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Una publicación de la asociación SER

La ilusión de las firmas

Convocar en primer lugar, a distintas fuerzas políticas de izquierda que han expresado en el pasado diferencias significativas, a recolectar firmas para participar en las futuras elecciones, puede resultar siendo un serio error que, a la larga, complique la conformación de una real propuesta política para el país desde ese lugar del espectro político.   

La decisión de hacer de la recolección de firmas la principal tarea, cuando existe una organización que ya cuenta con la inscripción legal,  puede ser explicada como expresión de la gran desconfianza que existe entre las fuerzas de izquierda. Esto las lleva a preferir no depender de este título que, ante cualquier desavenencia, hace que corran el riesgo de perder el tren electoral o ubicarse en una posición poco atractiva.

La tarea que deben acometer- recolectar alrededor de medio millón de firmas- no es para nada un pequeño esfuerzo y requiere de una organización y logística que afectará a  las organizaciones comprometidas en su capacidad para atender adecuadamente la elaboración programática, la presencia en la actividad política en la coyuntura y  la gestión de los organismos públicos en los que se hallan presentes, que son en realidad los  espacios en los que se construye efectivamente un discurso coherente  y una fuerza política cohesionada.

Claro, esto no sería un problema si es que la idea predominante entre ellas fuera que el debate programático es tarea de unos cuantos; que la vocería y la iniciativa política pública es propiedad de los ya conocidos o de los más vivos, y si además, la gestión de municipalidades y otros organismos públicos es sólo responsabilidad de quienes son autoridades o funcionarios.