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Una publicación de la asociación SER

La ilusión de las firmas (2)

En mi artículo de hace dos semanas planteé una crítica a la decisión de un  grupo de organizaciones de izquierda  de dedicar su esfuerzo de los próximos meses a recoger firmas para conseguir su inscripción legal.  Quisiera explicar un poco más mi opinión.

¿Aprenderemos de los errores cometidos?

Las declaraciones brindadas por voceros de la recientemente conformada “Fuerza Ciudadana”, agrupación  de la que forman parte políticos y profesionales que apoyaron a Ollanta Humala y que tuvieron gran protagonismo durante el Gabinete de Salomón Lerner Ghitis,  no han dado  una explicación satisfactoria sobre cuáles son los errores que deberán evitar cometer para que en el futuro no resulten nuevamente desembarcados.

Sin duda, una de las razones de la salida de este sector de la izquierda del gobierno  tiene que ver con el creciente predominio de un grupo de ministros –con el respaldo presidencial-  que apuesta a darle continuidad al modelo económico, bloqueando cualquier cambio sustantivo que  modifique aquellos aspectos de las reglas de juego establecidas que afecten las favorables condiciones con las que las grandes inversiones vienen operando en el Perú, y  pongan  en riesgo el “equilibrio macroeconómico”. Para este grupo la agenda social y ambiental debe subordinarse, así ello afecte seriamente a la gente y al ambiente, así genere conflictos. El caso de Conga es emblemático, pero recientemente se han sumado la huelga magisterial y la de los médicos del sector Salud, como prueba patente del poco interés existente por mejorar la provisión de servicios públicos tan importantes como lo son la Educación y la Salud. Pero es un error achacar a este sector del gobierno toda la responsabilidad en el desplazamiento del gabinete Lerner.

Tal vez el principal problema  del grupo de personalidades de izquierda fue su excesiva confianza en que era suficiente tener acceso a quien detenta la autoridad o tener buenas ideas,  perdiendo de  vista o subestimando la necesidad de fortalecer  el vínculo con aquellos sectores sociales o de la opinión pública, más interesados o sensibles a las reformas que Gana Perú ofreció realizar durante la campaña electoral. Durante los primeros 6 meses de gobierno de Ollanta Humala se hizo palpable la gran distancia entre esta izquierda y los sectores que tenían gran expectativa en esos cambios. Esta situación, no ha cambiado y pareciera que no es una de las principales preocupaciones de la agenda de esta nueva agrupación.

Superar la distancia con los ciudadanos. ¿Es posible?

Sin duda que esta distancia no es un problema exclusivo de las agrupaciones que conforman Fuerza Ciudadana.  Es un problema  generalizado de la política. Pero es más estratégico  para quienes apuestan por cambios que favorezcan a los sectores  populares y que pretenden modificar el sentido común  que nos dice que el mercado y la inversión privada son las varitas mágicas de nuestro futuro.

Sin duda esta distancia no se resuelve en pocos meses,  tampoco se reduce a mejorar las relaciones entre políticos y dirigentes sociales, o a incorporarlos orgánicamente en el frente constituido. Requiere de un trabajo dedicado, sistemático, especialmente de una presencia efectiva en la cotidianeidad y preocupaciones de las personas que forman parte de estos sectores: sus actividades, festividades y luchas. 

A la vez esto no es suficiente si es que no se cumple una función sustancial de la Política: ofrecer, proponer, consultar, construir juntos soluciones y visiones del futuro del distrito, de la provincia, de la región, del país.

Se trata de una relación cara a cara, pero de una atención mayor y más sistemática a los mensajes (contenido y medio) masivos y particulares que se quiere comunicar.  Las elecciones pasadas mostraron la importancia de esta dimensión de la relación entre política y ciudadanos, que gestionada responsablemente  no debería llevar a las transformaciones  que hemos sufrido entre el discurso del candidato y el del gobernante.  

En estas circunstancias  lamentablemente, hay que decirlo, conseguir firmas se convierte en una meta matemática antes que política: es decir se requieren  400 mil firmas válidas y casi no importa cómo se las consiga. Las firmas importan más que haber dialogado/atraído  a las personas a las ideas o propuestas de la agrupación que busca su reconocimiento legal.

Es cierto que esta perversión en la relación entre los políticos y los ciudadanos tiene como uno de sus orígenes la legislación que obliga a los primeros a recoger firmas y establecer  locales, en vez de exigirles demostrar que son organizaciones vivas y que tienen relación con la gente. El problema se complejiza por el hecho que un buen grupo de ciudadanos  ha perdido toda expectativa en los políticos y sólo buscan “ganarse alguito”  de la relación con ellos.  Ahora una firma vale un paquete de galletas, una bolsa de fideos…

Resistir pero especialmente proponer y  “resolver”

Un asunto igual de importante para fortalecer  una relación de larga duración entre políticos y ciudadanos es el que tiene que ver con lograr condiciones de bienestar –en el sentido más integral de la palabra- para los ciudadanos.

La lucha en Cajamarca en contra del proyecto Conga puede resultar un buen ejemplo de los que señalamos. Es indiscutible que en dicha región existe un importante sector de la población que no ve con buenos ojos a la empresa Yanacocha y a la actividad minera, y eso se ha demostrado en la activa resistencia al inicio de las operaciones del mencionado proyecto, y es meritorio el trabajo del grupo de dirigentes y autoridades que han sabido leer este sentimiento y liderar esta protesta.

Sin embargo, esta posición de los dirigentes políticos, tarde o temprano, será insuficiente si no se propone a la población ideas y propuestas concretas que enfrenten a las condiciones de pobreza, de postergación del campo y de debilitamiento de las actividades agropecuarias, que a su vez generen los recursos necesarios para  que los servicios que debe ofrecer el Estado mejoren permanentemente. Es el flanco débil de las autoridades regionales que cuestionan la actividad minera pero que no logran mostrar consistentemente en qué consiste su propuesta de hacer de las actividades agropecuaria y turística el eje del desarrollo de esa región.

Pensamos que la opción de quienes apuestan por el desarrollo regional sobre la base de estas actividades es factible, pero es evidente  que esta opción requiere de un desarrollo programático y su plasmación en políticas públicas aún está pendiente.