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Una publicación de la asociación SER

Forsyth, el nuevo candidato de los ricos

Foto: La República

Victor Liza

La derecha fabrica sus candidatos. En años anteriores lo hacía con viejos conocidos en la política. Una vez que eran más o menos reconocidos por la opinión pública, las encuestadoras los colocaban en los primeros lugares, para darles visibilidad. Un primer ejemplo, al menos en este siglo, fue Lourdes Flores. Venía de ser una parlamentaria de oposición al fujimorismo, y era la carta de renovación del Partido Popular Cristiano. En la elección de 2001, quedó en un nada despreciable tercer lugar con 23% de los votos. En la campaña siguiente, la del 2006, los grandes medios de comunicación la presentaron como presidenciable. Las encuestas la colocaban por encima del 30%. Su camino a la Casa de Pizarro parecía seguro.

Alan García, un viejo zorro de la política, se cruzó en su camino. Le colocó el mote de “candidata de los ricos”, de la que Lourdes nunca pudo desprenderse. Y quedó otra vez fuera de la segunda vuelta, a manos del extinto líder aprista. Que este último se haya acomodado luego con la derecha, es otra historia.

Ejemplos como el de Lourdes Flores no funcionaron. Recién en 2016, el candidato de la derecha, Pedro Pablo Kuczynski, pudo lograr la faena. Lo ayudó la extraña exclusión de Julio Guzmán (que ahora se investiga) y César Acuña, y haber tenido como contrincante en segunda vuelta a una impresentable Keiko Fujimori. Su presidencia solo duró poco más de un año y medio.

En las municipales de 2018, la derecha y sus medios afines prefirieron jugar en Lima sus cartas en los minutos finales del partido. Cuando todo el mundo estaba resignado a que el alcalde de Lima se decidiera entre Daniel Urresti y Renzo Reggiardo, apareció en el último tramo el entonces burgomaestre de Miraflores, Jorge Muñoz. Luego del debate realizado dos semanas antes de la elección, varios voceros mediáticos de la derecha más tradicional, como Madeleine Osterling, Jaime de Althaus y Aldo Mariátegui, levantaron su intervención. El diario más vendido del país, comprado por las clases populares, lo comparó con el Gringo Karl, personaje de la farándula. Los programas de televisión le hicieron entrevistas amables. El día antes de la votación, las encuestas que no podían revelarse ya daban cuenta de que Muñoz le sacaba el doble de porcentaje a Urresti. Con esa garrocha mediática, la derecha se aseguró de no tener sorpresas como en otras ocasiones.

Pese a que la estrategia del último minuto les funcionó, la derecha y sus medios ya empezaron a trabajar. Su nuevo engreído: George Forsyth. Conocido por haber sido futbolista de Alianza Lima, el actual alcalde de La Victoria recibió todo el apoyo mediático apenas inició su gestión. Durante varias mañanas de la primera semana de su gestión, los noticieros de televisión presentaban enlaces vía microondas desde el emporio comercial de Gamarra, en el que el exarquero se mostraba valiente ante las mafias que cobraban cupos en los alrededores, con operativos rimbombantes. Tan espectaculares como el de Los Olivos, que también llevaba prensa, con la diferencia de que nunca hubo muertes que lamentar.

Más allá de si los operativos de Forsyth han logrado resultados o no, el golpe mediático parece haber funcionado. El alcalde de La Victoria, un distrito peligroso, se enfrenta con firmeza a la delincuencia. Ese es el mensaje. Por eso, desde el año pasado, cuando asumió la función municipal, Forsyth apareció en las encuestas de intención de voto. Y no para la alcaldía de Lima, sino a la presidencia. Y ante cualquier dificultad como una denuncia de supuesta violencia de género, allí estuvo el diario más popular para “farandulizar” el tema y darle una mano al alcalde. A esto se agrega que, ante el anuncio de Salvador del Solar de que no se presentaría a las elecciones generales del próximo año, Forsyth parece haber recogido algo de esa cosecha en el lado derecho de la cancha. La última encuesta de Ipsos, publicada a fines de agosto por el diario El Comercio, le da un sorprendente 25%. Lo curioso es que este estudio es nacional, y más allá de que muchos crean que el Perú es Lima, y que lo que pasa en Lima sucede en todo el Perú, resulta difícil creer que sea conocido, con un apellido extranjero difícil de escribir, en otras ciudades del país. Y máxime cuando las encuestas ahora son telefónicas y en zonas urbanas, en plena pandemia.

Aunque en estos días Forsyth dice “no haber tomado ninguna decisión” sobre su candidatura, al mismo tiempo ha afirmado que “a los políticos antiguos les da miedo que yo postule”. Los apapachos de la gran prensa, que hasta ahora no ha investigado su gestión en La Victoria como sí lo hacen con otros alcaldes, no son los mismos con el ahora desbocado congresista Urresti, la caída en desgracia Keiko Fujimori y mucho menos con la izquierdista Verónika Mendoza. Salvo cambio de planes de último minuto como con Muñoz en 2018, Forsyth parece ser el nuevo candidato de los ricos.