Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

La podredumbre alcanza a todo el gremio

“¿Va Ud. a misa?”, “¿por qué no se ha casado aún?” fueron dos de las absurdas preguntas que recuerdo me hicieron los honorables miembros del CNM durante la entrevista que me hacían cuando postulaba, ya hace varios años, al nombramiento para Fiscal en Cajamarca. Aunque las preguntas me desconcertaban no me sorprendían, había visto varias entrevistas y, preguntas de este estilo, insulsas, improbables e inverosímiles eran muy comunes. Mi primera y única experiencia en esta pretensión, me dejó dos cosas claras, el sistema de evaluación para jueces y fiscales adolece de un serio problema de rigurosidad y formalidad, sobre todo en esta última etapa de entrevistas y, el Consejo Nacional de la Magistratura es un órgano donde definitivamente ha permeado la corrupción. Este sistema tan arbitrario de evaluación y ratificación de magistrados daba cuenta de eso, además de toda la serie de circunstancias cuestionables que se movían en torno al mismo.  Para entonces ya se hablaba de “tarifas” para ser nombrado, se conocían los nexos de los magistrados, y sus posturas político-partidarias, lo cual era fundamental para los nombramientos en puestos estratégicos. Años después nada de esto ha cambiado, por el contrario, la percepción es que este sistema corrupto se ha profundizado y peor aún se ha afinado.

Entonces, el mega escándalo de los audios, no hace sino poner en evidencia con pruebas tangibles una corrupción que ya se conocía.  Por ello los menos sorprendidos y crispados somos quienes de alguna manera formamos parte de este sistema de justicia. Y me refiero al gremio de abogados y abogadas, porque absolutamente todos sabíamos lo que pasaba, y nos acostumbramos a convivir con ello, a naturalizarlo como un componente más de la administración de justicia, sin atrevernos a confrontarlo de manera decidida, sistemática, y colectiva; peor aún, progresivamente el viejo adagio de “si no puedes con ellos, úneteles” ha cundido en el medio. Hoy muchos operadores de justicia se enrolan y se vuelven engranajes de este tejido corrupto como mecanismo práctico de sobrevivencia y conveniencia dando paso a lo que Luis Pásara ha denominado un sistema de “tribus judiciales”, que se integran en redes desde el abogado litigante y el secretario judicial, hasta el más alto magistrado y claro está, a quienes tienen el poder de colocarlos o sacarlos.

Será por eso que ante estos escandalosos hechos, los involucrados aparecen “tranquilos y orondos” como textualmente ha dicho el consejero Nogueira, y no exhiben la menor vergüenza, pues se sienten blindados sabiendo que tienen redes que van a protegerlos.  Será que sabe que aún frente al peor escenario de sanción y destitución podrán reciclarse en algún otro cargo, gracias a que estas estructuras putrefactas están bien organizadas y compactadas. 

Por ello, si bien hay una esperanza de que estemos frente la gran oportunidad de cambio y reforma, de cercenamiento de lo pervertido de la administración de justicia, no podemos dejar de mantener el temor de la posible impunidad, de la posibilidad de que esto no alcance a liquidar este modelo tan corroído y extendido a todo el sistema.

Si queremos lograr lo primero tenemos que consolidar un movimiento de sociedad civil consistente, sistemático y vigilante que presione y exija reales cambios, pero otro gran actor es nuestro propio gremio, desde el cual debemos empezar a marcar la línea de cambio, sin temores, sin silencios, con acciones concretas y directas que demuestren que hay disposición a de manera decidida y corporativa a luchar contra este cáncer.

No fui juez o fiscal no solo porque me rehusaba a ir a misa o casarme en ese momento, sino porque no accedí a los chantajes sexuales de un conocido Fiscal decano de ese entonces, que intentó, como lo hizo con otras jóvenes abogadas, darme el cargo a cambio de mi cuerpo y mi dignidad. No lo intentaría ahora porque desde mi perspectiva, es importante luchar contra ese sistema putrefacto que mientras no se transforme seguirá agrediendo la verdad, la dignidad, la vida misma de las personas y sobre todo violentando la Justicia misma como valor fundamental.