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Una publicación de la asociación SER

La coca: una “papa caliente” electoral

El VRAEM es el área que genera más tensiones políticas en Ayacucho. La confluencia del narcotráfico, el grupo post-senderista de los Quispe Palomino, además de una creciente búsqueda de autonomía administrativa de sus pobladores y autoridades locales que aspiran a convertirla en una nueva región, son los factores que explican la dinámica política/social de este espacio. A esto se añade la estrategia contra la ‘narcosubversión’ aplicada desde el gobierno central y su más reciente decisión: erradicar la producción de coca.

Los candidatos  al gobierno regional tienen la obligación de pronunciarse respecto a esta ‘papa/coca caliente’: ¿Están de acuerdo con la erradicación? ¿Apoyan la estrategia antisubversiva del gobierno? ¿Aceptarían la creación de una nueva región VRAEM? Temas ausentes en la agenda y en los programas de gobierno regionales. Si ocasionalmente son abordados es producto de la acción de ‘copiar y pegar’ planes nacionales. No existe  un esfuerzo de pensar el problema desde la perspectiva local y regional.

Frente a la urgencia de opinión de los candidatos, son probables  tres tipos de respuesta. La primera y más fácil: hacerse el muertito, con riesgo de ahogar la candidatura en las caudalosas aguas del Apurimac. Este recurso al silencio está en función a las denuncias por relaciones con el narcotráfico. Se ha conocido en los últimos días las probables implicaciones de uno de los candidatos en tráfico de influencias en este asunto y pueda que no sea el único  con estos vínculos.

Una segunda opción es usar el ‘populismo regional’ como base del discurso electoral. Ofrecer todo y a todos. No faltará alguno de los candidatos que apoye la no erradicación y que al mismo tiempo esté de acuerdo con la estrategia militar en el VRAEM. Habrá quien  proclame su oposición a cualquier demanda de regionalización pero que busque alianzas con las agrupaciones que la busquen.

Una tercera opción es aquella elaborada coherentemente dentro de un Plan de Gobierno Regional. Ésta opción demanda visión política y no politiquera. Además, obliga a contar con un equipo técnico (un think tank regional) adecuado.  Ojalá que los candidatos opten por esta tercera.