Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

Hartazgo ciudadano sin respuesta política

La crisis política que atraviesa el país desde hace poco más de dos años – tras la derrota del fujimorismo en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales – parece no tener fondo ni fin, al menos mientras  los involucrados continúen ocupando espacios de poder desde los cuales maniobran en defensa de sus intereses.

El caso que mejor ejemplifica esta situación en la actualidad es el del Fiscal de la Nación, Pedro Chavarry, cuya permanencia es defendida por el fujimorismo como una garantía de impunidad; y lo mismo ocurre con el todavía Juez Supremo César Hinostroza y los ex integrantes del Consejo Nacional de la Magistratura, cuyo juzgamiento no es autorizado por el Congreso de la República, a pesar de la gravedad de las acciones cometidas por estos personajes.

Por otro lado, sigue pendiente el resultado final de las investigaciones por los casos de corrupción y financiamiento ilegal de campañas electorales del caso Lava Jato que alcanzan a los ex Presidentes de la República – Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuzcynski –, así como a Keiko Fujimori y Susana Villarán. Para tranquilidad de los implicados, estos casos han pasado a segundo plano, y nada indica que se producirá un cambio significativo, dada la pérdida de credibilidad del Ministerio Público y los enfrentamientos entre los fiscales encargados de la investigación.

Si bien el Presidente Martín Vizcarra ha propuesto algunas iniciativas para enfrentar los problemas descritos, lo que le ha permitido marcar distancia del fujimorismo y recuperar popularidad, lo cierto es que hasta el momento no se avizora una salida acorde con las legítimas exigencias de la ciudadanía, que ya está harta de observar cómo sus políticos y autoridades actúan únicamente en su beneficio.

En Noticias SER creemos que si no se produce pronto un cambio significativo, no sólo se profundizará el rechazo de la población contra el establishment político, sino que corremos el riesgo de deslegitimar aún más nuestra todavía frágil democracia. El hartazgo tiene un límite.