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Una publicación de la asociación SER

Matrimonio igualitario: A perder el miedo

En estos días, Colombia desarrolla un intenso debate sobre el matrimonio igualitario, es decir, sobre la posibilidad que las personas del mismo sexo puedan casarse y ejercer los derechos que el contrato del matrimonio otorga a las parejas heterosexuales. Este debate se enmarca en un proceso más general a nivel mundial para reconocer el matrimonio igualitario, el cual fue aprobado recientemente en Uruguay, Francia y Nueva Zelandia.

En el Perú, el tema no ocupa la agenda legislativa ni la del Estado en general, lo cual no solo es preocupante sino lamentable, considerando que –tal como sucede en otros países- las parejas del mismo sexo existen y desarrollan una vida familiar afrontando, por tanto, una situación de discriminación en el ejercicio de sus derechos. Por ello, me parece importante desarrollar cinco aspectos básicos que podrían incorporarse al debate nacional y permitir que en nuestro país se abra la discusión sobre este tema.

1. El matrimonio igualitario es una cuestión de derechos fundamentales y no de fe

La Constitución Política del Perú establece desde su artículo 1 que la  defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado, estableciendo cuáles son sus derechos fundamentales.  Entre estos derechos, se incluye la igualdad ante la ley, estableciéndose que “nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquiera otra índole” (artículo 2,2). Solo con estos dos artículos es evidente que negarle a las personas la posibilidad de contraer matrimonio por su orientación sexual es discriminatorio y, por ende, inconstitucional.

Se argumenta en contra que el Código Civil en su artículo 234 define el matrimonio como “la unión voluntariamente concertada por un varón y una mujer” . Sin embargo, no solo es claro que el Código debe sujetarse a la Constitución –y no al revés- sino que además las normas relativas a los derechos y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretan de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y con los tratados y acuerdos de derechos humanos ratificados por el Perú, los cuales promueven el principio de no discriminación.

Recordemos cómo el Código de 1936 establecía, por ejemplo, que la mujer solo asumía la dirección y representación de la sociedad conyugal si el marido estaba impedido de ejercerla. Con el Código de 1984,  esto se modifica y ahora se establece que la representación de la sociedad conyugal es ejercida conjuntamente por los cónyuges. Esta modificación, precisamente, responde a la necesidad de contar con una normativa armonizada con la Constitución, los estándares internacionales y el principio de no discriminación, situación similar para el caso del matrimonio igualitario.

Por otro lado, argumentar -como se suele hacer- que el matrimonio igualitario no debe aprobarse porque  la Iglesia Católica se opone al mismo, es situar el debate en otro ámbito que –puede ser un ejercicio intelectual interesante- pero que no nos debe apartar del hecho concreto: que estamos ante la regulación del ejercicio de los derechos humanos en igualdad y no ante un sacramento religioso o un acto de fe. No olvidemos, además, que si bien el Estado Peruano reconoce a la Iglesia Católica como elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú y le presta su colaboración, la Constitución es clara al señalar en su artículo 50 que este reconocimiento y esta colaboración deben enmarcarse en “un régimen de independencia y autonomía” y reconociendo, además, el respeto a otras confesiones.

2. Aprobar el matrimonio igualitario da un mensaje poderoso para evitar mas discriminaciones y violencia

Hace un tiempo, el entonces Congresista Carlos Bruce afirmó en una entrevista que el candidato presidencial Luis  Castañeda estaba nervioso ante el avance de Alejandro Toledo en las encuestas. Al ser preguntado por estas declaraciones, Castañeda hizo una burla homofóbica en respuesta, diciendo: “Esa es una loca… una loca afirmación…” (1)

Disfrazar de “bromas” la homofobia es algo tan común como lamentable y este hecho se sustenta en una creencia básica y discriminatoria: los gays y lesbianas no son “normales” sino seres diferentes e inferiores, que merecen burla y condena.

Pero la homofobia no se limita a burlas sino que estas creencias discriminatorias dan lugar a hechos de violencia y crímenes de odio, como el sucedido en Chile en el 2012, cuando Daniel Zamudio -un joven gay de 24 años- fue torturado por cuatro sujetos, quienes literalmente lo destrozaron por su orientación sexual. (2)
 
Por ello, aprobar el matrimonio igualitario mandaría un mensaje importante a la sociedad: ni las burlas, ni los estereotipos ni la violencia pueden permitirse ya que es responsabilidad del Estado promover un ambiente de tolerancia hacia las diferencias y la diversidad, teniendo como fin último el respeto de los derechos humanos.

3. ¿Por qué matrimonio y no un contrato civil de unión libre?

