoliberal del “vale todo” con tal de tener dinero, fue a nosotras, las mujeres.

Ahora entendemos porque si hay más de cinco mil mujeres inscritas en los registros del Estado como víctimas de violación sexual en el conflicto armado interno, tan solo hay una sentencia condenatoria por este crimen. Porque para las mujeres pobres la justicia está negada en este país corrupto. Ahora entendemos porque las miles de mujeres esterilizadas forzadamente por el fujimorismo hasta ahora no alcanzan justicia, ahora entendemos porque Marcelita Gutiérrez actúa con tanto despotismo y desacata la orden de su superior.  Porque no le importa la vida de estas mujeres sobrevivientes, porque todo se negocia, porque el favor, o como le llaman ahora el “actuar deferente” hacia un político fujimorista vale más que la justicia de miles de mujeres indígenas.

Chávarry debe renunciar, no solo por las mentiras al negar lo expuesto en sus audios, también por su cobarde accionar de intentar sembrar el miedo con el fantasma del terrorismo. Su mandato tiene tanta legitimidad como las canciones del “Doctor Rock”. Becerril y Mulder también tiene que irse, sus mentiras y sus ataques no son solo de ahora, incluso el accionar delincuencial de Becerril ya había sido denunciado innumerables veces. Si los dejamos quedarse, como tan desvergonzadamente lo hace el fujimorismo en el Congreso, como país habremos tirado la toalla y terminaremos triturados por los intestinos de la corrupción.

Toda la escoria se tiene que ir, pero antes deben ser juzgados y sentenciados por todo el daño hecho a las miles de mujeres en el Perú. Por eso también la reforma de todo el sistema de justicia tiene que ser con enfoque de género, tiene que ser con nosotras tomando decisiones de cambio, y pensando en como la justicia nos ha olvidado flagrantemente. No queremos que nos pongan de adorno o como cuota. Escuche señor Presidente, tiene que ser con nosotras en paridad y pensando en nosotras. Si no lo hacen de esta manera, solo maquillarán la putrefacción del sistema.