Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

Los retos de ser niña en el Perú

Mientras el día de amigo o el día del ceviche son objeto de titulares, otras fechas son menos populares o, cuando conocidas, cuestionadas. Tal es el caso del Día Internacional de la Niña que se celebró el 11 de octubre. Muchos comentarios en redes sociales consideran a la fecha discriminatoria con los niños, bajo la errada premisa de que enfocarse en los retos particulares de un grupo social necesariamente conduce a un acto de exclusión. Por ello vale la pena recordar cuáles son las dificultades que enfrentan las niñas en el Perú, aquellas que se cruzan  en su camino hacia la felicidad.

La educación es una de las principales herramientas para desarrollar capacidades y ampliar nuestras opciones de desarrollo. A pesar de los logros generales, el analfabetismo tiene rostro de mujer: 8 de cada 10 personas analfabetas en el Perú son mujeres. Y cuando las niñas tienen la oportunidad de ir a la escuela, las posibilidades de terminar sus estudios a tiempo varían. Mientras el 76% de adolescentes en zonas urbanas termina la escuela a la edad esperada, la cifra baja al 46% en zonas rurales.

Uno de los motivos detrás de estas cifras es el embarazo a temprana edad. Diversos estudios sobre trayectorias de vida de madres adolescentes demuestran que sólo en los casos en los que la joven recibe el apoyo emocional y económico de su familia, puede concluir sus estudios y continuar con el desarrollo de sus aspiraciones. Lamentablemente las cifras del embarazo adolescente en Perú se concentran en los sectores que no pueden proveer estos recursos. Cuatro de cada diez menores de 18 años ya tienen pareja en zonas rurales producto de un embarazo, y sus probabilidades de tener un segundo hijo aún en la adolescencia se incrementan. Tanto la ausencia de recursos en hogares que viven en pobreza como las expectativas socialmente construidas respecto al embarazo inciden en que las niñas no puedan volver a la escuela.

Y si bien la escuela tendría que ser el espacio ideal para recibir educación sexual, la información que esta presta  es aún insuficiente. Apenas el 34.4% de adolescentes usó algún método anticonceptivo en su primera relación sexual. Las cosas empeoran después: el 62% de adolescentes sexualmente activas no unidas, no usan algún método anticonceptivo moderno. Y la abstinencia no funciona como método anticonceptivo, dado que el inicio de la actividad sexual es cada vez más temprano. Poco ayudan, también, los discursos que castigan a las niñas y adolescentes por su embarazo. “Debiste cerrar las piernas”, “nadie te obligó”, son frases tristemente célebres en el erario machista peruano que no reconoce que una relación sexual es una actividad con responsabilidades y consecuencias compartidas. No es casual que 7 de cada 10 víctimas de violencia sexual en el país sean niñas y adolescentes menores de 18 años. En entornos con pocos recursos para afrontar la adversidad, con limitado o ningún acceso a la información sobre salud reproductiva, y con la amenaza constante de la violencia sexual, las niñas, nuestras niñas, tienen las horas contadas para alcanzar sus sueños.

Por ello necesitamos políticas de género diferenciadas desde la niñez que atiendan específicamente estos problemas y que, a la vez, renueven la confianza de las niñas en sus habilidades, las ayuden a identificar sus pasiones y les den las herramientas para ser verdaderamente libres. Hoy ellas se pronuncian y exigen cambios específicos y efectivos ante estos retos. Demandan la existencia de servicios de salud diferenciados para ellas, la implementación de más módulos de atención de maltrato infantil en hospitales, el establecimiento de una cuota de género en los puestos de representación estudiantil. Mientras tanto, hoy ellas hacen el ejercicio de tomar simbólicamente el poder para que muchas niñas más puedan ver que ser capitana, directora, ministra o presidenta son posibilidades reales, y también para recordarnos que la calidad de nuestro futuro dependerá de los compromisos que asumamos en el presente. De nosotros depende recordarles que son valientes, hábiles, capaces e inteligentes.

¡Feliz día, niñas del Perú!