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Una publicación de la asociación SER
Periodista y escritor. Con interés en la política y la cultura

Heraud y Velasco: nuevos héroes del cine peruano

Foto: La República

Un poeta y guerrillero cuya memoria ha permanecido presente gracias a la persistencia de un círculo familiar, intelectual y político. Un militar revolucionario nacional, vejado y vapuleado por ciertos líderes de opinión pública. Javier Heraud y Juan Velasco Alvarado han sido reivindicados de la manera más inesperada. De la marginalidad en que se encontraban han pasado a ser protagonistas de la historia reciente del Perú. No es la educación básica la que ha hecho posible este despertar. Fue el séptimo arte.

Desde agosto de este año hasta la fecha, dos documentales y una película han instalado a estos personajes en la actualidad. No solo han cambiado la perspectiva de quienes los desconocían o los criticaban. Estas producciones han logrado que las nuevas generaciones, libres de los prejuicios de las viejas, los reciban con agrado. Lo sorprendente es que esto ocurra en las salas de cine peruanas, dirigidas por las corporaciones a las que les interesa que solo se vean series de Marvel y que son mezquinas en exhibiciones y horarios con la producción nacional.

El viaje de Javier Heraud, documental de Javier Corcuera estrenado en agosto, fue el primer estreno de esta saga. Sin dejar de mostrar las anécdotas de su vida y su lado humano, Corcuera incide en su lado político. Recoge testimonios de sus compañeros políticos, y también el impacto de su cruel asesinato. Uno de los testigos de su muerte en Puerto Maldonado afirmó que la muerte del autor de El río "no fue en vano". "Desde entonces muchas cosas cambiaron socialmente aquí. Javier no fue un héroe: fue un símbolo", destaca uno de los habitantes de esta ciudad de la selva peruana en este trabajo.

Poco después, se estrenó la película La pasión de Javier, dirigida por Eduardo Guillot. La narrativa de este trabajo recorre las vidas paralelas del poeta. Aunque sus sueños de artista y de revolucionario transitan sin enemistarse, finalmente se impone el de luchar por la liberación del país. Sin dejar de lado la belleza, la poesía es inspiración para la revolución en Javier. Es sorprendente y gratificante la interpretación de Stefano Tosso, el hijo del recordado Ricky Tosso, en el papel del poeta y guerrillero. Sin el énfasis del documental de Corcuera, el filme de Guillot no descuida la vocación política de Heraud, e incluso ese matiz va en ascenso a medida que se acerca al final.

Un segundo documental completa esta saga cinematográfica de las luchas de los años sesenta. La revolución y la tierra, de Gonzalo Benavente, muestra los años del régimen del general Juan Velasco Alvarado, quien tomará decisiones que no solo harán justicia, sino que modernizarán al Perú. Un gran aporte que hace es un recorrido por la historia del cine peruano, con fragmentos de emblemáticas películas, que va desde la época del cine mudo hasta la actualidad. Este viaje cinematográfico, sumado a testimonios de protagonistas de la época y jóvenes profesionales, ayuda a entender cómo era el Perú antes de Velasco: una oligarquía abusiva con todo el poder y los recursos en sus manos, y una gran masa indígena no solo excluida, sino dominada, explotada y humillada. La democracia era solo votar cada seis años, siempre y cuando no hubiera un golpe de Estado. El trabajo de Benavente ha tenido tal repercusión, que algunos opinólogos que denostaban de Velasco por haber sido un dictador y supuesto destructor de la economía nacional, ahora comprenden lo que significó el proceso sin ser necesariamente adeptos al general.

Sin proponérselo, lo mostrado por Corcuera, Guillot y Benavente han puesto en la actualidad a dos héroes peruanos del siglo XX. No usan capa, no tienen superpoderes ni usan metralletas para matar a diez mil del bando enemigo. Desde su ímpetu y voluntad, contribuyeron a expresar lo que el Perú  de los años sesenta demandaba desde décadas atrás: justicia para los oprimidos. Un país con un piso de igualdad. Heraud y Velasco no fueron una causa, sino consecuencia de ese proceso. El cine peruano, menospreciado por las corporaciones mediáticas y por ciertos ultra-liberales, ha demostrado que quiere y puede, aún con estas dificultades. Y se ha atrevido con personajes invisibilizados y satanizados hasta hace poco. Este puede ser el inicio de un camino que explore más personajes de nuestra historia, y al mismo tiempo un parteaguas con respecto al legado que dejaron Armando Robles Godoy y Francisco Lombardi.