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Una publicación de la asociación SER

La vulnerabilidad de las trabajadoras del hogar

Foto: Perú21

Micaela Matute. Feminista y licenciada en Ciencia Política de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.

La mayoría de limeños de clase media hemos crecido en un hogar donde ha estado presente una trabajadora del hogar[1], no obstante, muy pocos nos damos cuenta de la precaria situación en la que estas mujeres se encuentran y la situación de vulnerabilidad en la que viven. El principal motivo de esta vulnerabilidad es que el trabajo del hogar se ejerce principalmente en los países donde hay una mayor tasa de desigualdad de ingresos y jerarquías sociales, escasas oportunidades de empleo formal y altas tasas de educación básica incompleta; lo que impide a las trabajadoras generar una ganancia suficiente para superar los niveles de pobreza establecidos.

En el Perú la legislación vigente[2] sigue diferenciando de manera negativa a las trabajadoras del hogar, otorgándoles derechos recortados en relación de otros regímenes laborales; teniendo en cuenta la naturaleza privada del trabajo que realizan y que no existe una eficaz labor de fiscalización y control, ellas conforman un sector vulnerable. Entonces ¿Cuáles son los factores que han incidido en la inexistencia de una agenda clara a favor de una política pública que otorgue y garantice igualdad de derechos laborales plenos desde el Ejecutivo?

Considero que el avance pausado y el alcance limitado puede atribuirse a la carencia de coordinación entre los sectores pertinentes, que ha llegado dejar sin efectos los esfuerzos del Gobierno para con los derechos de las trabajadoras del hogar. Desde el ministerio de Trabajo  se ha venido impulsando el tema, pero este va mucho más allá de los derechos laborales ya que muchas trabajadoras del hogar sufren de abuso verbal, sexual o discriminación por parte de los empleadores; sin mencionar que también se les limita el derecho a la educación o a un seguro social. Por ejemplo: el acoso laboral, de presentarse ¿dónde acudir? En las comisarías no saben cómo actuar, existen múltiples canales de ayuda desde diferentes sectores que lejos de orientar, terminan confundiendo a las trabajadoras del hogar -que en la mayoría de los casos sólo cuentan con educación secundaria-. Es decir el ente rector tendría que incluir a las instituciones que también tienen competencias en el tema[3] y podrían elaborar una estrategia multisectorial; para no crear duplicar esfuerzos y gastar el presupuesto en acciones sin mayor impacto.

Un segundo eje es la desvalorización de este trabajo. Esta desvalorización es consecuencia de que el poder político no considera a las trabajadoras del hogar como sujetos de derechos plenos, lo que perpetúa conductas discriminatorias arraigadas en la sociedad y en el mismo aparato estatal. Esta discriminación responde a la interseccionalidad de diferentes factores que confluyen como son el género, status socio-económico, status migratorio, nivel de estudios, lengua materna y fenotipo; lo que va ligado a las situaciones de servidumbre y el “prestigio” que representa contar con una trabajadora del hogar.

Esta inferioridad con la que se ve tanto a la trabajadora como a su labor –considerada como labor femenina/privada- da pie a que este grupo de ciudadanas vea restringidos sus derechos fundamentales y laborales. Lo cual lleva a que las acciones realizadas por tomadores de decisiones respondan a intereses creados para beneficiarse; ya que esta labor representa un subsidio[4] tanto para la clase media y alta cómo para el Estado; ya que gracias a ello sus empleadores y empleadoras pueden laborar sin preocupación con respecto al mantenimiento y cuidado del hogar, y además provee de mano de obra barata que suple la ausencia de servicios que el Estado debería asumir. Esto va ligado al compromiso o la voluntad política de los funcionarios en los puestos, ya que debido a que el tema no está en la agenda pública, siempre va a estar supeditado a los compromisos –o intereses- personales de los tomadores de decisiones.

El tema de las trabajadoras del hogar es tan complejo que no sólo se debe abordar desde un solo sector, es necesario que como ciudadanos tomemos conciencia de la vulnerabilidad de estas mujeres y empecemos a valorar su trabajo para así modificar ese imaginario de desigualdad.

 

Esta semana la columna de Comadres cuenta con la colaboración especial de Micaela Matute. Plataforma Comadres es un espacio que busca posicionar el trabajo de mujeres jóvenes en el análisis de la política nacional e internacional.

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[1] La palabra será usada en femenino debido a que en el Perú el 98% de la fuerza laboral lo representan mujeres mientras que los hombres tienen una representación al 2%.

[2] Ley N°27986, 2003.

[3] Según el Reglamento de Organización y Funciones de cada institución.

[4] Blofield, 2009 & Pérez y Llanos, 2017.