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Una publicación de la asociación SER

La desigualdad educativa en tiempos del COVID-19

Foto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

Luciana Reátegui. Socióloga especializada en temas educativos. 

La cuarentena obligatoria suscitada por la pandemia del COVID-19 ha obligado al Ministerio de Educación a adoptar acciones rápidas y sin precedentes para asegurar la continuidad de la enseñanza de niñas, niños y jóvenes en edad escolar. En este marco, la estrategia Aprendo en Casa contempla una serie de medidas para lograr una efectiva educación a distancia mientras dure la emergencia sanitaria. Sin embargo, pese a las buenas intenciones detrás de estas políticas y la celeridad en su implementación, su eficacia será limitada dadas las condiciones sociales preexistentes en las que se ha venido desarrollando nuestro sistema educativo.

Si bien la educación virtual ha quedado como uno de los puntos a ser trabajados como parte de la estrategia, no es el eje principal, y es acertado que sea así. Esto debido a que la educación virtual es un mecanismo sólo accesible para una porción muy reducida de la población. No es, ni podrá ser, una opción viable para afrontar esta crisis en un escenario de mediano y largo plazo. Según el Censo Nacional 2017, en el Perú solo el 34% de los hogares cuenta con computadoras y sólo el 28% tiene acceso a internet. Este porcentaje, aunque ya dramático para un sistema educativo que exige trasladar el aula dentro de casa, se vuelve bastante más angustiante para las niñas, niños y adolescentes de hogares rurales, en donde sólo un 3% de ellos cuenta con computadoras.

En ese sentido, es pertinente que la estrategia “Aprendo en Casa” utilice medios de comunicación no digitales para llegar a más estudiantes. No obstante, en zonas rurales el 10% de los hogares cuenta con equipo de sonido y el 29% con televisión. Es decir, la utilización de estos medios resulta siendo una opción más inclusiva, pero continúa siendo insuficiente. Como ha anunciado el ministro Benavides, se vienen contemplando medidas complementarias que permitan que la educación a distancia sea realmente efectiva para toda la población del país como, por ejemplo, el reparto de material educativo a través de las Unidades de Gestión Educativa (UGEL).

Por lo pronto, las clases presenciales empezarán el 3 de mayo. Los estudiantes de zonas rurales retornarán a sus escuelas sin computadoras, sin internet y, en el 20% de los casos, sin electricidad. Los y las estudiantes que no tuvieron la posibilidad de acceder a las clases vía televisión, radio o internet durante la emergencia sanitaria, estarán atrasados en sus aprendizajes y, por ende, se encontrarán en una desventaja respecto a los que sí tuvieron este acceso

De extenderse la pandemia y las medidas de cuarentena el sistema educativo peruano se encontraría frente a un desafío casi imposible de afrontar. Más allá de la infraestructura y el equipamiento, la emergencia del COVID-19 también plantea preguntas relacionadas a la calidad y medidas para evitar la deserción de estos niños, niñas y adolescentes que residen en zonas rurales ¿estamos preparados para asegurar que el estudiantado continúe dentro del sistema educativo y que la calidad de su educación esté garantizada?

Si bien nos encontramos en un momento especial, no olvidemos las cuestiones de fondo que la pandemia ha puesto relucir: brechas territoriales que se han ido acumulando durante muchos años y que han puesto límites claros en el acceso igualitario a la educación. Brechas que, pese a las buenas intenciones, no serán resueltas en una cuarentena y, mucho menos, con distanciamiento social.

Esta semana la columna de Comadres cuenta con la colaboración especial de Luciana Reátegui. La Plataforma Comadres es un espacio que busca posicionar el trabajo de las mujeres en el análisis de la política nacional e internacional.