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Una publicación de la asociación SER
Antropólogo con maestría en ciencia política.

La CNDDHH y sus 30 años

En un evento organizado hace pocos días para conmemorar el trigésimo aniversario de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH), entregaron un folleto en el cual se presenta la cronología de este colectivo. Repasar los hitos significativos de estas tres décadas de compromiso con los derechos humanos es hacer un recuento de los principales acontecimientos de la vida política peruana. En todos ellos estuvo presente la Coordinadora. Si me permiten la digresión personal, veo reflejada en esa línea de tiempo buena parte de mi biografía personal.

Allí están la condena inicial contra la violencia senderista (invisible para lectores fujimoristas) y la campaña por los desaparecidos, en la que los organismos unieron su voz a la de los familiares para denunciar los terribles efectos de una lucha contrasubversiva ciega e indiscriminada (mientras algunos preferían colocar carteles en los que informaban que no atendían casos de derechos humanos). También se evocan los espacios de promoción ciudadana, como Perú, Vida y Paz y la Red de Educación en Derechos Humanos y la Paz, así como la promoción de la libertad de los inocentes y las propuestas para la conformación de la Comisión de la Verdad. Están, por supuesto, la oposición democrática al autoritarismo fujimorista, el original y el maquillado de los últimos tiempos, y el rol fundamental jugado en el proceso de recuperación y transición a la democracia, luego de la cobarde huida del hoy quíntuplemente condenado. Y, al final, queda lugar para los nuevos temas de preocupación, como la criminalización de la protesta social, la afectación de los derechos ambientales o la lucha por los derechos de la comunidad LGTBI. Y en todo ello, sin mencionarlo pero como telón de fondo, el acompañamiento personal y judicial a las víctimas de violaciones de derechos humanos.

La fecha es motivo para recordar a quienes iniciaron el camino, muchos de los cuales aún continúan en él. Quiero hacer mención especial y muy afectuosa de la entrañable Pilar Coll, primera Secretaria Ejecutiva, quien con su sencillez y tenacidad ayudó a moldear una acción que se ha señalado como ejemplo de unidad en el movimiento latinoamericano por los derechos humanos. Rosa María, Susana Villarán, Sofía Macher, Pancho Soberón, Pablo Rojas, Ronald Gamarra y Rocío Silva Santisteban han encontrado, en sus respectivos períodos, formas de continuar y renovar esta forma de trabajo unificado. Y detrás de estos nombres públicos, se debe reconocer a los centenares de defensores y defensoras de derechos humanos que, a veces en condiciones riesgosas, asumieron el compromiso vital de actuar en solidaridad con quienes fueron vulnerados, a través del litigio, la educación o el simple – pero muy importante – acompañamiento.

Este breve recuento debiera servir para entender que este no es solo el aniversario de una colectividad organizada, sino de un impulso ciudadano existente en el país, que pugna por generar condiciones para una vida digna y con justicia. En estas fechas recordamos el esfuerzo conjunto mostrado por las organizaciones que conforman la Coordinadora, pero su iniciativa es expresión de corrientes más amplias a favor de la democratización en el país. Por ello, el aniversario es una oportunidad para reflexionar sobre los avances y desafíos en estos procesos mayores del país.