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Una publicación de la asociación SER
Licenciado en Filosofía por la PUCP. Especialista en conflictos sociales con interés en temas de reconocimiento, filosofía política e interculturalidad. Melómano.

La congresista Arimborgo y la ciencia de las mentiras

El filósofo Karl Popper, en el libro “Después de la sociedad abierta”, señalaba que la ciencia no es la acumulación de conocimientos, que ella cambia o crece a través de revoluciones. “El nuevo conocimiento no se añade al antiguo conocimiento, sino lo corrige o destrona”. O sea, lo que hoy se afirma como “verdad científica” mañana podría pasar a mejor vida por otra revelación que la reemplazará por otras afirmaciones o verdades científicas.

Sin embargo, a pesar de lo afirmado por este pensador, me atrevo a afirmar que en estos tiempos de posverdad, éstas no solo se alimentan de noticias falsas, sino que ahora también se ha incorporado el argumento “científico” usado como una suerte de escudo discursivo para intentar revestir de “autoridad académica” a las falsedades que se propalan. Esto es claramente el uso de la “falacia ad verecundiam o falacia de autoridad”. O sea, se apela a la autoridad del prestigio de las ciencias para darle fuerza a una afirmación, teoría o verdad. O mentiras.

Dicho esto, la semana pasada la congresista Tamar Arimborgo presentó una iniciativa legislativa que denominó: “Proyecto de Ley que excluye la ideología de género de todas las políticas nacionales y sectoriales aplicables a todos los niveles de gobierno dirigidas a niños y adolescentes”.

En la exposición de motivos de dicho proyecto se afirma que “la imposición del enfoque de género en las políticas públicas que contiene o esté influenciada por la ideología de género en todo el orbe mundial, basada en conceptos que no tienen ninguna base científica y se oponen a la explicación científica de la sexualidad y comportamiento humano vinculado a ésta, ha ocasionado grave daño a la niñez y la juventud induciéndoles a tener disforia de la identidad sexual…”

Pero la novedad mayor es que se afirmaba que la “imposición del enfoque de género” producía, entre otros males, “cáncer y sida”.

Semejante aseveración asombró por la grave acusación hecha a la implementación que de una política de Estado que busca erradicar prácticas sociales que causan daño a mucha gente. Al interrogársele a la congresista por qué afirmaba ello, esta aseguraba que basaba esa advertencia en “razones científicas” repaldadas por el Colegio Americano de Pediatras de los Estados Unidos.

Más allá de la pobreza bibliográfica del cuestionado proyecto legislativo, llama la atención el lugar común usado y utilizado reiteradamente por aquellos colectivos para “respaldar” sus teorías en su afán de negar derechos: el fundamento científico.

No es gratuita esa apelacion. ¿Quién podría atreverse a poner en entredicho un argumento científico? ¿Cuántos tienen al alcance de la mano información idónea o pertinente para rebatir afirmaciones (no hipótesis) que hacen esos colectivos anti derechos? ¿Quiénes son duchos o expertos para replicar afirmaciones que tienen que ver con asuntos biológicos? Puedo afirmar que son muy pocos.

Si revisamos los discursos del vocero de “Con mis hijos no te metas” cada vez que ataca al enfoque de género en las políticas de educación afirma que «la ideología de género rechaza lo científico”, que «no merece el respeto por ser anticientífico, antihumano», o también que “la ideología de género pretende ocultar la verdad y poner por encima de ella teorías falsas y anticientíficas”. (https://bit.ly/2W9WgOV ).

Pero ¿estos actores estarán seguros de qué hablan cuando apelan a lo científico para defender sus discursos? Porque da la impresión de que cada vez que hablan de la ciencia la piensan con un carácter dogmático. Según la RAE el dogma es una «proposición tenida por cierta y como principio innegable». O un «conjunto de creencias de carácter indiscutible y obligado para los seguidores de cualquier religión». Por ello, ¿la ciencia es un principio innegable o de naturaleza indiscutible? Imposible, la ciencia es dinámica, revolucionaria.

Lo que la congresista Arimborgo y los de “Con mis hijos no te metas” deberían saber que si apoyan sus postulados “en lo científico” también deberán estar dispuestos a aceptar réplicas o que se corrija absolutamente sus teorías o propuestas. Y teniendo en cuenta que lo “científico” le añade a sus “verdades científicas” una naturaleza falible.

Porque, como lo señaló Popper, quienes se justifican en la ciencia «nunca deberían sostener que han resuelto de manera definitiva y para siempre cierto problema, pues puede que mañana una nueva revolución conduzca a una solución muy diferente”. Comencemos el debate…

Foto: © El Comercio