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Una publicación de la asociación SER

Lima: Ciudad motorizada

Desde una perspectiva política, los procesos electorales son una oportunidad importante para visibilizar y poner en la agenda una serie de temas que afectan a la ciudadanía. Desde un punto de vista sociológico, son también valiosos porque los silencios y omisiones de candidatos, periodistas y expertos nos permiten dar cuenta de las concepciones imperantes y/o marginales sobre bienestar y comunidad. Estas elecciones municipales y los debates sobre el transporte urbano en Lima han sido paradigmáticos en ese sentido. Por un lado, han evidenciado nuestra frágil capacidad como sociedad civil para introducir en la agenda de debate electoral temas que son relevantes para la comunidad en general, y por el otro, nos han demostrado que el desarrollo de un sistema de transporte no motorizado, como pilar fundamental (y no como un anexo) de un sistema de transporte urbano sostenible no cabe aún dentro de nuestras concepciones de ciudad saludable.

Todos los debates (y ataques) entre los candidatos con mayores posibilidades de ganar el sillón municipal de Lima Metropolitana han estado centrados en las características, plazos, montos de inversión y estrategias de financiamiento del transporte motorizado. Que si el Metropolitano demoró más de lo debido o que si los buses azules fueron implementados de manera adecuada o no, absolutamente todos los debates se mantuvieron dentro de los cánones o la caja de pensamiento del transporte motorizado, como LA alternativa de movilización dentro de la ciudad. Más allá de las menciones casi a pie de página en algunos planes de gobierno, ningún candidato ha tenido una estrategia de campaña diferenciada respecto del transporte no motorizado, muy a pesar de las enormes posibilidades que dicho sistema le ofrece a una ciudad como Lima para resolvergraves problemas, como el congestionamiento vehicular ola contaminación.

El estado del transporte no motorizado en la capital peruana es deplorable. Esta no es obviamente responsabilidad exclusiva de la última gestión, ni siquiera de las dos últimas, aunque ambas hayan puesto el transporte no motorizado como un tema de segunda prioridad. Las condiciones del transporte urbano tienen que ver con los propios esquemas de bienestar que los peruanos tenemos en la cabeza. Un estilo de desarrollo urbano de por lo menos un siglo, que ha querido emular el “american way of life”, colocando al automóvil como prioridad y símbolo de independencia, desarrollo y progreso, le han hecho mucho daño a esta ciudad.

Quienes usamos la bicicleta como medio de transporte en Lima sabemos que ni siquiera San Isidro, el distrito más pudiente del país, tiene un buen sistema de ciclovías. Este solo hecho ejemplifica de la manera más patética posible cuán rezagados vamos en el trabajo de construir una ciudad sostenible y vivible. San Isidro nos demuestra que la ausencia de ciclovías no se debe a un tema de falta de recursos, sino más bien a una visión de desarrollo urbano en la que el auto o las 4x4 son puestas por encima de quienes nos movemos a pie, en skate o bicicleta.  

Quizás la primera responsabilidad por esta inercia para movernos hacia esquemas de transporte urbano más sostenibles no la tengan tanto las autoridades (no abundan entre las nuestras eso que algunos llaman estadistas), como nosotros mismos. Tal vez la primera responsabilidad radica en aquellos actores de la sociedad civil que ya hace un buen tiempo han detectado el problema y que, sin embargo, aún no logran un grado de articulación más eficazpara generar mayores niveles de incidencia y presión sobre las autoridades electas, los partidos políticos y la ciudadanía en general, y para que se tome en serio la necesidad de desarrollar un mejor sistema de transporte no motorizado. Lamentablemente, en esta campaña electoral tampoco hemos tenido la capacidad de posicionar el tema, de “hacerlo viral”, como dicen ahora, y de sacarle a los candidatos compromisos concretos de lo que piensan hacer para mejorar las condiciones del transporte no motorizado en Lima. 

No debemos esperar al o la mesías que le dé al transporte no motorizado el lugar que se merece. Ese cambio, debemos empezar a dárselo nosotros, yendo más allá de las posibles diferencias de enfoque que haya, por ejemplo, entre colectivos de ciclistas urbanos. El Perú merece ciudades en la que los niños tengan la opción de ir al colegio en bicicleta, skate o patines. Nuestras autoridades, candidatos e influyentes periodistas aún no la han visto. Trabajemos de manera más articulada para que la vean, por ese futuro de transporte no motorizado que todos nos merecemos, pero que aún hoy es invisible.