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Una publicación de la asociación SER

Isla Blanca: vigencia del proceso literario de Chimbote

Augusto Rubio Acosta. Escritor, gestor cultural y periodista

En los días que nos tocan, tiempos individualistas, salvajes y neoliberales, son pocos los espacios literarios comunitarios del país donde escritores de diversas generaciones, ideologías y estilos, logran encontrarse y trabajar en un ambiente propicio para agudizar la comprensión de la realidad e ir formando sus propuestas estéticas. Grupos literarios han existido muchos en el Perú. En el puerto de Chimbote empezaron a surgir algunos a partir de los años sesenta, los mismos que desarrollaron encuentros, actividades culturales, publicaron manifiestos, revistas y libros, dinamizando la escena cultural de una urbe donde el capitalismo, la desigualdad y las luchas sociales protagonizaban el día a día en todas las instancias de la existencia.

Isla Blanca / arte y liberación, el colectivo literario que Óscar Colchado Lucio fundó en el puerto en febrero de 1977, acaba de cumplir 43 años de actividad ininterrumpida. El sólo hecho de haberse mantenido vigente y en permanente actividad como organización constituye un logro destacable; el mérito es mayor si revisamos la calidad de muchos de los autores que han pasado por su seno, así como la transcendencia que ha tenido la organización en el proceso literario y cultural de la ciudad a través del tiempo.

Por Isla Blanca han pasado autores como Miguel Rodríguez Paz, Víctor Hugo Romero y Pietro Luna; como Jaime Guzmán, Antonio Salinas, Marco Cueva y Dante Lecca; como Mario Luna, Enrique Tamay, Gloria Díaz y Gonzalo Pantigoso. Quizá la mayoría de estos nombres sean desconocidos para muchos a lo largo y ancho del país, pero la importancia que han tenido para el proceso literario de Chimbote ha sido grande. En las últimas décadas, las nuevas generaciones de autores reunidos en el grupo empezaron a escribir sobre otros temas, se desmarcaron de las preferencias temáticas y estilísticas de sus antecesores y buscaron su propia voz; un camino regado de plaquetas, libros, revistas y antologías, recoge el trabajo colectivo, pero también individual de sus nuevos integrantes.

La historia de Isla Blanca es la historia del proceso literario del puerto donde Arguedas escribió “El zorro de arriba y el zorro de abajo”. Según Gonzalo Pantigoso, su actual coordinador, la permanencia en el tiempo de este semillero de escritores descansa en el hecho de que no haya más exigencias para participar en él que la pasión por el libro y la lectura, así como el deseo de aportar al desarrollo cultural de la ciudad. “Existe un respeto y una consideración a los trabajos individuales, pero también una exigencia de ir haciendo cada vez mejor la producción o al menos de mantener la calidad. Nadie se siente más que otro, no existe una pugna individual. Nos satisface el logro de cada integrante porque sentimos que es también un logro para el grupo. Entendemos que el reconocimiento, el valor que se nos pueda dar individualmente es por el esfuerzo, el trabajo y la capacidad creativa que nos diferencia”, manifiesta Pantigoso, en un alto de los talleres sabatinos.

La renovación de los integrantes de Isla Blanca, así como la publicación de varios libros colectivos de narrativa y algunos números de la revista poética “Marea” en los últimos años, es un signo de que soplan nuevos tiempos al interior del colectivo. Sólo tres integrantes que llegaron en los años ochenta permanecen activos; algunos otros, que se sumaron a finales de los noventa asisten esporádicamente, así como quienes en algún momento formaron parte de la organización. Una nueva hornada de autores, la mayoría profesores de literatura, es la característica de su renovación. Del grupo fundador, que en 1977 publicó un manifiesto donde evidencia su compromiso ideológico y se reconoce “la conciencia de un pueblo que despierta y dirige sus pasos a la liberación final, definitiva”, al sentir del grupo de este tiempo hay una distancia considerable. Pasaron del mimeógrafo al offset, luego vino el salto digital; renovaron su forma de organización, cambiaron de integrantes, pero nunca dejaron de pensar en colectivo. Creo que esto último es el histórico legado que le entregan al puerto, a las nuevas generaciones.

El jueves 27 de febrero habrá un recital que organiza Isla Blanca, en el auditorio de la comuna provincial (Plaza de Armas de Chimbote). Será a las siete de la noche, una gran oportunidad para conocer de su historia y su entrega