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Una publicación de la asociación SER

La vieja renovación de la política

La profusión de información sobre candidatos de dudoso o comprobado pasado delictivo no hace sino profundizar el desprestigio que vive la política y ahondar la falta de empatía de los ciudadanos con sus instituciones y sus políticos. En este contexto, una de los lugares más comunes es el de la renovación de la política como salida a este problema.

Normalmente la “renovación” pasa por un cambio en las actitudes y prácticas individuales de quienes participan en la actividad política. Dependiendo de la orientación ideológica de quien hable, la renovación será la de la honradez, la transparencia, la participación, la rendición de cuentas, la participación directa del pueblo, las bases o cualquier otro nombre opuesto al elitismo o la vanguardia. Quienes se sientan más cercanos al liberalismo pondrán el énfasis quizás en la transparencia y la honradez de los individuos; para quienes se sientan más cercanos al socialismo, el énfasis vendrá quizás por el lado de la participación y la acción directa del pueblo o alguno de sus reemplazos.

Ahora que los resultados en las elecciones de octubre parecen no acompañar a las distintas opciones de izquierda, el diagnóstico de la renovación de la política se multiplica entre algunos. En las últimas semanas he leído en columnas de opinión balances diversos sobre la campaña de Susana Villarán y el resto de las izquierdas en estas elecciones. Está la hipótesis lanzada por algunos, que Villarán no logra remontar las cifras, pues quemó la carta de la honestidad al establecer una alianza con Perú Posible. Otros señalan que el resultado de las izquierdas en las elecciones de octubre es producto de una construcción desde arriba, más preocupada por buscar candidatos cada cuatro o cinco años. Finalmente, hay quienes estiman que el escenario de divisiones actual es producto de las componendas y los acuerdos de camarilla de quienes están acostumbrados a actuar así frente a un pueblo y movimientos ansiosos de la más plena democracia, entendida como participación directa.

¿Y si no es así? ¿Si la crisis de la política nacional no está dada principalmente porla falta de honestidad de los políticos? ¿Y si la crisis de la izquierda no es producto de sus viejas formas? ¿Si el problema no es únicamente de esto que se puede llamar “formas”, sino también de “contenido” (para diferenciarlo del punto anterior)? Porque, más allá de valioso, el ser honesto o el tener determinados estilos políticos no alcanza para construir un proyecto político que no sea mera oposición de lo existente, sino que posea un contenido positivo. Las formas por si solas son insuficiente para dar cuenta del contenido, pues si se es honesto o participativo es para hacer algo que es en sí mismo distinto al tema del cómo se realiza. Entonces, si bien el contenido está inevitablemente influido por la forma, no se agota en esta. Tampoco quiere decir que las formas funcionen como un mero adorno y deban ser descartadas, ciertamente no. Pero hay que tener claro que las miras están puestas mucho más allá.

Me da la impresión de que esta política de las formas (por ponerle algún nombre) toma a la actividad política como principalmente pedagógica, en el sentido en que esta tiene como misión primera enunciar cómo será el mundo por venir, dejando en un segundo plano el mundo como es.  Si bien no se trata de desechar esta visión pedagógica de la política, creo que hay que colocarla en el contexto concreto que le corresponde.

Si de lo que se trata es de reconstruir (porque la tabla rasa es siempre una ilusión) una izquierda que dispute el poder político vía elecciones, son otros elementos los que adquieren más peso en la ecuación. La política (por lo menos en el sentido de la búsqueda del poder estatal) trata de construir mayorías a partir de los clivajes existentes en la sociedad. Creo que el desafío actual pasa por reconocer adecuadamente dichos clivajes y darles un sentido político; es decir, insertarlos en la lucha por el poder estatal, a través de un liderazgo que aglutine, una organización que le dé soporte y un programa que aporte sentido. Se trata de desarrollar una mayoría política capaz de construir poder estatal. Creo que de cara al futuro es esa la ruta más fructífera y que más bien la vía de la política de las formas parte de un diagnóstico equivocado y de una renovación que en realidad es repetición. Digamos que la mezcla hombre nuevo, moral revolucionaria, más voluntarismo es una fórmula bastante vieja y con varios fracasos en su haber.