Yo cambiaría la pregunta y plantearía: ¿Y por qué no? Reconocer los derechos de las parejas del mismo sexo con contratos diferentes a los que pueden celebrar las parejas heterosexuales es evidentemente discriminatorio. Es enviar un mensaje perverso: “Ustedes no son iguales, pero les ayudaremos y les vamos a dar algunos derechos para que estén mejor”. O, como dice el reconocido constitucionalista colombiano Rodrigo Uprimny, es como decirles “Uds. son iguales pero no sean igualados”. (3)
 
Pero además, un contrato diferente de unión libre o civil, en una sociedad mayoritariamente homofóbica, es un detonante de más discriminaciones. Qué garantiza que un funcionario o funcionaria de abierta homofobia, no se niegue a reconocer los derechos de propiedad o herencia que se derivarían de un contrato de este tipo? Por qué dejar abierta la puerta a más procesos de reclamo –que serán un desgaste personal , administrativo y hasta judicial- cuando se puede reconocer el matrimonio igualitario y, por ende, aplicar las mismas reglas de interpretación y de reconocimiento de los derechos derivados que ya están establecidos en la normativa y en la jurisprudencia?

Si reconozco que todos y todas somos iguales y nuestros derechos deben ejercerse sin discriminación, no puedo establecer distinciones de este tipo.

4. Si se aprueba el matrimonio igualitario, luego se querrá aprobar la adopción por parejas del mismo sexo

En otras palabras, si reconozco un derecho, abro la puerta para reconocer otros más. ¿Y qué es lo negativo de esto? La respuesta recurrente es que los niños y niñas criados por homosexuales, “pueden volverse gays”. Esto es cuestionable por varias razones pero mencionaré dos. En primer lugar -tal como señala la Corte Interamericana en el caso Karen Atala contra Chile del 2012- existen estudios que argumentan que el desarrollo psicológico y el bienestar emocional de los niños o niñas criados por padres gays o madres lesbianas son comparables a los de las niñas o los niños criados por padres heterosexuales y que la  orientación sexual de la madre o el padre no afecta el desarrollo de los niños en materia de género respecto a su sentido de sí mismos como hombres o mujeres, su comportamiento de rol de género y/o su orientación sexual. (4)

En segundo lugar, dado que aún no existe el matrimonio igualitario, puede afirmarse que las personas homosexuales han sido criadas por padres heterosexuales. Con lo cual, no es cierto que la orientación sexual de los padres predetermine la de los hijos.

Pero esto nos lleva a un tema adicional. Si no soy homofóbico u homofóbica y considero que no tiene nada de malo que una persona sea gay o lesbiana, por qué me preocupa que los niños y niñas de parejas del mismo sexo puedan tener una orientación de este tipo? ¿O es que mi tolerancia y mi sentido de la equidad no es tal sino que es una homofobia disimulada?

5. Tenemos miedo.

Miedo a que se altere nuestra idea de “normalidad”. Miedo a convivir –en la calle, en las reuniones de padres de familia, en las clínicas,  en todos lados- con parejas del mismo sexo las que ,con el matrimonio igualitario, no solo podrán expresar su cariño libremente, sino a las que se les reconocerá derechos en igualdad.

Miedo a que los niños y niñas hagan preguntas complicadas o que vean como “normales” modelos  de vida que no se consideran como tal. Miedo incluso a admitir nuestra propia homofobia, por lo cual utilizamos argumentos aparentemente neutrales y correctos (“la sociedad no está preparada”, “los niños no lo van a entender”, “los hijos de parejas homosexuales van a ser discriminados en la escuela”, etc.) para no decir claramente que hay algo que nos molesta y que no entendemos cuando vemos personas del mismo sexo expresándose cariño.

Y el miedo hasta se puede entender. Pero el problema empieza cuando ese miedo implica desconocer derechos a las personas y justificar situaciones discriminatorias. Entonces, se pasa del susto a la cobardía, porque la cobardía y la indiferencia muchas veces se vuelven sinónimos. Y es eso, realmente, lo que no se puede permitir.


Notas
(1) http://www.youtube.com/watch?v=s6K0JXvufjY
(2) http://elmolinoonline.com/2012/03/28/crimen-de-odio-en-chile-neonazis-torturan-y-asesinan-a-joven-gay-muere-24-dias-en-coma/los-únicos-en-español/
(3) http://m.eltiempo.com/justicia/fallo...matrimonio-gay/10062492
(4) párrafo 128 , http://www.corteidh.or.cr/docs/casos/articulos/seriec_239_esp.pdf