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Una publicación de la asociación SER

Fetransa y la pesadilla del viaje en tren a Machu Picchu

Recientemente se ha generado una ola de indignación de las autoridades y la ciudadanía de Cusco, frente al pésimo servicio que brindan los operadores ferroviariarios PeruRail e InkaRail a los ciudadanos cusqueños y turistas nacionales. El alcalde de Machu Picchu, Darwin Baca, es uno de los que ha expresado su molestia y ha tenido la valentía de alzar la voz para plantear el fin de la concesión a estos operadores ferroviarios, debido a los precios exorbitantes de los pasajes y el constante maltrato que padece el turista nacional.

Sin embargo, cabe precisar que el cerebro operario de todo este atropello es FETRANSA (Ferrocarril Trasandinoque es el “único concesionario” ferroviario, desde 1999, año en que se instauró una suerte de monopolio de transporte ferroviario, a través de sus operadores de trenes PeruRail e IncaRail, que se aprovechan del deseo de los visitantes por conocer Machu Picchu, maravilla del mundo.

Viajar durante una hora y 40 minutos cual sardinas enlatadas, es una bendición frente a la desdicha de otras personas que deben caminar entre 3 a 4 horas desde Ollantaytambo hasta el kilómetro 88, o una hora desde el kilómetro 82 al 88.

Realizando una búsqueda rápida en internet, uno se encuentra con las innumerables quejas por parte de los turistas locales y de ciudadanía de Machu Picchu, quienes son víctimas de los atropellos de los operadores de trenes, único medio de transporte para acceder al complejo arqueológico. Estar parados durante varias horas, para poder comprar un boleto y acomodarse -como se pueda- en los vagones que se encuentran en pésimas condiciones, constituye un enorme abuso que no puede continuar.

Urge la intervención de las autoridades pertinentes para encontrar soluciones efectivas, no es suficiente con “prevenir” al turista, es preciso poner fin a este monopolio ferroviario y abrir nuevas vías de acceso.

¡Los turistas nacionales y la ciudadanía cusqueña tenemos dignidad y merecemos respeto!

Foto: aPrimeraHora