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Una publicación de la asociación SER

Gamarra y la valoración del espacio “público”

El desalojo de las vendedoras y los vendedores ambulantes del emporio comercial de Gamarra promovido por el alcalde del distrito de La Victoria George Forsyth y la gerenta de Fiscalización Susel Paredes ha dado mucho de qué hablar en las últimas semanas. Entre las diferentes opiniones y argumentos que se han manifestado, aparece en el sentido común de los gestores públicos, periodistas ciudadanas y ciudadanos la noción de espacio público. El objetivo de esta columna es poner en discusión cómo se está concibiendo el espacio público en un contexto de suma importancia para Lima Metropolitana.

El operativo que propone el desalojo de ambulantes tiene como objetivo garantizar que Gamarra sea un espacio limpio y ordenado. No sólo eso, las autoridades a cargo la describen como un futuro “centro comercial abierto” que atraiga principalmente a consumidores de “clase media”[1]. Para eso, se ha considerado prioridad desalojar a los ambulantes que se apropiaban diariamente de las calles del emporio comercial. Dicho objetivo y las acciones que se articulan a él, van asociando dos elementos a la idea de espacio público sobre los cuales habría que advertir cierto cuidado.

En primer lugar, la idea de “centro comercial abierto” hace referencia a un espacio público orientado principalmente al consumo. Investigaciones sobre los espacios de uso público en Lima Metropolitana reconocen que los malls o centros comerciales son bastante concurridos y apropiados por los usuarios principalmente siguiendo normas o formas de control promovidos por los centros comerciales privados[2]. Si imaginamos el “centro comercial abierto” de Gamarra, podemos visualizar estándares de comportamiento y orden promovidos por la Municipalidad de La Victoria, similares a los que se establecen en el Jirón de la Unión bajo la vigilancia de los fiscalizadores de la Municipalidad Metropolitana de Lima. Bajo esa noción, el orden y el control se presentan como necesarios y deseados en un espacio público. Así, se sigue promoviendo un modelo de ciudad en el que la vida cotidiana es controlada y previsible. La gestión municipal debe ampliar su visión del espacio público, en tanto debe considerarse un espacio de ciudadanía en el que se promuevan las libertades y el desarrollo de las personas. Ello constituiría el punto de partida para promoción de nuevos usos y apropiaciones cotidianas que sean saludables.

El segundo elemento sobre el cual considero que se debe continuar reflexionando es la desigualdad en torno a quién puede usar el espacio público. Por un lado, se busca que la “clase media” acuda con mayor frecuencia a Gamarra (el lugar resultaría más atractivo bajo el modelo de “centro comercial abierto”). Por otro lado, para la Municipalidad de La Victoria y la opinión pública la idea de atraer consumidores clasemedieros resulta opuesta y excluyente a la presencia de vendedoras y vendedores ambulantes. Estos actores son estigmatizados como sucios, migrantes y transgresores. Si bien hay estructuras ilegales y criminales a las que se busca hacer frente, quienes son desplazados del espacio público son los comerciantes con menos recursos económicos y en situación de precariedad laboral.

El comercio ambulatorio informal en Gamarra, sin duda, ha constituido parte de su atractivo. La demanda con menor presupuesto era correspondida con la oferta del comercio ambulatorio. ¿Incorporar a algunos vendedores a las galerías será suficiente? ¿Se podría plantear un modelo de comercio ambulatorio formal supervisado por la Municipalidad de La Victoria? El espacio público no debería perder su carácter de público, capaz de integrar a personas de diversas clases y características sociales. Si bien en Gamarra prima la actividad de consumo, a largo plazo, ¿todas y todos podrán acceder a esa oferta?

Por el momento, desplazar a los ambulantes constituye nuevamente el punto de partida para la transformación de Gamarra. ¿En qué? Suponemos que en un “centro comercial abierto” que sigue las lógicas e intenciones de los principales empresarios del emporio, quienes en los últimos años han dejado el modelo de las clásicas galerías y han promovido las construcción de pequeños centros comerciales al interior de Gamarra[3]. ¿Ese debe ser el fin último para un espacio productivo con tanto potencial? ¿Para un espacio que se ha construido por muchas personas que iniciaron sus trayectorias laborales como comerciantes ambulantes? Un nuevo modelo se impone sobre Gamarra. ¿Será uno que genere beneficios para todas y todos los ciudadanos? Probablemente dependerá de si podemos tener una visión más amplia del espacio público, una discusión que afortunadamente vuelve a ser cotidiana.

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Esta semana la columna de Comadres cuenta con la colaboración especial de Jimena Ñiquen. Plataforma Comadres es un espacio que busca posicionar el trabajo de mujeres jóvenes en el análisis de la política nacional e internacional.

 

[1]                    Entrevista a Susel Paredes en RPP Noticias. https://rpp.pe/lima/actualidad/susel-paredes-queremos-que-gamarra-sea-como-un-gran-jiron-de-la-union-del-siglo-xxi-noticia-1186287

[2]                    Higa, K. 2017. Aprendiendo a ser ciudadano consumidor: La experiencia urbana de jóvenes en un Mall del área central y de expansión en Lima. Los casos de los C.C. Jockey Plaza y Megaplaza.

[3]                    Flores, V. 2018. «Gamarra» frente a la ciudad neoliberal: estrategias locales en el escenario global.