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Una publicación de la asociación SER

Laudato Si

Con el trasfondo del “Conflicto Conga”, la reciente publicación de la encíclica del Papa Francisco “Laudato Si” es de una relevancia especial para Cajamarca. Aquí es imposible dar una exposición amplia del documento y me limitaré a presentar algunos de sus temas.

En primer lugar, notemos que el subtítulo es “Sobre el cuidado de la casa común”. El Papa Francisco enfatiza que el planeta tierra es la casa de toda la humanidad, siendo objeto de abuso y maltrato de tal forma, que ahora nos encontramos afrontando el peligro de su destrucción total. En este contexto, el Sumo Pontífice ofrece un “mea culpa”en nombre de la Iglesia Católica –y también de todos los cristianos–, porque hemos interpretado el texto de Génesis 1,28, que dice que el hombre puede “dominar”la tierra, como si dijera “hacer lo que quiere con ella”. El Papa insiste que es una pésima antropología que ha justificado la actividad dañina con respecto al planeta. Aquí, Francisco está siguiendo lo que Benedicto XVI ya había dicho en su encíclica “Caritas in Veritate”: Que Génesis 1,28 se debe interpretar junto con 2,15, que habla de “guardar y cultivar”la tierra.

“Laudato Si” no es simplemente un documento católico; es ecuménico, en el sentido más amplio. Se dirige a los miembros de la Iglesia Católica y de las otras confesiones cristianas, como también a los miembros de todas las religiones y de ninguna. El texto incorpora el trabajo de científicos que han estudiado a fondo el cambio climático; también las ideas del Patriarca Ecuménico, Bartolomé I, jefe de los ortodoxos y llamado “El Patriarca Verde”, y aquellas del Metropolitano Ortodoxo de Pérgamo, Juan Zizioulas, quien fue el presentador de la encíclica en Roma.

Francisco ha aceptado las conclusiones de algunos economistas sobre la economía global y la encíclica es muy crítica del modelo económico que actualmente predomina en el mundo –el capitalismo liberal–, donde el móvil principal detrás de las actividades financieras es solo una ganancia monetaria. Aquí, si la actividad hace un mal al planeta o a las personas, no tiene importancia. Así, el Papa vincula el mal trato a la tierra con el mal trato a la gente, como si ambas fuesen simplemente “objetos disponibles” para ser usados y botados al gusto y antojo de los que manejan los motores económicos del mundo.

El Pontífice critica fuertemente la sociedad de consumo y esto nos involucra a todos. Anhelamos tener más y más cosas materiales y siempre nos quedamos insatisfechos. Además, botamos lo que ya no nos gusta o que ya no nos sirve, y así hemos convertido el planeta en un “basural de porquería”. Entonces, la encíclica nos llama a todos a reflexionar y a realizar un cambio radical en nuestro estilo de vida.