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Una publicación de la asociación SER

La no prorroga del Protocolo de Kioto

En las últimas Conferencias de las Partes (COP) del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, no se ha llegado a consensos que permitan un instrumento jurídicamente vinculante que regule el tema de las emisiones de gases efecto invernadero (GEI) y proponga compromisos concretos que mitiguen los efectos del cambio climático, así como permita cerrar la fase de aplicación del Protocolo de Kioto, que tiene una vigencia hasta el 2012, es decir el presente año.

El hecho concreto de darle un segundo periodo al Protocolo de Kioto, y las negativas de los países desarrollados  o responsables de la mayor  emisión de GEI, esta por llevar a un nuevo y reiterativo fracaso en las negociaciones, fundamentalmente debido a que no existe voluntad política de tomar decisiones concretas y responsables; llevando en estos momentos  a que la negociación en la COP 18 al fracaso. Un posible segundo periodo de vigencia del Protocolo de Kioto se visibiliza complicado, más aun en un contexto de crisis, post crisis económicas mundiales, cambios sustantivos en regímenes políticos y surgimiento de nuevas potencias, todo esto y en concreto demuestra la falta de compromiso de quienes gobiernan nuestro planeta.

Los ya 18 años de COP sobre Cambio Climático evidencian el poco compromiso, los intereses económicos sobre cualquier otro tema, y lamentablemente nuestra voraz política de crecer al infinito … lo que es imposible; y el darle un segundo periodo al Protocolo de Kioto, no es más que una respuesta al fracaso de las diversas negociaciones y la última opción  en este proceso.

En esta semana continúa en Doha, la 18 COP cuyo reto permanente ha sido en los últimos años crear un nuevo marco “justo y eficaz” para abordar el cambio climático, lo que ha fracasado y difícilmente tendremos respuestas concretas.

Un caso concreto del que fuera un país anfitrión en el proceso de cierre de negociaciones en 1997, Japón, resulta  de particular interés analizar, quien mantiene hoy en día su rechazo a prolongar los compromisos del Protocolo de Kioto para un nuevo periodo, aunque sus oficiales han señalado que continuaran con sus inversiones contra el cambio climático. Si bien Japón redujo sus emisiones de GEI y destinado hasta 17.400 millones de dólares en ayudas a los países en desarrollo, especialmente a aquellos que están esforzándose en reducir sus emisiones o son particularmente vulnerables al cambio climático. En el marco del Protocolo de Kioto, comprometía a Japón a reducir sus emisiones un 6 % respecto a los niveles de 1990, aunque en 2009 el Gobierno japonés fue más allá y estableció la ambiciosa meta de reducirlas un 25 % para 2020.

Si bien este caso podría resultar importante a nivel mundial, lo cuestionable y concreto es que nos quedaríamos sin un marco internacional que OBLIGUE a los países a continuar con el proceso de reducción de sus GEI, con metas concretas y fiscalizables y/o verificables; asimismo no debemos olvidar a los países emergentes y nuevas potencias como el grupo BRIC que han incrementado de manera considerable sus emisiones de GEI y requieren responder de alguna manera y mantener sus emisiones, y plasmar obligaciones respecto de tecnologías limpias que les permitan crecer sin llevar a nuestro planeta a una situación insostenible.

Finalmente podrán haber iniciativas voluntarias importantes y pero si un marco legal internacional que obligue y fiscalice, estamos hablando de buenas voluntades, que ante la primer crisis, difícilmente hará que todos respondamos y asumamos nuestros compromisos respecto al cambio climático, pero de manera diferenciada, como mandan los principios reconocidos por todas nuestras naciones.