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Una publicación de la asociación SER

La crisis de los paperos y la inacción del gobierno en medio de la pandemia

Foto: Thomas O'Neill/NurPhoto, vía Getty Images

Eduardo Zegarra, Economista e Investigador principal de GRADE

Nuestros productores de papa la están pasando muy mal.  Este 2020 será uno de los peores años para miles de pequeños agricultores familiares que dependen de este cultivo para generar sus ingresos. Esta triste realidad no es nueva y se parece mucho al año 2017 cuando el precio de la papa blanca cayó durante todos los meses del año (ver gráfico), crisis que terminó en un paro agrario con movilizaciones de miles de paperos empobrecidos de la sierra central (enero de 2018). 

Gráfico: Precio mayorista en Lima de papa blanca

Precio papas

Fuente: GMML

Luego de este episodio quizás recuerden a un fugaz ministro de agricultura del gobierno de PPK que decidió comprarle papa directamente a los productores afectados (por 50 millones de soles), recursos que a la fecha no se sabe bien si llegaron o no a los paperos que se supone debían ser beneficiados. Lo cierto es que esta historia se repite pero ahora en un escenario mucho más complicado por la pandemia, con la fuerte caída de la demanda en las ciudades (particularmente en Lima) y un gobierno que no atina ni a entender ni a encarar el problema.

Diversos reportes del interior del país indican que el precio que están recibiendo hoy por el kilo de papa blanca los productores está entre 20 a 30 céntimos, mientras en el mercado mayorista de Lima el precio llega a 50 céntimos.  El costo de producción promedio de la papa blanca es de 70 céntimos, con lo que los productores están perdiendo hasta 70% de su inversión.  Esto es suficiente para devastar el ingreso de decenas de miles de familias paperas, especialmente las de la sierra central (Huánuco, Junín, Huancavelica, Apurímac y Ayacucho) que están articuladas a los mercados urbanos y a Lima. Muchos paperos no podrán pagar sus créditos, ni tener recursos para la campaña actual, e incluso, han empezado a pasar episodios de hambre por falta de ingresos.

Ante esto la respuesta del gobierno ha sido casi nula.  El MINAGRI ha seguido organizando sus llamados "mercados itinerantes", que son experiencias dispersas de limitada capacidad para revertir una crisis de precios de esta envergadura.  En un cálculo sobre la capacidad de estos "mercados" para comercializar productos como la papa, resulta que si tomamos a todos los 900 eventos planificados para los últimos cinco meses, éstos no llegan a movilizar el equivalente a dos a tres días de ingreso de papa blanca al mercado mayorista de Santa Anita.  ¿Cómo pretende el MINAGRI tener algún impacto en esta crisis de los paperos con este tipo de intervenciones desarticuladas y sin mayor evaluación de costo-beneficio?.

Y la crisis actual también refleja en toda su crudeza el fracaso de la supuesta "orientación de siembras" de el MINAGRI. ¿Cómo es posible que este año entre enero y agosto tengamos ingresos de papa blanca a Lima que son 25% mayores al ingreso del mismo periodo del año anterior?.  ¿Dónde estuvo la planificación y orientación hacia los productores en la campaña 2019/20 para evitar este enorme exceso de producción que entra a Lima ahora con una demanda totalmente deprimida por la pandemia?.  ¿Qué va a hacer el MINAGRI en concreto para ayudar a decenas de miles de familias hoy en la quiebra por este desastre?.  Es más, hemos visto con preocupación cómo los funcionarios del sector no tienen empacho en salir a defender las importaciones de papa prefrita y congelada de Europa, tarea que claramente está fuera de sus funciones y levantan sospechas sobre a quién sirve el ministerio a fin de cuentas.

Ya es hora de que el gobierno del presidente Vizcarra diseñe e implemente un real plan de emergencia para atender al muy golpeado sector agrario de nuestro país.  El presidente debe entender que las medidas que viene tomando su ministro de agricultura, Jorge Montenegro, son inadecuadas, inoportunas e inútiles. Hasta ahora no sale ningún crédito de FAE-AGRO (ya pasó más de un mes del inicio de la campaña agrícola actual), y esos fondos para mantener canales que el ministro ensalza no van a generar mayores ingresos para miles de productores empobrecidos.  De un programa masivo de compras de alimentos a la agricultura familiar hasta ahora no escuchamos ni una sola palabra. 

Señor Presidente, es hora de darle a nuestros agricultores y agricultoras (que son los que nos alimentan en plena pandemia) la atención y las políticas de apoyo que se merecen.  Los agricultores no son pobres de una estadística, son productores de alimentos y deben ser tratados como tales en las políticas públicas; y también como ciudadanos con iguales derechos y obligaciones que los que vivimos en las ciudades. No seamos cómplices de este gravísimo empobrecimiento de nuestros agricultores por falta de capacidad y visión de país.