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Una publicación de la asociación SER

La cruel incertidumbre de los varados en el extranjero

Foto: Un grupo de peruanas varadas en el aeropuerto de Cancún. (AFP / Elizabeth Ruiz)

Cruz Silva del Carpio. Abogada.

Desde el 26 de abril estoy en condición de varada en Ciudad de México, fecha en la cual debía retornar al Perú, cosa que no he logrado hasta la fecha porque desde el 16 de marzo ya no estaba permitido ingresar al Perú por el estado de emergencia por la pandemia del Covid-19

Esto inevitablemente te hace pensar en varias cosas de fondo. Primero, lo valiosa que es la movilidad. ¿Cuántas personas quieren ir a algún lugar, y no pueden? Llegué a México para seguir aprendiendo, y aquí encontré personas que buscaban justicia: a mujeres y hombres, familiares de personas migrantes de Centroamérica y México (e incluso, de Perú), desaparecidas o ejecutadas, que no tienen la posibilidad de buscar a sus familiares en un país y un sistema jurídico distinto; o migrantes que huían de la pobreza, de las guerras civiles, de la violencia, buscando una vida mínimamente digna para ellos y sus familiares (lo que en México es una tragedia, al tratar de llegar a Estados Unidos que hoy es otra tragedia más). Hace unas semanas CLIP ha publicado la travesía de asiáticos y africanos que buscan lo mismo sin encontrarlo, la movilidad es un bien preciado para salvar la vida (que la pueden perder por las condiciones mismas de ese traslado). Migrar es un derecho sea cual sea la razón por la que se migra.

Migrar a donde se quiere es una máxima que pone en evidencia que el concepto de “Estado Nación” no aporta al desarrollo del ser humano y su relación con el mundo, que las fronteras deben ser realmente “vivas” y no muros, que quien está del otro lado no es un diferente, sino un hermano que viene porque quiere o porque lo necesita (y tiene derecho a hacerlo). Es por ello que no se puede más que reprochar que, cuando algunos ecuatorianos se acercaban a nuestras fronteras, el Ministro de Defensa movilizara tanques para que no entren. La razón no era el delito, sino la huida de la pandemia que azotó cruelmente a Ecuador, eran personas desplazadas por salubridad a quienes el Perú los recibió como si fuese la guerra, cuando lo que ameritaba era la recepción (en coordinación interestatal) para brindarles lo que a nadie se le puede negar: la salud.

La movilidad, de quienes quieren ir o regresar, es la vía para un fin superior: la seguridad. Tenía mucha razón la cantante Nina Simone cuando dijo “la libertad es vivir sin miedo”.  El ser humano necesita seguridad y la busca, consciente o inconscientemente. Movilidad, seguridad y libertad, es la razón de ser de quienes quieren migran, y esta es la razón del pedido de quienes estamos varados en diversos lugares del mundo.

Los varados no deben ser minimizados, menos aún en una situación como la que vivimos.  ¿Dónde se sienten seguros quienes han perdido su trabajo en el extranjero, quienes no tienen un seguro de salud en otro país, quienes tienen sus redes de  soporte en otro lado; quienes tienen a sus padres con vida? El menor nivel de contagio y de letalidad del virus o la calidad del sistema de salud del país donde se está, pueden quedar de lado frente a las razones mencionadas.

Hay quienes piensan que los que estamos fuera es porque tenemos recursos –cosa que no siempre es cierta-, y que nuestro reclamo es secundario. Por ello ni siquiera se da respuesta o información básica sobre las posibilidades del retorno humanitario, lo que genera una situación de incertidumbre en los varados. Se entiende que el gobierno tenga prioridades, pero eso no debe impedir que se atienda adecuadamente a quienes queremos volver al Perú.

Se ha hecho mucho desde el Ministerio de Relaciones Exteriores, pero se debe hacer mejor. Hay muchos varados que solo reciben de nuestros consulados un pedido de espera con cero información oficial. Por mi experiencia personal y otros varados, sé que no hay información abierta y concreta de qué gestiones se están haciendo, si hay vuelos programados, si hay una lista  priorizada y si se está en ella. Esa información es básica y no se encuentra en la web oficial. Así, recibir la llamada o el correo electrónico en el que te informan que puedes subir a un vuelo humanitario es tan incierta como sacarse la lotería, y las desconfianza crece cuando ves que hay dinero asignado para las repatriaciones pero nadie explica en qué se invierte, por qué se escoge a tales proveedores, o cuando te enteras que sale un avión y ni siquiera avisaron del mismo (te toque o no subir). Esto genera una búsqueda de vuelos -paralela y legítima de los varados- sobre los que te enteras por canales no oficiales, pero a quienes acceden solo quienes tienen dinero.

Es urgente acabar con la incertidumbre de los varados, es imprescindible que el gobierno cree un canal adecuado y único de información y sobre todo que garantice y asegure el retorno de todos. Nuestra libertad y seguridad no puede seguir mantenida entre paréntesis.