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Una publicación de la asociación SER

La sangría y la formalización laboral

Desde la antigüedad  y hasta bien entrado el siglo XIX,parte de los procedimientos médicos comunes era la utilización de la sangría como método de curación. Existía la creencia de que un conjunto de males estaban vinculados a un exceso de sangre en el cuerpo, que debía ser retirado, ya fueracon implementos médicos, como catéteres, o echando mano a métodos menos ortodoxos -y que hoy consideraríamos dudosos-, como la aplicación de sanguijuelas sobre el cuerpo. Sin embargo, las evidencias médicas hicieron que en la actualidad esta práctica esté  totalmente descartada.

En el Perú, hay temas que parecen gozar de una impermeabilidad, ante las evidencias que ya hubieran querido los impulsores de la sangría como método terapéutico. Nos referimos al tema de la informalidad y los derechos laborales. A propósito de las bajas cifras de crecimiento económico, tanto el gobierno como los empresarios han lanzado una serie de iniciativas para lograr la ansiada reactivación. Dentro de este paquete, se ha incluido, como ya es costumbre, propuestas para flexibilizar más el mercado de trabajo y, por consiguiente, formalizarlo, como afirman sus promotores.

Una de las propuestas que recibió mayor cobertura fue la del gremio exportador, ADEX, que a través de su presidente, sugirió la creación de un “nuevo régimen laboral” que contemple entre otras cosas: 1) Vacaciones de siete días al año para los nuevos trabajadores, durante los primeros cinco años de trabajo; 2) La disminución del pago de la CTS; 3) La disminución del pago por despido injustificado, así como del tope máximo (ver aquí).

Desde la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), se afirma que “existe una relación directa entre el costo salarial y la informalidad” (ver aquí) y que, por lo tanto, para formalizar el mercado de trabajo, es necesario reducir dichos costos. Expertos convocados por el citado gremio aseguraron, hace pocas semanas, que se deben flexibilizar las condiciones de contratación y despido de los trabajadores para que hasta un 40% de los colaboradores informales se formalice.

Sin embargo, no es la primera vez que este tema aparece en la opinión pública, ni que el gobierno implementa políticas públicas en este sentido. De hecho, entre los años 2003 y 2013, funcionó un régimen laboral especial para trabajadores de lamicro y pequeña empresa. La ley 28015, además de mejorar el acceso para el financiamiento de las MYPES, incentivar la promoción de nuevos mercados y facilitar el acceso tecnológico, implicaba un nuevo régimen laboral. Dicho régimen ofrecía una reducción de los derechos y “costes” de los trabajadores respecto a sus pares ubicados bajo otros regímenes laborales ordinarios. ¿Cuál fue el resultado de dicha norma? Solo el 2% de las MYPES con derecho a acogerse a este programa especial de formalización  lo hizo (ver aquí).

Pese a este fracaso, la ley 30056, que reemplazó el 2013 al fallido régimen especial de formalización para MYPES, insistió en la misma fórmula. El problema con el anterior régimen, afirmaron los promotores de la nueva ley, fue su timidez: faltó más flexibilización laboral.En ese sentido, la norma supuso menores derechos para los trabajadores MYPES. Si la ley 28015 hacía referencia a un régimen transitorio, la nueva convirtió a esteen permanente. Si antes abarcaba a micro y pequeñas empresas, la nueva ley incluyó también a las medianas.

Ahora que el bajo crecimiento ocupa un lugar destacado entre las preocupaciones del país, empresarios y gobierno insisten en la misma formula para la formalización laboral. Sin embargo, dicta el sentido común dicta que, antes de crear un tercer régimen de flexibilización laboral, se muestren los resultados del anterior experimento.  En tal sentido, incluyo aquí algunas preguntas que ningún medio se ha formulado:¿Cuántas empresas se han formalizado bajo el régimen de la ley Nº 30056? ¿Cuántos nuevos trabajadores formales hay gracias a esa norma? ¿Cuántos puntos ha descendido la informalidad laboral en el Perú gracias a ese dispositivo? ¿O en el Perú eso de hacer políticas públicas en base a evidencias no funciona?Mientras  afirman que quienes defienden la estabilidad laboral lo hacen solo por motivos ideológicos,los sectores más conservadores no muestran estudios empíricos sobre sus dos últimos intentos fallidos.

Viendo los magros resultados de la ley 28015, y ante la ausencia de un balance de la ley 30056, es por lo menos extraño que la solución propuesta sea la misma que aquella que fracasó ya en dos oportunidades.

Hoy, la sangría medicinal suena como una locura y nos resulta lógico que esté fuera del mundo de la medicina. Incluso la idea tras ella nos parece contraintituitiva: “Extraer sangre y debilitar al paciente para curarlo”, diríamos con cara de incredulidad. Sin embargo, a los defensores de la flexibilidad laboral la sangría parece no hacerles tanto ruido: “mientras más débil y menos derechos tengas, te irá mejor”, afirman con una seguridad a prueba de evidencias. En el Perú, dos intentos fracasados no demuestran una falla (o por lo menos arrojan una duda razonable). Por el contrario, demuestran que faltó quitarle más sangre al paciente.