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Una publicación de la asociación SER

La segunda muerte y el legado del Pamuk Santiago Manuin Valera

Foto: Radio Nacional

Luis Chávez Rodríguez. La Casa del Colibrí en Chirimoto, Amazonas

"Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
...
Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar..."

César Vallejo

 

Jiká-jikamat anentaimiá

Canción awajún

 

La mañana del 5 de junio del 2009, mientras Santiago Manuin Valera gritaba: ¡Paz, paz...!, con las manos en alto, para evitar una masacre de peruanos indígenas amazónicos Awajún y Wampís, una bala le atravesó el abdomen, dejándole ocho heridas en los intestinos. Cayó al suelo en el deforestado terreno rojizo, al borde de la Fernando Belaunde Terry, carretera de penetración a la selva, en una curva a pocos metros del puente Corral Quemado y a tres kilómetros de la ciudad de Bagua Grande. Sus compañeros, que le dieron por muerto, levantaron su cuerpo exánime y lo cargaron en hombros a un refugio, en medio de las ráfagas de ametralladoras AKM, de fabricación rusa y de masivo uso en China, Estados Unidos, y Perú, que disparaba un comando de la DINOES, enviado para matar. Enviado, con alevosía, a cortar a balazos una negociación que ya había llegado a un acuerdo de retirada pacífica, promovido precisamente por Manuin, de los miles de amazonenses que protestaban durante largas jornadas de marchas para evitar la venta de la Amazonía peruana a compañías extranjeras. Otros cuerpos heridos y uno sin vida fueron levantados junto al de Santiago y conducidos al hospital de la ciudad. 

Lo que sigue es historia conocida: se dio la tragedia pactada, el asalto a balazos desde aire y tierra contra una manifestación que defendía sus territorios ancestrales de la colonización interna en nuestra propia patria, con la complicidad de empresas extranjeras norteamericanas. Un gobierno corrupto realizó, de esta manera, una de las más infames acciones del Estado peruano en toda su historia republicana. Se anegó en sangre, una vez más de modo terrible, la palabra paz y la concertación civilizada con los pueblos amazónicos, a orillas del río Marañón, pero también se creó una efeméride imborrable llamada, “Baguazo”. 

Esta fue la primera muerte del Pamuk Santiago Manuin, la muerte que no pudo parar su lucha, la muerte que fatalmente dio lugar a una larga agonía de once años, mermando su vitalidad física, pero que sin embargo, contrariamente a lo previsto, fue sólo un hito que antecedió a su gloria. Por eso es que esta segunda muerte, la del pasado 1 de julio del 2020, mes de la patria, en pleno contexto de la pandemia que asola al planeta, por terrible que la sintamos, no es ni mucho menos una partida definitiva, sino el paso a una vida eterna en la memoria de su pueblo. 

La partida de Santiago Manuin es el sello inevitable que marca, desgraciadamente, la historia de la violencia contra los pueblos indígenas, que solo  quieren vivir en paz en su territorio, como lo quiso Juan Santos Atahualpa en la Selva Central hace 270 años, como lo quiso Santiago Manuin en el siglo XXI, como lo seguirán queriendo  todos los pueblos originarios del planeta. Es el reclamo justo y continuo frente a la envolvente opresión del mundo occidental, un reclamo que ha quedado impreso en la historia invencible de los pueblos indígenas.

“Convertirse en indígena en el corazón, así seas blanco o barbón es la única manera de salvar al planeta”, era el predicamento de Santiago Manuin en 1994, cuando recibió el mundialmente conocido premio Reina Sofía por la defensa de la Amazonía. Afirmó también esta posición en su célebre discurso al recibir el Premio Nacional de Derechos Humanos en el año 2014, donde resumió la historia indígena amazónica en las siguientes palabras: 

“Nuestra historia es una historia de luchas para poder vivir tranquilamente en nuestro territorio; nunca hemos luchado por conquistar terrenos, ni robar oro ni plata de nadie. Nuestra vida en la selva nos impone muchos deberes sociales para convivir y estrategias de producción. ¡Sí, somos productivos! ¡Ni ociosos ni ignorantes!  Y por eso hemos vivido de tal manera, que nunca hemos sido ni queremos ser mendigos ni una carga para el Estado. Nuestro pueblo unido ha sabido rechazar a los narcoterroristas y bandas de delincuentes; para eso no hemos necesitado ni ejército ni policías, aunque son bienvenidos.” 

