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Una publicación de la asociación SER

Legalizarla, ¿o no?

Hace poco, se han llevado a cabo diversas manifestaciones en varios países en relación al tema de la legalización de la marihuana (la Marcha Mundial de la Marihuana). En muchos países la cobertura mediática ha sido amplia, en otros, media, y luego está el Perú. La región se encuentra, en la actualidad, en un importante debate acerca del tema de control de drogas. Sin embargo, ¿legalizar drogas resulta viable como una medida para combatir el narcotráfico? Tal vez. Todo depende de ciertos factores. Lo rescatable de todo esto es que muchos países en nuestro continente están abriéndose cada vez más al debate, dejando de lado la terquedad de un conservadurismo que defiende aún la idea de que, a más muertos, mejor la estrategia. En el caso peruano, el tema drogas resulta un tema secuestrado por las altas esferas políticas. No hay ni indicios de cambio o reforma, ni permisividad para la participación civil en el tema.

Diversos países (unilateralmente) se encuentran mostrando señales de búsqueda de alternativas efectivas para frenar las consecuencias del fenómeno del narcotráfico. Tal es el caso de Uruguay y los esfuerzos por regular la venta de marihuana en su sociedad, impulso del gobierno de Mujica. Tenemos el caso chileno y la iniciativa legislativa para regular el cultivo de esta planta (actualmente frenada en el parlamento), el caso colombiano y la disposición de Juan Manuel Santos a abrir el debate (además de las iniciativas del alcalde Petro en esta materia).

A nivel multilateral, foros tan importantes como la OEA buscan hacer de la temática “drogas” el asunto central de discusión. Para el caso de este organismo, del 4 al 6 de junio se llevará a cabo, en Antigua (Guatemala), una sesión más de la Asamblea General, la cual tendrá como eje principal el análisis de las alternativas de la guerra contra las drogas en América. A fin de abrir el debate a la sociedad civil, el Perú tuvo representación en los preparativos a través del Centro de Investigación Drogas y Derechos humanos, planteando los principales retos y las posibles soluciones al problema.

Pero, ¿legalizar algún tipo de droga resultaría efectivo para combatir el narcotráfico? Como lo señalé al comienzo, tal vez. En primer lugar, legalizar estas sustancias (o al menos regular la venta) podría acabar con el mercado ilegal, lo cual, a su vez, eliminaría los delitos asociados a éste. Así mismo, podría permitir descongestionar el sistema judicial, penitenciario y policial, reduciendo masivamente la infección generalizada de corrupción en estas áreas. Sin embargo, no deja de ser cierto que hay que tener en cuenta otros factores esenciales sin los cuales una política tal no podría llevarse a cabo.

En primer lugar, el aparato estatal debe ser reforzado. La institucionalidad de los principales organismos encargados del diseño, ejecución y control de las políticas nacionales antidrogas debe ser reformulada. Esto permitirá no entrar en casos de corrupción o tráfico de influencias. Así mismo, los sectores de salud y educación deben alcanzar un nivel adecuado para realmente tratar y prevenir, respectivamente, las adicciones a las drogas. También debería tenerse en cuenta fomentar una cultura de información masiva acerca de las drogas ilegales y las consecuencias su uso y abuso. Por otro lado, una reforma policial es necesaria, ya que se encuentra muy metida la ideología de criminalización del usuario en este sector.

Cualquier política de legalización de sustancias ilegales debe ser tomada con pinzas. Sin embargo, el primer paso es la apertura al debate, pero algunas sociedades y círculos políticos se encuentran ahora encerrados en una burbuja que sigue cobrando vidas y agravando la situación del tráfico ilícito de drogas, antes de mejorarla.