Skip to main content
Una publicación de la asociación SER
Socióloga, analista política y de género.

Los muertos invisibles y el Estado inconcluso

En la última Cumbre de las Américas, la gran ausente fue la presidenta Michelle Bachelet. La razón: Tenía que atender las acciones de su gobierno para encarar las fuertes inundaciones que habían ocurrido en las zonas centro y sur de Chile. Hasta el 1 de abril, eran 23 los fallecidos y 57 los desaparecidos. En estos momentos, el gobierno de Chile, con su presidenta al frente, está orientado a continuar el rescate de víctimas y la reconstrucción de las poblaciones afectadas.

En el Perú, un desastre similar nos genera una extraña sensación de desconcierto y conformidad. Tanto, que ni siquiera sabemos cuántos muertos ni damnificados hay a nivel nacional. Y no parece ser una pregunta relevante cuántos son los muertos del Perú, en todo el país. ¿Cuántos suman los de Chosica, Cutervo, Tacna, Iquitos y otras regiones? La información llega fraccionada, por episodios noticiosos. No se dan cifras nacionales consolidadas ni reportes periódicos a la opinión pública. Y, por supuesto, menos sabemos qué planes concretos hay para la reconstrucción o reubicación de esas comunidades, ni qué planes conjuntos ha adoptado el Estado, a todos sus niveles, para evitar otros sucesos similares.

A lo más, los medios nos han presentado imágenes de la terrible situación en Chosica, pero hasta ahí. Para buena parte de limeños (incluyendo a la prensa), el límite del Perú parece ser Chosica. “Lima es un país…”, decía Castañeda, en un penoso lapsus, en Madrid. Un lapsus que ha rebotado mucho en las redes sociales y medios, y lo ha hecho precisamente porque tiene cierto asidero en el sentido común de los limeños.

Hace unos días, hemos escuchado al alcalde de la provincia de Cutervo informar que al menos once personas habían fallecido en su zona, producto de las inundaciones de este año. Pues  da que hablar que el alcalde de Cutervo tenga que venir a la capital para comunicar a la opinión pública de Lima lo que ha ocurrido en su provincia. Imagino que si las autoridades de Tacna vinieran a contarnos los efectos de los huaycos, la escena sería similar (las imágenes en Mirave eran impresionantes). Pero, nuevamente: Tenemos las imágenes fraccionadas de un desastre nacional. Ante este desastre no nos “visualizamos” como nación.

Esta “desarticulación” nacional ante la catástrofe da cuenta, una vez más, de cómo funcionan aún nuestras instituciones públicas, y sobre nuestros imaginarios como sociedad.

Solemos decir que estamos acostumbrados a esos desastres, que por eso ni los contamos, ni reacciones demasiado. Pero, en realidad, esos desastres no son del todo hechos naturales. Los “naturalizamos” sin que lo sean, pues buena parte del desastre tiene que ver con omisiones de los gobiernos a todos los niveles. 

Tales omisiones apenas atinan a ofrecer alivios de corto plazo, por ejemplo, en las poblaciones asentadas en los cauces de huaycos, en Chosica. Sabemos que no deberían estar ahí y que lo recomendable sería desalojarlos y darles un espacio alternativo, además de prohibir estrictamente nuevos asentamientos. Pero no parece haber un firme liderazgo para “comprarse ese pleito”. Aunque son muchas las autoridades y muchos los políticos que se acercan para entregar ayudas, con sus respectivas fotos, las propuestas concretas parecen ser el punto a eludir, una “papa caliente”. Apenas alcancé a leer, el último domingo, doce, que el ministro de Vivienda, Milton von Hesse “barajó la posibilidad [sic] de que en unos terrenos ubicados en La Cantuta, Chosica, serían reubicadas las cerca de 200 familias (…) damnificadas”[1]. Frente a esta propuesta, el alcalde de Chosica recordó que también habría que hacer lo propio con quienes se encuentren en zonas vulnerables, por lo que sería mejor proyectar un conjunto habitacional. En fin, envíos de mensajes vía la prensa, con propuestas que, aunque evidentes, parecen ser aún sólo bocetos, que no contemplan acciones concretas. Es más, al parecer, la población en Moyopampa volverá a esas mismas viviendas: Ese mismo ministro anunció que ya sólo falta limpiar el desagüe para habilitar nuevamente dichas casas.

Una señal muy distinta y positiva es la decisión anunciada por el Ministerio de Educación: Cerrar, de manera definitiva, tres colegios que se encuentran en “zanja de huaicos” (es de esperar que, de inmediato, trasladen a los estudiantes a los colegios más cercanos). Pero este mensaje del sector Educación aún no es acorde con una suerte de plan conjunto y coherente del Estado.

En suma, estos desastres han dado lugar a unas “fotos país” fragmentarias, donde el Estado aparece con viejas carencias e inoperancias. Es urgente que las autoridades, a todos los niveles, se pongan de acuerdo para dar mensajes claros y emprender acciones consecuentes con ellos, asumiendo de manera conjunta los “pasivos” de dichas decisiones.

 


[1] La República, 12/04/15, p.23.