Palabras suficientemente claras y sinceras, que sin embargo, hasta el día de hoy no son escuchadas con voluntad por los gobiernos que siguieron al Baguazo. El discurso de Manuin siempre fue hecho con palabras directas, amables y con un profundo sentido de peruanidad y de bienvenida al Estado peruano, pero también ha sido una palabra precavida que ha nombrado con sinceridad la histórica estratagema de los gobernantes que se aproximaron con trampas legales, con codicia y prepotencia.

Esa mañana del Baguazo, en el Hospital de Apoyo de Bagua los médicos y enfermeras, mientras recibían los cuerpos ensangrentados, se dieron cuenta que Santiago Manuin no había muerto. Lo atendieron rápidamente, haciéndole una intervención quirúrgica de emergencia, y lo trasladaron en un helicóptero a la ciudad de Chiclayo. Sin embargo, diarios como La República, uno de los más leídos del país, se apresuraron a declararlo muerto, el mismo 5 de junio, con titulares como, “Histórico dirigente aguaruna murió abaleado”. Pero Santiago Manuin seguía con vida y permaneció 60 días en cuidados intensivos en el hospital Las Mercedes. 

No murió el Pamuk en aquella trágica ocasión, su obra no había concluido y su poderoso espíritu se empecinó en mantenerse activo e indesmayable once años más. Sus fundamentos pacifistas en las luchas de los derechos de los pueblos Awajún y Wampís continuaron de modo creativo y fecundo, mientras que la resistencia indígena también siguió afirmándose, después del Baguazo. En el contexto de estas luchas, uno de sus objetivos principales era que el Estado peruano se reconociera como uno que respeta los tratados internacionales en materia de Derechos Humanos, lo cual se alcanzó, en el año 2011. En este camino, el siguiente gobierno reconoció la falta grave del Estado peruano, que en el gobierno anterior había provocado la tragedia del Baguazo y, como un acto de resarcimiento, promulgó la Ley de la Consulta Previa. Esta ley se ajusta a los acuerdos internacionales establecidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su Convenio 169, y se basa en el respeto a los pueblos originarios invadidos o en proceso de invasión actual. Pero a pesar de haberse convertido en ley, en la práctica todavía no se implementa de modo adecuado. La última vez que los ministros de Estado se refirieron a ella, ya sea por una extrema ignorancia, estupidez, o crueldad irónica, fue la seman pasada, el 30 de junio, en conferencia de prensa del Presidente Vizcarra y sus ministros, cuando la ministra de Economía y la de Medio Ambiente expusieron la inclasificable idea de una “Consulta Previa vía electrónica”, en el contexto de la pandemia del covid-19.  No hay Internet señorita Ministra de Economía, en la comunidad de Huampani del distrito del Cenepa, ahí donde muchos niños y niñas  ya tienen mercurio en la sangre.

