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Una publicación de la asociación SER

La ruta del barroco en Cusco

“Donde las místicas creencias del cielo, la tierra y el alma se volvieron un arte”,  frase de un material gráfico que trata de explicar la riqueza cultural y artística que guarda lo que se ha dado por llamar la ruta del barroco andino en Cusco, que nace en la imponente iglesia La Compañía y nos lleva por la zona sur hasta las iglesias de Andahuaylillas, Huaro (Quispicanchis) y Canincunca, al lado de la bella laguna de Urcos.

Un trabajo de restauración que se lleva a cabo hace varios años ha permitido que hoy en día se pueda disfrutar de un tipo de arte que le añade a Cusco una riqueza cultural fruto del mestizaje con la colonia y que le amplía las oportunidades de poner en valor otros patrimonios con lo que eso puede implicar de identidad territorial y de beneficio a sus poblaciones locales. Cabe resaltar la importancia de la alianza público-privada entre el Ministerio de Cultura y Gobierno Regional de Cusco con entidades nacionales e internacionales (Fundación Backus, World Monuments Fund, Fondo Contravalor Perú-Francia, Repsol, la Compañía de Jesús), entre otros, que viene permitiendo estos logros.

Los templos de San Pedro de Andahuaylillas, San Juan Bautista de Huaro y Virgen Purificada de Canincunca constituye un continuum impresionante de patrimonio cultural que felizmente logró ser recuperado no solo del abandono sino del saqueo de sus invalorables piezas artísticas.

Como parte de la riqueza cultural cusqueña, el circuito del barroco andino se relaciona armónicamente con otros atractivos Inca y Pre Inca como Tipón, Rumicollca y Pikillacta, y otras manifestaciones culturales (el pueblo de brujos de Huasao, de panaderos de Oropesa, las antiguas fábricas de tejidos de Lucre y Urpay), circunscritos a un escenario paisajístico andino (con potencial turístico vivencial, de aventura y naturaleza) cuyo valor se debería aprovechar más intensamente (complementado con la producción local en alimentos, textiles, plantas aromáticas). Finalmente, hay que señalar que esta ruta está en el camino entre Cusco y Puno y forma parte del circuito interoceánico sur. Otras iglesias podrían añadirse a esta ruta religiosa: Santísimo Sacramento de Oropesa, Iglesia de San Pablo de Occongate, San Francisco de Asís de Marcapata.

La ruta del barroco andino constituye una opción turística para quienes tienen particular predilección por el arte colonial andino, expresión de un sincretismo cultural de gran valor histórico y social. Se trata de promover la actividad del turismo local más allá de la tradicional ruta hacia Machu Picchu. Sorprende que Cusco “colapse” económicamente si no hay acceso a esta maravilla universal, cuando cuenta con tanta potencialidad en riqueza cultural.

Fachadas, murales, tapices, frisos, esculturas, capillas, atrios, forman parte de esta riqueza artística. La denominada “Capilla Sixtina” de la iglesia de Andahuaylillas es la más emblemática y no se quedan atrás los otros templos, construidos a partir del siglo XVII, expresiones de una época y una forma de evangelización e ideologización, como parte del proceso de colonización.

Hay que añadir iniciativas existentes desde la DIRCETUR de Cusco, de implementar programas de turismo rural comunitario, que pueden generar nuevos circuitos turísticos y un aprovechamiento local de estos servicios.
Una vez más, se trata de proteger y poner en valor un patrimonio cultural que requiere un aprovechamiento responsable y que esté al servicio del desarrollo de Cusco y de sus poblaciones locales. No solo crear destinos turísticos sino fortalecer la identidad y mejorar la calidad de vida de la gente. Es momento que Cusco no solo sea considerado una maravilla para el mundo sino que le retribuya más beneficio a su población.

(Con el aporte de Katia Herz)