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Una publicación de la asociación SER
Antropólogo con maestría en ciencia política.

Lima: Una ciudad sin conductor

Durante la campaña electoral los reflectores de la opinión pública estuvieron dirigidos a discursos y actividades de candidatos y candidatas –y a las controvertidas decisiones del JNE– y dejaron en un segundo plano temas como la gestión del alcalde de Lima Luis Castañeda Lossio, quien ya tiene más de un año en el cargo. Pero, aunque no hayan sido motivo de titulares o de reportes especiales en los medios de comunicación, los problemas de la ciudad siguen allí.

A dieciséis meses de iniciado su período, se confirma algo que se observó desde la propia campaña electoral municipal: Castañeda ganó basándose en las simpatías populares de las que siempre gozó, pero sin propuestas para encarar temas álgidos de nuestra convivencia urbana (transporte público, seguridad ciudadana). La base social de Luis Castañeda le ha permitido ganar varias elecciones municipales y mantener un alto nivel de aprobación en las encuestas.

Lo anterior, sin embargo, no es suficiente para liderar la gestión que necesita una ciudad tan compleja como nuestra capital. Hasta la fecha no se le ha visto plantear nada serio. Sus apariciones mediáticas, todas ellas calculadas, se limitan a la inauguración de pequeñas obras, la reinauguración (por remodelación) de obras de su anterior gestión y el lanzamiento de ese adefesio que es el by-pass de las avenidas Arequipa y 28 de Julio.

En el tiempo transcurrido no se le ha escuchado una sola palabra sobre los grandes temas urbanos. Tampoco ha sido capaz de proponer a limeños y limeñas apuestas significativas para el futuro de la ciudad. El alcalde Luis Castañeda se ahoga en su propia mediocridad. El problema es que con ello obliga a toda una ciudad de diez millones de habitantes a mantenerse en la inercia del estado actual de cosas, sin voluntad para movilizarnos en torno a los cambios que necesitamos como urbe.

En un artículo publicado hace un año comentaba que Luis Castañeda había tenido un pésimo inicio, a juzgar por las decisiones adoptadas en sus primeros meses de mandato. Por entonces no albergaba muchas esperanzas sobre la forma en que se iba a conducir en su gestión:

“¿Algo podrá cambiar en el futuro? Nada parece indicarlo. Los actos políticos del alcalde y de sus más cercanos colaboradores revelan que están tratando de adecuar la gestión municipal al modelo que les brindó grandes réditos políticos entre 2003 y 2010. Es decir, enfrentamos un movimiento de retroceso hacia un modelo de gestión individualista, autoritario, opaco y ajeno a los intereses de la ciudadanía. En pocas palabras, Luis Castañeda, en estos escasos tres primeros meses de gestión, nos ha recordado por qué encarna los peores rasgos de la cultura política peruana”.

Un año después reafirmo estas palabras. Habrá quienes afirman que estas críticas son vanas teniendo en cuenta el alto nivel de aprobación popular del alcalde Luis Castañeda. No estoy de acuerdo. El favor ciudadano no hace a un buen funcionario, son sus decisiones las que permiten evaluar su actuación. Y las adoptadas (o, mejor dicho, las no adoptadas) por el actual burgomaestre hablan de una autoridad sin las capacidades necesarias para la gestión urbana. Lástima para quienes vivimos en Lima pues tendremos que soportar varios años más a una Municipalidad sin verdadero conductor.