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Una publicación de la asociación SER
Abogada, secretaria ejecutiva adjunta de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos

Los guardianes de la Southern

Hace unos días, fueron Cecilia Blume y Miguel Santillana. Salieron a insultar a demasiadas personas. Santillana, en un programa de televisión, se mandó a su gusto con su discurso obtuso, en el que asegura que toda persona que cuestiona el modo en que están actuando las empresas mineras está vinculada con el terrorismo. Blume, que no se queda atrás, lo hizo a través de un artículo infame, en el que relacionaba con la subversión a todo el pueblo de Cocachacra, por el mero hecho de que la localidad que habitan está ubicada cerca de donde nació Abimael. Por si ello fuera poco, usaron una canción que supuestamente se cantó en la protesta, grabada en un pseudo video (que solo era una foto con una canción de fondo), a todas luces armado para desprestigiar. ¿Se puede difamar aún más de lo que ya lo han hecho estas dos personas en los últimos días?

Luego, todas y todos pudimos ver las imágenes de la Policía amedrentando, persiguiendo, golpeando y, por último, sembrando a ciudadanos que solo defienden su derecho a vivir una vida sin contaminación; que tienen recelo de las actividades de la Southern, pues esta misma empresa, que jura y perjura que no contaminará (y amenaza al gobierno con irse), solo en los tres últimos años se ha ganado diversas multas y sanciones por contaminación ambiental: Exceso de límites máximos permisibles, incumplimiento de recomendaciones de la OEFA, incumplimiento en la aplicación de instrumentos de gestión ambiental, falta de control de las emisiones hídricas y eólicas;  e incluso por la muerte de un trabajador. Además, los mayores accionistas de la empresa, el Grupo México, ha sido identificado como el responsable de uno de los principales desastres ecológicos de la historia de México: El derrame en el rio Sonora.

Aun así, los guardianes de los intereses económicos de esta empresa piensan que la gente protesta por nada. ¿No se dan cuenta de que sus miedos y recelos tienen fundamento? ¿No perciben que si bien ha cambiado mil veces de dueños, la Southern tiene en el Perú más de 40 años de historia de afectación al medio ambiente?

Entiendo el temor y lo comparto. No me han contado de los desastres ambientales de la Southern, los he visto. Mi recuerdo de niña en Locumba me lleva al campamento militar en el que vivía, cerquita al camino que llevaba a Toquepala, la mina de la Southern, como si las instalaciones del Ejército hubieran estado allí para resguardar la mina. A cinco minutos en carro de donde vivía, pasaba un río inmenso del relave de Toquepala, que iba directo al mar. Todos lo mirábamos, nadie decía nada, como si hubiera sido normal que estuviera allí y que contaminara. Han pasado casi 30 años y  el gobierno de turno siempre manda a resguardar el lugar, ya sea utilizando a la Policía o al Ejército. Nada ha cambiado mucho en el país, al menos por parte de quienes tienen el poder y de quienes estos usan de guardianes. Blumes y Santillanas siempre han existido y siguen usando a sus vigilantes para que les cuiden la chacra.

Ellas y ellos creen que todo sigue igual. La "pequeña" diferencia la marcan ahora quienes no tienen el poder, pues ya no dejan, tan tranquilitos como antes, que les pongan una mina contaminante o un relave al costado. Ahora ya no.

Qué triste el papel de un gobierno que fue elegido por los votantes de esa parte del país, precisamente por la promesa que hizo de emprender una transformación; un gobierno que en algún momento se identificó a sí mismo como parte de los guardianes socráticos de la patria, pero que ha terminado desempeñando un papel secundario de guardián de turno.