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Una publicación de la asociación SER

Lo que el Frente se llevó (y nos dejó)

Sobre suicidios, fantasmas y la construcción política en la izquierda peruana

Las últimas semanas han circulado una serie artículos[1] que ponen nuevamente el foco en la crisis de lo que fue- y es todavía- el Frente Amplio (FA) y con ello, en las dificultades de la izquierda peruana para construir articulaciones que medianamente perduren en el tiempo. En medio de distintas tensiones internas, resulta relevante analizar la experiencia del Frente Amplio ubicando principalmente aprendizajes, que aporten en un horizonte estratégico. Este texto ensaya planteamientos al respecto ubicando algunas de las razones en la crisis del FA y delineando a la vez pistas para avanzar en la (re) construcción de una alternativa política popular y de izquierda, que aleje opciones suicidas y destierre fantasmas alimentados por el mero cálculo electoral, la fijación unitaria y el egocentrismo partidista.

Elecciones 2016: posibilidad y desfase en el Frente Amplio

El Frente Amplio ha tenido distintos momentos en sus casi seis años de existencia. En general, han sido las decisiones políticas de sus miembros ante determinadas coyunturas las que han signado su configuración: el 2014 Fuerza Social se distanció por discrepancias sobre las elecciones municipales, el 2015 Patria Roja, Ciudadanos por el Cambio y otros se retiraron a buscar otros aliados políticos. De cara a las elecciones presidenciales del 2016 quedaba un FA aparentemente disminuido, pero cuyos miembros tuvieron el acierto de salir de su ensimismamiento y consultar decisiones importantes a la gente. Las elecciones ciudadanas para definir candidatos a la presidencia y al parlamento, generaron un hecho político importante demostrando que eran miles las personas dispuestas a movilizarse, votar y aportar a una agrupación de izquierdas. Durante la campaña electoral, la confluencia de factores tales como una estrategia de renovación crítica al sistema, el activismo de militantes y simpatizantes, el buen desempeño de Verónika Mendoza, entre otros, consolidaron al FA como una opción capaz de competir con el monocorde abanico de opciones de derecha.

Los resultados electorales del Frente Amplio fueron buenos y no puede entenderse la actual crisis sin tomarlos en cuenta. La valla electoral se pasó con creces, faltaron pocos puntos para pasar a segunda vuelta, se consolidó un grupo dirigente principalmente de jóvenes mujeres, se consiguieron más de tres millones de votos sin hipotecarse a financistas, apelando a lo mejor de la tradición de izquierda: la solidaridad, la reciprocidad y el trabajo colectivo. Se abría una posibilidad para consolidar un agrupamiento político de mediano plazo, que potenciara lo acumulado en caudal de votos, militancia y alternativa programática al neoliberalismo. La pregunta de fondo era qué hacer con esa posibilidad, y su respuesta planteaba dos escenarios divergentes: o se reafirmaba el proceso de confluencia asumiendo que las partes no hacían el todo y que era la conjunción de actores y procesos los que potenciarían la oportunidad, o se reafirmaban las tendencias centrífugas volviéndose a la dinámica anterior de coordinaciones puntuales y reafirmación grupal o partidista.

Finalmente fue el segundo escenario el que se impuso. La propuesta de que Tierra y Libertad abriera su padrón y canalizara el crecimiento impulsando un nuevo tipo de articulación, no fue aceptada. El sector liderado por el congresista Arana se sintió más cómodo con su proyecto partidario ambientalista, con once parlamentarios afines y el control de la inscripción; tenían todo el derecho y legitimidad para hacerlo, pero con ello renunciaban a la hegemonía, entendida como superioridad moral, política y estratégica. Ante tal situación, los grupos en desacuerdo con TyL liderados por la misma Verónika Mendoza, tuvieron que retirarse a construir una institucionalidad propia, aunque en el esfuerzo trasladaron buena parte de estructuras y tensiones organicistas a lo que hoy es el Nuevo Perú… pero esa es otra historia. Lo real es que, puesto en perspectiva, hubo un desfase entre las posibilidades abiertas por la coyuntura electoral y las evaluaciones de los grupos, entre lo que ofrecía el momento político para la acumulación de las izquierdas y la capacidad de los actores para liderarlo de forma cohesionada y democrática. Afirmar que fueron las diferencias programáticas las que definieron el distanciamiento es una explicación a posteriori forzada para solapar miradas pragmáticas y corto placistas.  Hoy todo suma a una etapa de crisis, que revela limitaciones y debilidades, pero también podría abrir nuevas posibilidades.

