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Una publicación de la asociación SER

Los hombres que no amaban a las mujeres

Después de 90 años el Estado aprobó el protocolo de aborto terapéutico. Este protocolo es una necesidad para salvar la vida de muchas mujeres en situaciones extremas. Puede salvar la vida de una mujer que en situación de grave riesgo para su vida o su salud decide optar por este procedimiento. Si la mujer no quiere someterse a este procedimiento, nadie la puede obligar. Este protocolo trata de eso: de poder elegir vivir. Porque la vida de las mujeres vale y vale mucho.

No abre la puerta a otros tipos de aborto. Lamentablemente aún en nuestro país estamos lejos de despenalizar el aborto por violación o el aborto eugenésico.

Sin embargo, frente a este documento, que lo único que hace es estandarizar un procedimiento para todos los hospitales del país, procedimiento que es legal desde 1924, han salido representantes de la Iglesia católica y políticos a mentir descaradamente sobre esta medida. Lo interesante es que en sus mentiras se revela el desprecio que tienen por las mujeres.

El primero fue Alberto Fujimori, preso por corrupción y crímenes de lesa humanidad. Tuvo la gran idea de decir que lo que corresponde es un “efectivo programa de prevención de embarazos y de salud reproductiva”. Parece que nadie le ha explicado que los embarazos ectópicos, los embarazos molares o el cáncer no se evitan con programas de prevención de salud reproductiva. Quiere obviar, de paso, que fue precisamente su política de esterilizaciones masivas y forzadas la que generó que trescientas mil mujeres fueran esterilizadas en pésimas condiciones de salubridad en un periodo de 5 años.

Luego salió el cardenal Juan Luis Cipriani a decir que “siempre existe la manera médica de salvar a la madre y al hijo”. Cipriani no hace más que reiterar su argumento de que la vida de las mujeres no vale. Lo hizo cuando habló del asesinato de la niña Zoraida Caso Asparren, lo vuelve hacer ahora cuando ningunea a las ministras de la Mujer y de Salud y exige hablar con el presidente del Consejo de Ministros. Y lo repiten los obispos católicos al sacar comunicados contra esta norma.

No han sido los únicos. El congresista Yhony Lescano aseguró que este documento permite que se realicen cualquier tipo de abortos, lo cual es falso. Su colega Segundo Tapia señaló que las mujeres podrán realizarse este procedimiento apenas tengan cualquier complicación, lo cual también es falso. El protocolo aprobado dice claramente cuáles son los once casos en los que se puede aplicar este procedimiento.

Lo triste de este asunto es que también hay mujeres que han salido a criticar la norma, que sin rubor alguno han dicho que están del lado de su Iglesia (la católica), como es el caso de Lourdes Flores. Es triste porque es la lideresa de un partido político y es una mujer que busca gobernar el país. Ha dejado en claro que, de llegar al poder, las políticas públicas que implementaría no estarían dirigidas a proteger los derechos de mujeres y hombres, sino a proteger los dogmas de la Iglesia católica.

Dentro de todas estas mentiras, lo positivo es que ha quedado al descubierto todo este desprecio hacia nosotras. Son claros ejemplos de que el machismo y la misoginia existen y que no son un invento alucinado de feministas. Con estos argumentos se transparenta el miedo que nos tienen desde ciertos sectores. Miedo a que las mujeres podamos elegir vivir. Miedo a que ejerzamos libremente nuestros derechos sexuales y reproductivos. Y por encima de todo, miedo a que empecemos a demandar más.