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Una publicación de la asociación SER

A Huancasancos

“¡Qué guapa era la Celedonia!” “¡Se ve la ‘marca’ Calderón!”  --exclamaron dos señoras mirando la fotografía de reina de la primavera de Ninfa Martínez.

“¡Ahí está la profesooraaa!” –gritó en coro un grupo de niñas de la escuela primaria cuando se acercaban a la plaza.

“¡Miren el ‘mixto’!” refiriéndose al bus-camión que hace la ruta Ica-Huancasancos-Lucanamarca y que aparece en la fotografía de la maqueta con la imagen del nuevo edificio municipal.

Las imágenes ayudan a fijar una memoria, nos dice Susan Sontag. Fijan un momento, una mirada, un rostro, un paisaje; un pedacito de historia quedará condensado y congelado en una fotografía. Las imágenes llegaron en el transcurso de la investigación que, con Vera Ríos Burranca, Ximena Málaga Sabogal y Alicia Noa Alfaro, comenzamos a realizar desde el 2011 en Santiago de Lucanamarca y que luego, en el 2013, extenderíamos a Huancasancos, ambos ubicados en la provincia del mismo nombre, en Ayacucho. 

Desarrollamos un estudio antropológico que partiendo de una etnografía de dos localidades en la provincia ayacuchana de Huancasancos (Lucanamarca y Huancasancos) y dos instituciones del Estado (el Consejo de Reparaciones –CR—y la Comisión Multisectorial de Alto Nivel -CMAN), buscaría entender no sólo la dimensión local del conflicto sino los intentos de la población por recuperarse simbólica y políticamente como ciudadanos, sus intentos de recuperación del tejido social y las nuevas formas de búsqueda de reconocimiento de poblaciones que han sufrido las consecuencias directas del conflicto armado interno. Entendemos la dimensión local como la micropolítica que dinamiza las relaciones entre los habitantes, las comunidades y las instituciones estatales. Esta dimensión local está expresada de formas diferentes desde los mecanismos que desarrollan como comunidad o colectivo para hacer escuchar sus demandas.

Un estudio a este nivel permite pensar desde abajo la forma cómo se implementa una política pública como la reparación. En este sentido, nos remite también a la historia en la forma cómo se ha clasificado a la población por bolsones o grupos humanos –en este caso, “víctimas”- y cómo esta categoría desarrolla sentidos de pertenencia e identificación.

Como el trabajo de campo en Lucanamarca ya lo teníamos avanzado desde el 2011, durante el 2013 nos concentramos principalmente en Huancasancos y ahí prestamos especial atención a la importancia regional e historia del Colegio Nacional Los Andes –el año 2013 cumplía 50 años de creación-, que se configura como el símbolo político más importante para la localidad y al mismo tiempo el escenario que se toma como punto de partida para hablar sobre la emergencia senderista en la zona. Intervenido y reprimido desde 1983 hasta 1996, el colegio materializa la historia de la provincia: las ansias y los logros de desarrollo e involucramiento con Lima y la costa.  Pero el colegio es también su más grande orgullo. Fundado por importantes líderes regionales como el señor Ananías Sumari, el colegio resume su propia experiencia como comunidad y su vínculo con el Estado.

Así, a las preguntas sobre el Colegio sucedieron las imágenes de los distintos momentos de su construcción, de los equipos de fútbol, las reinas de belleza, las promociones y, con ayuda del señor Nilton Salcedo, presidente de la Asociación de Víctimas de Huancasancos, comenzamos a recoger fotografías de Huancasancos y del colegio. Estas imágenes nos ayudaban a comprender los momentos por los que había atravesado la institución educativa, sus tres locales, su inicio como colegio comunal y su pase a colegio nacional.  Y estas imágenes también ayudaban a la propia población a volver a mirar su propia historia. En Antropología tratamos de retornar a las poblaciones con quienes trabajamos “algo” de aquello que aprendemos –nuestro retorno o devolución de resultados del estudio desarrollado con apoyo de la Dirección de Gestión de la Investigación de la Pontificia Universidad Católica del Perú, fue con imágenes –con una selección de estas fotografías tomadas por los propios huancasanquinos y también con la proyección de un corto video documental en el que se narra la historia del colegio. 

Con la autorización del alcalde de la provincia y de la regidora, llenamos la plaza de Huancasancos con imágenes que hablaran de su historia como un proceso más amplio y denso que el periodo del conflicto armado interno. Y así en grandes estacas instalamos las fotografías en el centro mismo de la plaza y poco a poco la población comenzó a asomarse. Niñas y niños, adultos y jóvenes transitaron por la exposición de fotografías. La interacción con las fotografías fue intensa –buscaban a sus conocidos, se buscaban a ellos mismos, buscaban a sus “dobles”, esto último era a quiénes eran padres de fulano o mengano. La foto servía también para que cada quien se ubique en ese pedacito de historia –a las reflexiones sobre la guapa Celedonia se sucedieron comentarios sobre qué hacía uno en ese momento, dónde estaba si en Huancasancos, Lima, Ayacucho o Ica. También había dolor por quienes ya no están: el padre y la madre de Nilton, el niño Hermenegildo, el profesor Fortunato… los índices que señalaban los rostros de las imágenes, las sonrisas que evocaban sus miradas, los relatos que volvían a narrarse. Las fotografías se quedarán en el Salón Consistorial de la Municipalidad y ya están recopilando más para un libro que invite a más personas a recorrer la historia de esta región ayacuchana.