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Una publicación de la asociación SER

La Haya no es una final de fútbol

“El próximo fallo de La Haya deberá determinar dos cosas fundamentales: a) el curso del límite marítimo entre los dos Estados de conformidad con el Derecho Internacional y b) si el Perú posee derechos soberanos exclusivos en el área marítima situada dentro del límite de 200 millas marinas de sus costas y más allá de las 200 millas marítimas de las costas de Chile” (texto copiado de la cartilla informativa del Ministerio de Relaciones Exteriores).

Pero pareciera que estuviéramos a la espera de una final de fútbol entre Perú y Chile. Las propuestas van desde embanderar las casas peruanas hasta declarar feriados locales y recibir el fallo con pantallas gigantes. Lo cierto es que el venidero fallo de La Haya ha despertado los más recónditos chauvinismos en algunos personajes públicos y en algún sector de la sociedad civil peruana. Pero, ¿está justificado este excesivo nacionalismo?

Sí, la Guerra del Pacífico nos dejó un amargo sentimiento de derrota. Perdimos territorios y fuimos invadidos hasta el tuétano, hechos que demostraron la ineficiencia de la diplomacia del siglo antepasado. Sin embargo, los peruanos (y también algunos líderes chilenos) debemos tener en cuenta que estos sucesos ahora pertenecen al pasado, a la historia de dos países (tres, con Bolivia) que alguna vez se vieron envueltos en diferencias por intereses sobre recursos naturales. Hoy en día el nivel de la relación bilateral es bastante alto: existen intereses comerciales que superan los miles de millones de dólares en ambas direcciones, intereses culturales, fronterizos y hasta de aspectos de seguridad que los unen frente a fenómenos ilícitos.

No obstante, en caso el fallo sea favorable para el Perú, que Chile lo acate no va a ser cosa fácil. Pero sí puede ser relativamente más fácil que el Perú acate el fallo de ser favorable al vecino país del sur. La cuestión es simple: Chile tiene algo tangible que perder, mientras que el Perú se enfrenta a un escenario de continuidad y tradición, en caso “things go south” (aunque podríamos ir al Consejo de Seguridad para exigir el cumplimiento de la sentencia, y ahí la situación cambia de consenso a coerción). Pero sí, eventualmente para Chile existiría un alto costo en el sistema internacional (que involucra aspectos de reputación política) de no acatarlo. Estoy convencido de que Chile acatará el fallo así sea desfavorable para ellos; pero, si sucede esa contingencia, los procedimientos para hacerlo se dilatarán por varios años más aún.

No es prudente hacer demostraciones militares en la frontera marítima una vez conocida la sentencia, así como tampoco es prudente exacerbar los ánimos nacionalistas con banderas y pantallas gigantes antes de conocerla.