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Una publicación de la asociación SER
sociólogo, maestro en ciencias sociales por FLACSO-México y doctor en sociología por la UNSAM-Argentina. Profesor de la UNMSM

La deriva del “Partido del Pueblo” (II)

Foto: Laprimera.pe

El pasado 3 de abril compartí en este portal una reflexión en torno a la actual crisis del aprismo. La hipótesis que propuse fue que esta crisis está vinculada -entre otros factores- a la transformación que ha experimentado la identidad aprista, a partir del segundo gobierno de Alan García (2006-2011), la cual implicó un distanciamiento de su tradición nacional-popular. Y esto ya que durante dicho período, García buscó legitimar las políticas de libre mercado a través de una actualización de la “doctrina aprista”, sin trastocar la hegemonía neoliberal.

Entre el 3 de abril y el día de hoy ha ocurrido el inesperado suicidio de Alan García. Quisiera en tal sentido, que esta segunda entrega contribuya a la reflexión sobre los desafíos que se presentan al Partido Aprista en esta nueva etapa que inicia. También quisiera referirme a la respuesta que motivó mi anterior columna, escrita por Enrique Valderrama y publicada el 13 de abril también en este portal. Celebro la posibilidad de intercambiar ideas y debatir. Apelando a la consideración del autor, terminaré de desarrollar mi hipótesis y prometo que en una siguiente entrega me detendré en su crítica. Solo adelantaré que considero que su respuesta abona a mi hipótesis.          

En nuestra anterior columna sostuvimos que lo nacional-popular se caracteriza por tres elementos: una pretensión hegemónica, una partición de la comunidad política y un juego regeneracionista. Con relación al primer elemento, dijimos que el aprismo no ha perdido pretensión hegemónica, solo que desde su segundo gobierno ésta ha asumido las coordenadas del neoliberalismo.[i] Las re-significaciones de nodos discursivos claves del discurso político aprista, tales como “desarrollo económico”, “democracia social” y “Pueblo”, evidencian la subordinación del imaginario aprista a la hegemonía neoliberal.[ii]

Con relación a la partición de la comunidad política, durante el segundo gobierno aprista las representaciones del Pueblo (como entidad imaginaria vale recordar) fueron radicalmente distintas a las que podemos encontrar en el aprismo auroral o en el primer gobierno aprista (1985-1990). En las diferentes columnas de opinión y mensajes a la nación que dio Alan García, el Pueblo ya no aparecía como la expresión de un “Frente único” de trabajadores manuales e intelectuales que comparte una misma voluntad política, sino más bien aparecía como un mosaico de alteridades, un sujeto social despolitizado, pero eso sí, convencido de las bondades del libre mercado. La figura paradigmática de este Pueblo era el empresario popular, el emprendedor, generador de inversión y desarrollo. Además, este Pueblo ya no era dañado por una oligarquía (terrateniente o financiera como otrora señalaba el aprismo), sino por el “anti-sistema”.[iii]  

Según el discurso del segundo gobierno aprista, los grupos anti-sistema eran una minoría frente a la inmensa mayoría de peruanos que estaban por el desarrollo y la justicia social. “Antidemocráticos e irracionales”, los grupos anti-sistema estaban interesados en entorpecer el desarrollo nacional con una prédica estatista e ideológicamente contaminada. Estos grupos eran capaces –siempre según el discurso del segundo gobierno aprista- de complotar constantemente contra los intereses de la patria.

La imagen que construyó García del anti-sistema fue la de un sujeto enfermo, que sufre el “síndrome del perro del hortelano”. La metáfora de García refiere al personaje de la historia de Lope de Vega, del cual se decía que “no come ni deja comer”. En el discurso de García el “perro del hortelano” es aquel sujeto incapaz de hacer rentables los recursos naturales con los que cuenta y que, a su vez, entrampa la iniciativa de aquellos que sí tienen los medios (capital, crédito, etc.) para hacerlo. El anti-sistema es quien está atrás de los conflictos sociales que se generan en el país, desinformando y manipulando.

El segundo gobierno aprista vinculó al anti-sistema (dirigentes sindicales, políticos de izquierda y pobladores organizados en frentes de defensa) con el caos y la violencia, presentando una relación metonímica entre aquél con lo viejo – lo pasado – el anticapitalismo – el comunismo – el fracaso. En tal sentido, si bien el discurso político de este gobierno tuvo la habilidad para definir a su adversario, la frontera política que esta definición implicó asumió tal rigidez que limitó su capacidad regenerativa. Una frontera política al volverse rígida (o menos porosa) imposibilita que las articulaciones de sentidos operen en direcciones diferentes.[iv] Así, al definir rígidamente su frontera política, el APRA produjo una lógica política excluyente.

De lo hasta aquí planteado podemos concluir que dos factores distancian al APRA contemporáneo de su tradición nacional-popular: la despolitización del Pueblo (como entidad del imaginario) y la renuncia al juego regeneracionista frente a quienes denominó los grupos “anti-sistema”. Ambos factores articulados a la apuesta aprista por legitimar la profundización del modelo de desarrollo aplicado en el Perú desde los noventa.

Está claro que toda identidad política experimenta transformaciones, que no son estáticas (de ahí lo absurdo que sería proponer que se retome la identidad aprista propia de los años 30 del siglo pasado), en tanto están condicionadas por determinados procesos históricos. El punto acá es que un aggiornamento en la identidad política supone tomar posición ante la “escena contemporánea”. El APRA de hoy ha tomado posición por la profundización del modelo de desarrollo hegemónico en el Perú desde los noventa, en otras palabras, por no cambiar el modelo. En tal sentido, el APRA se ha tornado conservador. Si entre sus militantes aún pervive –como creo que es el caso- la opción por la transformación social, pienso que recrear su tradición nacional-popular sería de mucha utilidad, no abandonarla.

 

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[i]                      El texto “La Revolución constructiva del aprismo. Teoría y práctica de la Modernidad” escrito por Alan García y publicado el 2008 es sumamente elocuente al respecto.

[ii]                     Estas re-significaciones se pueden encontrar no solo en “La Revolución constructiva del aprismo”, sino también en las diferentes columnas de opinión y mensajes a la nación dados por Alan García durante su segundo gobierno.

[iii]                   Recordemos que en “El futuro diferente: la tarea histórica del APRA” escrito por Alan García y publicado en 1982, se señala al capitalismo financiero como un sector clave dentro de los grupos de poder.

[iv]                    Laclau, 2006.