Crisis y necesidad en la izquierda peruana; un camino abierto

Son varias las crisis que condensa lo que fue el Frente Amplio tal como lo conocimos en campaña electoral, y con él los grupos que lo integraron. Dirimir si los principales causantes fueron la vocación suicida (Dargent), la mezquindad sacerdotal (Bazán) o los determinantes estructurales (Valencia) como lo han anunciado sendos artículos resulta un ejercicio estéril. Más importante quizá sea entender qué aspectos de esta crisis son más necesarios de confrontar y superar en el actual momento político. Consideramos que esos aspectos tienen que ver con una crisis mayor que no se está afrontando con sentido histórico y que refiere a la necesidad de (re) construir un nuevo referente aglutinador de las izquierdas y sectores críticos, de base popular e inscrito en un horizonte transformador de larga duración.

Subyacente a esta situación, se encuentra la lectura por parte de los grupos y partidos existentes de que no hace falta construir un nuevo referente político, insistiendo en confluencias tácticas coyunturales. En dicha lectura rondan todavía demasiados fantasmas; el del vanguardismo donde cada partido se cree el llamado a liderar agrupamientos, el de Izquierda Unida y su lógica colegiada de coordinación electoral, el del cálculo partidista por encima de la movilización social. Hoy que en el campo de las izquierdas se cuentan sobre todo pequeños colectivos, partidos precarios y figuras envejecidas estos fantasmas adquieren corporalidad resultando serias limitaciones para nuevos proyectos. No es que no se necesite articulaciones electorales al estilo Frente, esa necesidad también es real y no tiene que contradecirse con la construcción estratégica. Seria pueril pensar que un solo grupo puede vencer a la derecha corrupta el 2018 en las regiones y el 2021 a nivel presidencial; se requieren de amplias confluencias que deberán ser evaluadas en su momento. Pero no dimensionar la magnitud de la crisis y pretender que los grupos y colectivos existentes con sus actuales discursos y estructuras, al firmar un nuevo acuerdo potenciaran la posibilidad de ser poder y gobierno, es seguir apostándole al fracaso.

Revertir esta crisis tan profunda es mucho más complejo que descartar los Frentes y abocarse a fundar EL nuevo partido en la misma fórmula y con las mismas taras de los ya existentes. Después de décadas de estrangulamiento de la izquierda por factores propios y ajenos - el conflicto armado, la sobre ideologización, la arremetida neoliberal fujimorista-  toca asumir que un nuevo referente necesita re-articularse en procesos de horizonte fundacional, que tengan la audacia de ensayar otras fórmulas de construcción orgánica, otros relacionamientos y otras narrativas capaces de cambiar sustantivamente la correlación de fuerzas favorable a la derecha. El Movimiento Nuevo Perú podría ser una columna central en estos esfuerzos de construcción y confluencia, pero para ello debe aún superar esta fase inicial en la que resuenan tensiones propias de una articulación frentista y ciertas ambiciones por cuotas de protagonismo.  La experiencia del Frente Amplio nos deja lecciones que asimilar en la tarea de reconstruir un referente político conectado a las luchas sociales, capaz de asumir procesos de mediano-largo plazo como la construcción de subjetividades políticas y el desarrollo de procesos formativos indispensables para ganar hegemonía. El FA no se ha llevado ni agotado las expectativas de cambio de buena parte de la población, especialmente en el sur andino y los sectores más empobrecidos, el reto está en organizar, movilizar y emocionar en un nuevo registro de construcción política; el desafío de la creación heroica continúa abierto.


[1]                      http://larepublica.pe/impresa/opinion/870396-el-suicidio-del-fahttp://larepublica.pe/impresa/opinion/876518-que-le-teme-senor-arana

                http://www.noticiasser.pe/10/05/2017/desnuda-razon/sobre-durkheim-y-el-suicidio-del-fa-0