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Una publicación de la asociación SER
Abogado peruano, ex Presidente Ejecutivo de DEVIDA, Director del Centro de Investigación Drogas y Derechos Humanos, CIDDH

La urgencia de normalizar las relaciones hemisféricas en América Latina

En una situación global incierta, atizada por las conflictividad regional y las tensiones de los poderes mundiales, así como por las diferencias estructurales en materia económica comercial -acompañadas de una caída del comercio internacional según World Trade Monitor-, los países de América Latina necesitamos recuperar la normalidad en la conducción de nuestras relaciones bilaterales y multilaterales, poner en funcionamiento los organismos existentes, y alejarnos de cualquier extremo vinculado al unilateralismo condicionado por intereses geopolíticos.

De otra forma, seguiremos perdiendo tiempo en la resolución conjunta de problemas colectivos como el cambio climático, los graves impactos de los delitos trasnacionales, la migración, la deforestación y alejándonos del logro de los Objetivos 2030. Estos son los reales retos que tenemos. La diplomacia, la política exterior y las relaciones internacionales de los países, son un asunto muy serio para dejarlo sometidos a los caprichos de poderes políticos temporales, como ocurre actualmente en el Brasil de Bolsonaro o el México de López Obrador.

En relación a la política multilateral respecto a Venezuela, se ha llegado a un punto de inflexión en las presiones ejercidas desde la Casa Blanca para posibilitar una salida arbitraria pero pacífica del gobierno de Nicolás Maduro a través de un ilegitimo reconocimiento al señor Guaidó. Lo concreto es que la ONU y la mitad de la comunidad internacional siguen reconociendo al único gobierno establecido, y sostienen la necesidad de no interferir y de dialogar.

A pesar de sus evidentes problemas internos, el gobierno formal de Venezuela, no ha podido ser quebrado por la presión de sus vecinos, agrupados en el Grupo de Lima ni por las propias sanciones o intentos de sabotaje provenientes del exterior. El punto de no retorno creado con el veto chino y ruso en el Consejo de Seguridad de la ONU, sumado a la paridad establecida en la OEA, no ha permitido infringir una derrota política a Maduro. 

En relación a la arquitectura institucional existente, ésta se encuentra en una disyuntiva. Por un lado, la OEA y su Secretaría General se encuentran jugadas como un actor más en relación a la crisis de Venezuela habiendo perdido su indispensable equidistancia. Por el otro, se encuentra en proceso de disolución la arquitectura creada por los gobiernos progresistas a inicios del siglo XXI (UNASUR, CELAC), mientras se ponen sobre el tapete nuevas modalidades de articulación política.

Finalmente, los mecanismos clásicos de conducción política de las cancillerías latinoamericanas se encuentran subordinados a criterios de índole comercial, ocasionando el debilitamiento de los procesos y formas de conducción tradicionales de la diplomacia.  Demos una mirada al actual organigrama de Torre Tagle y constataremos el énfasis en lo comercial respecto a lo político.

Resulta imperante lograr que las cancillerías latinoamericanas recuperen el rol clásico de la diplomacia en la conducción de las relaciones internacionales, para volver a ocupar un rol equidistante, lejano de tendencia actual de acercamiento irrestricto a Washington.