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Una publicación de la asociación SER

Keiko: el principio del fin

Una nota resumida de este artículo fue publicada el sábado 20/10 en nuestra cuenta de Facebook. Hoy, a la espera de la prisión preventiva contra Keiko Fujimori, publicamos esta versión, corregida y aumentada.

Keiko lo tuvo todo. En las elecciones del 2016 alcanzó una abrumadora mayoría en el Congreso, lo que le permitía aprobar las leyes que quisiera. En sus manos estaba promover los cambios que, a su modo de ver, necesitaba el país. Por cierto, en materia económica, no tan lejos de la perspectiva de PPK. Pero no. Keiko Fujimori no paró hasta provocar la renuncia del Presidente Kuczynski. No importó siquiera la emergencia del Niño Costero y sus secuelas para miles de personas. Tampoco aceptó los gestos de acercamiento de PPK, quien ilusamente creía que iba a poder ganársela. Sea por sed de venganza irrefrenable o por calcular que el 2021 perdería sus posibilidades (si se abría el sistema político), el hecho es que Keiko puso al país en constante tensión. En un estado de conflicto permanente entre poderes. No vivíamos una vorágine así desde el 2000, precisamente cuando los últimos días de su padre en el poder. Ni siquiera aceptó el indulto para su progenitor. Los congresistas Roberto Vieira primero y Francesco Petrozzi después confirmaron cómo los intentos por facilitar el indulto del ex presidente Fujimori se vieron truncados por la negativa de su propia hija. La personalidad formada en la sombra de Palacio de Gobierno, aprendiendo a aceptar el maltrato a su madre como condición para disfrutar del poder de su padre, debió haber marcado su personalidad.

Keiko, quien posiblemente en algún momento creyó que podía "democratizar" su partido, pronto se dio cuenta de que el populismo intrínseco del fujimorismo requiere de grandes fondos y poca transparencia. Su padre estuvo en el gobierno y tuvo a la mano el dinero de las privatizaciones.  Keiko no, y debió empezar a tejer sus propias redes.  El ex Secretario General de Fuerza Popular, Joaquín Ramirez tiene aún que responder por sus posibles vínculos con el narcotráfico, y al igual que él, otros personajes “exitosos” a la vez que pintorescos, algunos de ellos miembros del actual Congreso. Para esos casos, es conveniente que a uno le roben los documentos en un taxi. En esas circunstancias, es fundamental contar con conexiones en el sistema de justicia. De ahí, probablemente, el valor especial de la alianza con el APRA. La red mafiosa infiltró los poderes e instituciones. Una suerte de conexión subterránea, intuida por varios, pero que sólo pudo destaparse con los audios de los Cuellos Blancos. Desde entonces, una serie de sucesos se han desencadenado, producto de la que es para muchos una inesperada firme reacción de la institucionalidad del sistema de justicia (particularmente del Poder Judicial) y del principal actor político, el Ejecutivo, encabezado por el Presidente.

En pocos días, una serie de desenlaces dibujan un escenario que la Señora K no imaginó en junio del 2016, cuando, incapaz de aceptar la derrota, no fue a saludar a su rival. Cuán distinto de su propio aliado, Alan, quien tuvo contra las cuerdas a Toledo, pero no lo dejó caer. En 5 años era su turno. Las elecciones perdidas, los juicios...es probable que en estos momentos esté recordando la travesía de fuga de su padre.