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Una publicación de la asociación SER

La “ideología de género” en perspectiva mundial

“El incremento de la automatización asociado a la Cuarta Revolución Industrial afectará no solo a la economía, sino también a la humanidad. En este contexto, debemos crear un mundo en el que los ideales y las aportaciones de las mujeres tengan tanto valor como los de los hombres. La igualdad de género en nuestro pensamiento y nuestras acciones tendrá una crucial importancia en asegurar que el futuro esté al servicio de la humanidad, no amenazado por ella”

Klaus Schwab, fundador y director ejecutivo del Foro Económico Mundial.

 

El debate nacional ha estado plagado de conceptos bastante inverosímiles. Desde un congresista diciendo que “la prueba PISA es un psicosocial para defender al Ministro de Educación” pasando por “el tema de los BRICS en el Reino Unido que nos ha llevado a un impacto que vamos a sentir luego” y terminando con la Declaración de Lima firmada por el alcalde Luis Castañeda Lossio “contra el intento de imposición de la ideología de género”. En un mundo donde hay dos jefas de Estado en el G7 (Theresa May y Angela Merkel), Christine Lagarde es la directora del Fondo Monetaria Internacional, Margaret Chan es la directora de la Organización Mundial de la Salud, Helen Clark dirige el Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas y hasta hace unos meses Sri Mulyani Indrawati encabezaba el Banco Mundial, en el Perú aún seguimos debatiendo si debemos procurar igualdad de oportunidades para hombres y mujeres que, al fin de cuentas, se denomina de manera imprecisa como ‘ideología de género’.

Diversas organizaciones e iniciativas mundiales vienen elaborando estadísticas y diagnósticos sobre esta situación. Una de los más importantes, y que permite además la comparación regional y a través del tiempo de los países comprendidos en la muestra, es el Informe Global sobre la Brecha de Género. El Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) recoge información desde 2006 a fin de observar el desempeño de 145 países respecto de la distribución de sus recursos y oportunidades de manera equitativa entre mujeres y hombres en cuatro áreas: participación y oportunidades económicas (salarios, participación en la fuerza laboral y posiciones de liderazgo), educación (acceso a niveles básico y superiores), salud (supervivencia y proporción hombre-mujer), y empoderamiento político (representación en estructuras de toma de decisiones).  

A pesar de los avances a nivel mundial, tardaremos 118 años para que hombres y mujeres logremos ganar la misma cantidad de dinero por realizar los mismos trabajos. Entre tanto, Perú ocupa el puesto 89 de 145 siendo las brechas económica y política las más evidentes. Sin embargo, existe un rubro donde Perú ha logrado cerrarla: la educación. Sorprendentemente, no solo hay igual número de mujeres y hombres accediendo a la educación, sino que en el caso de las universidades e institutos superiores hay una ligera mayoría de mujeres. Evidencia que además he logrado constatar como estudiante universitaria hace varios años, y recientemente como docente. De acuerdo al Atlas de la Educación de la UNESCO, esta tendencia ocurre porque las mujeres requieren más preparación para alcanzar los mismos puestos que los hombres. Eso se explica una vez que llegan al nivel más alto de la pirámide educativa: los doctorados. Son menos las mujeres que logran terminarlos e insertarse en el campo de la investigación y la docencia. Otra experiencia que puedo observar de cerca. Aunque las mujeres fuimos mayoría durante el pregrado y la maestría, somos un grupo minoritario en el doctorado, y aún menor, en la docencia. Algunas de las razones detrás de este fenómeno son el rol tradicional de las mujeres en la asistencia familiar, la falta de acceso a financiamiento doctoral y postdoctoral para investigadoras con hijos, conductas machistas que inhiben el ascenso profesional, entre otras.

La evidencia es bastante concluyente sobre los beneficios de fomentar la educación en igualdad de condiciones. Asegurar que hombres y mujeres tengan las mismas oportunidades en la educación tiene efectos en la economía y la salud. Por ejemplo, un estudio con información de 175 países a través de 40 años revela que por cada año de educación formal para las mujeres en edad reproductiva, la mortalidad infantil se reduce en 9.5%. Por un lado, existen esfuerzos por parte de los gobiernos a través de los distintos ministerios que diseñan y ejecutan políticas orientadas a alcanzar cerrar las brechas en el acceso a oportunidades. Mientras que por otro lado, iniciativas como el Programa para la Paridad de Género del Foro Económico Mundial financiado por aliados poco convencionales como la Coca-Cola Company, EY, PwC, Renault-Nissan Alliance, SABMiller, Bank of America y Bloomberg que promueven las buenas prácticas en organizaciones públicas y privadas. Es decir, apostar por la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres es una problemática mundial que involucra a distintos actores nacionales, internacionales, públicos y privados.  Afortunadamente, un 85% de los peruanos está de acuerdo con incorporar esta perspectiva en el actual Currículo Nacional de Educación Básica del Ministerio de Educación dirigido por Jaime Saavedra. Tal parece que la mal llamada “ideología de género” es una tendencia global que ha venido para quedarse. ¿Y usted, bajo qué condiciones busca que se desarrollen los niños y niñas del Perú?

Denisse Rodríguez Olivari pertenece a la Plataforma Comadres, espacio que busca posicionar el trabajo de las mujeres en el análisis de la política nacional e internacional.