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Una publicación de la asociación SER

Lo políticamente incorrecto

Hace unos días el programa periodístico Cuarto Poder presentó una denuncia en la cual ciertos congresistas oficialistas estarían repartiendo bienes incautados de la SUNAT a través del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, lo cual constituiría un acto evidente de proselitismo. Sin embargo, el propio Presidente de la República salió en defensa de los involucrados al señalar que no existe ley que impida que los parlamentarios participen en la entrega de esos productos, si es el burgomaestre del lugar quien solicita tal donación.

Asimismo, la Ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables Ana Jara dio la cara, inmediatamente después de emitido el reportaje en cuestión, y señaló que su sector entregaba los productos a los alcaldes, y no a los congresistas, entre otros argumentos. De esa manera, se lavaba las manos señalando que se establecerían los procesos respectivos de control y auditoría interna.

Lo cierto es que existen fotos (presentadas en el mencionado programa periodístico) en las cuales se puede apreciar a los padres de la patria entregar ropa, juguetes y demás bienes a poblaciones en extrema pobreza. ¿Proselitismo? Obviamente, pues se están utilizando recursos que bien pudieron haber sido subastados (o puestos en remate) para conseguir más fondos para el arca estatal y destinarlos a una causa más productiva (que el proselitismo, advierto). Tal vez para reforzar programas sostenibles dedicados a combatir la pobreza y el hambre, en vez de entregar productos que durarán una vez o dos y servirán solamente para que los congresistas se aseguren un bolsón electoral con miras a la reelección. En tal sentido, hubiera sido más inteligente poder juntar un poco más de dinero y elaborar programas sofisticados pero sostenibles para aliviar la pobreza o condiciones de necesidad. “Dale un pez y será feliz por un día; enséñale a pescar y será feliz para toda la vida”.

¿Alguna ley contempla esto? No. Porque el problema no es legal, sino moral. Más allá de discutir qué es bueno y qué es malo en política, resulta más pertinente establecer qué es correcto. ¿Por qué no dejar a los propios ministerios o las alcaldías y gobiernos locales hacer entrega de bienes y productos que satisfagan momentáneamente las necesidades de poblaciones vulnerables? ¿Por qué un congresista en vez de dedicarse enteramente a su labor legislativa y de control y fiscalización, tiene que disfrazarse de vez en cuando en Papa Noel para asegurar su asiento en la próxima legislatura?

Usar a los pobres para asegurarse bolsones electorales es verlos simplemente como votos con piernas y brazos. ¿Es eso correcto? ¿Es la clase de personas que realmente queremos en nuestro parlamento? Creo que la respuesta para ambas preguntas es negativa. La Comisión de Ética del Congreso de la República debe establecer las sanciones correspondientes de demostrarse estos condenables actos de proselitismo.