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Una publicación de la asociación SER
Crítica literaria, periodista, poeta. PhD en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Pittsburgh. Profesora de la Universidad de Lima.

Historia del Perú de Armando Williams

Armando Williams (Lima, 1956) es, indudablemente, un referente obligatorio no solo de nuestra plástica, sino, me atrevo a decir, del necesario cuestionamiento y reflexión histórica que, como peruanos, debemos plantearnos. Tanto en sus casi 30 muestras individuales como en las 40 colectivas en las que ha participado, encontramos dos ejes que se reiteran, conversan y nos entregan una variedad relevante de mensajes. Sobre ellos, la crítica no ha dejado de advertirlos: de un lado, la reflexión sobre nuestra historia, sus vacíos, contradicciones y protagonistas olvidados; y de otro, la relación que esta re-crea con la naturaleza que la sostiene.

Grito y denuncia, visibilización de silencios, resarcimiento y homenaje, abundante historia de nuestra Historia, confluyen en esta poderosa muestra compuesta por dieciséis piezas en las que encontramos, formalmente, el uso experto de tres técnicas (óleo sobre tela, impresión fotográfica, y colores sobre láminas de papel vegetal); y desde su fondo, dos planos de potentes narrativas temporales y políticas.

La primera sala, aunque breve en su extensión, es una de las más intensas debido a que Paisaje y Paisaje Tambopata (2017) marcan una ruta de lectura clave: es notoria la falta del metal dorado, de los cuerpos vivos de animales, de la vegetación, incluso, del  hombre destructor. Ambos paisajes resaltan el protagonismo de la carencia y configuran un grito dibujado que salta la representación y construye una narrativa propia de denuncia y reclamo. Es en esta línea que la Ruda (2017-2019), cuadro tan complejo como bello, contrasta con ambos paisajes y anuda la propuesta estética: está ella sola poblándolo todo, la vida ocupando la voz principal. Vida y muerte, grito y silencio: dualidades que conversan.

La segunda sala materializa en sus ocho piezas olvidos y resarcimientos simbólicos. Tragedia (2017) es una pintura basada en un grabado elaborado en 1984, antes de que el pintor viajara a Nueva York, donde residiría quince años. Sobre su composición, vale la pena subrayar que fue elaborada sobre una fotografía perteneciente a un reportaje que comunicaba el fallecimiento de decenas de fanáticos durante un partido de futbol en el Estadio Nacional en 1964. No obstante, el giro que relaciona esta foto con los paisajes de la sala anterior, es la ausencia de la letra “r” en la palabra “Radio”. Este cuadro es la intervención de un anuncio de “Radios Philips”, en el que el protagonismo lo tiene la modernidad incompleta, fragmentada, cercenada (“Radios” sin “R”) que subraya la carencia, tal como en Tambopata.

A este cuadro sigue un Díptico (2019) que representa una multitud de caracolas marinas que se miran antecediendo la llegada del mar, y de un mensaje encarnado en Playa Marbella, Ejército peruano, junio 2017 (2019). Esta pieza es fundamental para visibilizar los “hilos de poder” a los que apunta la muestra: cuatro jovencísimos soldados que  fallecieron al ser obligados a nadar en un mar bravo. Junto a este cuadro encontramos dos impresiones fotográficas que son dos veces la misma. Primero,  la maqueta de Sarita Colonia, que realizara Williams a finales de los 70, cuando pertenecía al icónico grupo Huayco. Y al lado, el anverso de la misma, con las marcas de su elaboración. Estas nos invitan a retroceder en el tiempo: Williams junto a Huayco, reflexionaba en torno a la importante migración andina a la capital. Colocaron sobre un cerro, a la salida de Lima, 12 mil latas de leche intervenidas en forma de gran mosaico. Esta enorme intervención sobre el cuerpo de la ciudad que  visibilizó a los miles de peruanos migrantes nos entrega una metáfora de la muestra: pasado y presente mirándose, hilando la historia.  

Finalmente, la sala concluye con Fardo (2017), una bisagra que une la denuncia claramente mostrada en la primera sala –y parte de la segunda– así como el resarcimiento, que será protagonista absoluto de la tercera. Para entender su importancia, recordemos que en los años 80, el médico y museólogo Arturo Jiménez Borja decide abrir un fardo en una feria mundial en Knoxville, Estados Unidos. Aclamado como un espectáculo mediático, generó una interesante polémica y con ella, un reclamo. El cuadro de Williams responde a la acción descubridora de Jiménez Borja con el mecanismo inverso: cubre, aúna los tejidos desde el color, de tal modo que el cuerpo espectacularizado de la momia (y de nuestra historia) es resarcido.

Coherente con el resarcimiento, la tercera sala festeja el centenario del descubrimiento de la cultura Chavín y con ella, Williams muestra el protagonismo de la planta alucinógena San Pedro. Es con este cierre que Historia del Perú propone una mirada llena de flashbacks hacia quienes fueron olvidados (migrantes, soldados ahogados, fardos descubiertos, cabezas alucinadas, paisajes amazónicos profanados, etc.) y propone un diálogo entre memoria, historia y naturaleza, del cual,  todos somos, indefectiblemente, parte.  

Historia del Perú

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La muestra Historia del Perú se inaugura el jueves 19 de setiembre en el Centro Cultural Garcilaso, en Jirón Ucayali 391, Cercado de Lima