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Una publicación de la asociación SER

La quinua en Puno, más allá del incremento de la producción

Recientemente se ha publicado el libro: “Estado del arte de la quinua en el mundo, en 2013”[1]. En él se sitúa una vez más al Perú entre los principales países productores y exportadores del grano a nivel mundial, y se reconoce a Puno como la zona donde se concentra la mayor producción nacional, alrededor del 70,0%. También se indica que existen aproximadamente 9,465 agricultores y agricultoras que se dedican a la producción de este cultivo en dicha región.

En los últimos años, es evidente que se ha dado un proceso de revaloración de la quinua, el mismo que se ha traducido en el  incremento de la demanda nacional e internacional y en la generación de diversos impactos, como, por ejemplo: el aumento de la superficie  sembrada, el incremento de los precios, tanto en chacra como en el mercado, el interés de diversos actores por promover la producción  y consumo de ella, entre otros.  

El 2013 fue declarado “Año Internacional de la Quinua”, hecho que originó diferentes expectativas en la región. No obstante, para la población puneña, el apoyo ha sido escaso en temas como la elaboración e implementación de proyectos, asistencia técnica o  presupuesto destinado. En general,  las críticas se han centrado en el poco apoyo recibido para mejorar la producción y la competitividad en la región. Si bien estas quejas y demandas son importantes, sobre todo considerando que la mayoría de quienes producen este pseudo cereal se encuentra en situación de pobreza o pobreza extrema, hay otros temas que también deben ser tomados en cuenta, en medio de este “boom quinuero”.

Tal como indica el estudio antes mencionado, uno de los problemas de este “boom” en zonas como Puno, es que, en aras de responder a las condiciones y demandas del mercado, se está optando por sembrar principalmente variedades mejoradas, tendiendo a homogeneizar este cultivo, lo que puede llegar a afectar la biodiversidad cultivada de la quinua. Por otro lado, se está tendiendo al monocultivo en algunas zonas, práctica que transforma los sistemas agrícolas tradicionales (como el de las aynocas, por ejemplo) y afecta el abastecimiento de mercados locales, o también las dietas de las familias campesinas, quienes, además, casi ya no consumen este producto. Este constituye un cambio importante, porque justamente es esta población la que necesita de este tipo de  alimentos nutritivo, tomando en cuenta las tasas de desnutrición en las zonas rurales puneñas.

Entonces, sería importante que en la región  se piense no solo en cómo mejorar o aumentar la producción, sino en garantizar que esta vaya de la mano con el cuidado de la biodiversidad, del ambiente y de la seguridad y la soberanía alimentarias.


[1]BAZILE D. et al. (Editores), 2014. “Estado del arte de la quinua en el mundo en 2013”: FAO (Santiago de Chile) y CIRAD, (Montpellier, Francia), 724 páginas.