Después de su primera muerte, desde una silla de ruedas, el Pamuk Santiago Manuin Valera, siguió trabajando por su pueblo: creó cursos de capacitación, escuelas de liderazgo para jóvenes, centros de experimentación agrícola y proyectos de desarrollo dentro de los criterios de vida armónica con la naturaleza de su pueblo. El centro de Servicio Agropecuario para la Investigación y Promoción Económica (SAIPE), del cual fue el cofundador, es la plasmación de su lucha en esta área de trabajo y una propuesta concreta para su pueblo. Está dirigida a los pueblos Awajún y Wampís del Alto Marañón en la provincia de Condorcanqui, y trabaja en alianza con la comunidad jesuita del Vicariato Apostólico San Francisco Javier.  El espacio de trabajo ha sido denominado “Centro Experimental Pampa Hermosa,” y es la muestra tangible de la visión del Pamuk Santiago. Ahí se realizan proyectos experimentales que luego se replican en las comunidades nativas con el objetivo de mejorar sus actividades agrícolas y demás trabajos productivos destinados a una autosuficiencia alimentaria. Este centro es uno de los legados que nos deja, tanto a los hermanos indígenas como al mundo rural peruano, que todavía no resuelve ni siquiera su autonomía alimenticia, siendo un país originariamente de gran desarrollo agrícola. En Pampa Hermosa se realizan proyectos agroforestales, de piscicultura y de cría de animales de corral, en el marco del mundo material y espiritual del pueblo Awajún y Wampís, que tiene como fundamento esencial el trato armonioso con la naturaleza. Así es como el Pamuk Santiago entendió el concepto del “Tajimat Pujut” o “Vida Plena” como propuesta de autonomía y de desarrollo. 

El Pamuk Manuin hasta la eternidad

El 3 de julio fue conducido, desde Chiclayo hasta la provincia de Condorcanqui, el cuerpo de Santiago Manuin para su funeral enl la “Tierra de los cinco ríos”, territorio Awajún-Wampís. Después de una ceremonia en la Plaza Central de Santa María de Nieva, con la presencia del Ministro de Cultura y de las autoridades políticas y religiosas locales, su hijo Jesús Santiago Manuin Nayan, en representación del Clan Manuin, dio el discurso de orden y luego en compañía de su esposa, hijos e hijas, lo condujeron en una canoa por el río Nieva, hasta  su poblado, donde reposará, integrándose nuevamente a su territorio. 

Duele cuando una persona que se respeta nos deja en este mundo incierto, donde los humanos no han encontrado todavía su camino para vivir en paz en esta casa grande maravillosa y más bien se precipitan, irresponsablemente, a su propia extinción. La historia de Santiago Manuin Valera, no sólo es esa historia del líder heroico que ahora se hace inmortal y se conoce en el mundo entero, sino la del hombre cabal de familia y de comunidad, y del hombre común con debilidades y fortalezas, que trabajó constantemente en sí mismo, para ser mejor persona cada día. Él supo combinar en un muy alto nivel de comprensión su tradición espiritual awajún, su adorado Ajutap y una de las mejores partes de la espiritual cristiana católica: la jesuita. Santiago Manuin unificó ambas tradiciones  bajo una sola deidad universal y multidimensional, ligada a la naturaleza. Creía en un Dios del cual emanaba una dimensión espiritual, pero también política. Política, entendida como la acción necesaria que todo ser humano, que se quiera libre, debe emprender, encarar, pensar, cuestionar, combatir, actuar, luchar, compartir; especialmente cuando toma conciencia de que está frente a los abundantes tipos de esclavitudes modernas, cuando está frente a cualquier forma de abuso a los vulnerables; cuando está frente a los que el sistema capitalista los considera la yapa de este mundo. Política, entendida como la acción solidaria que se antepone, incluso, a los justos impulsos personales. 

Duele que el Pamuk no haya regresado de Chiclayo a su tierra y a la mía, con su sonrisa franca y su mirada penetrante. Duele mucho su partida física, pero reconforta, también, saber que los luchadores sociales que mueren dos o más veces nunca mueren, porque se convierten en un ejemplo, en la energía vital de la interminable lucha por la humanización de nuestra especie. Reconforta saber que el legado de Santiago Manuin Valera crecerá con el tiempo, correrá en una posta imprescindible, en el mismo nivel que el legado de Blas Valera Pérez y el de Toribio Rodríguez de Mendoza, para citar sólo a dos paisanos inmortales amazonenses, que trascienden toda mezquindad, que vienen renaciendo una y otra vez en las luchas sociales de independencia y autonomía, resucitando en los corazones peruanos que aman a su patria y la quieren amplia, solidaria, justa  y verdaderamente independiente.