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Una publicación de la asociación SER

FA: ¿El equilibrio (im)posible?

De elecciones ciudadanas, candidaturas y el camino del Frente Amplio

(Más reflexiones con pretensión orgánica)

Acto 1: Elecciones ciudadanas

Hace unas semanas, el Frente Amplio (FA) llevó a cabo elecciones ciudadanas abiertas. Era la primera vez que un partido político convocaba a la gente a votar libremente para elegir a un candidato presidencial. En base a compromiso y autogestión, se llegaron a instalar 354 mesas en todo el país y votaron más de 30 mil personas. Fue un hecho político capaz de movilizar a la ciudadanía que superó las expectativas y fue posible gracias al trabajo de militantes, el respaldo de las dirigencias, el involucramiento de muchos activistas y  a todos los peruanos y peruanas que valoraron esta oportunidad y fueron a votar.

Las elecciones eran una prueba clave para el FA, pues demostrarían su real capacidad de organización y permitirían comprobar la recepción de la ciudadanía. En ambos sentidos, la prueba fue ampliamente superada, pero el proceso de conteo de votos evidenció que así como había capacidad y audacia para generar hechos políticos, existían serias precariedades para desarrollar procesos nacionales. Limitaciones técnicas y políticas quedaron al descubierto, más que por la poca celeridad, por la ausencia de información  y la falta de mecanismos resolutivos. Dadas la recepción y las expectativas generadas, era comprensible que se esperaran resultados pronto y que las demoras se prestaran a especulaciones. El comité electoral, el Consejo Permanente y las dirigencias de las agrupaciones parecían sobrepasados por los rumores que circulaban, particularmente  sobre el caso de Pomalca, alimentando chismes y  acusaciones de periodistas, opinólogos y militantes descontentos.

Casi una semana después concluyó el conteo y Verónika Mendoza fue proclamada candidata presidencial del Frente Amplio. Marco Arana -líder de Tierra y Libertad, el partido que posee la inscripción y que fue el principal soporte de las elecciones a nivel nacional- aceptó los resultados, llamando a fortalecer el Frente y a apoyar a la ganadora elegida. Con ello,  respondía a los augurios de quienes afirmaban que, en caso de perder, Arana se llevaría “su pelota”, y demostraba, en cambio, su vocación de seguir construyendo unitariamente.

Las elecciones ciudadanas dejan importantes lecciones que deberán asimilarse como parte del proceso de institucionalización del FA y sus mecanismos de democracia participativa. La potencia del hecho político no se empaña por los impasses del conteo, siendo estos más bien señales de alarma para enfrentar el caudillismo y clientelismo tan presente en nuestra política…Pero ya con candidata proclamada, respaldada por todas las agrupaciones y en carrera presidencial, ¿qué es lo que sigue para el Frente Amplio?

Acto 2: Candidaturas  y construcción política

El Frente Amplio nace como un esfuerzo de articulación estratégica de organizaciones sociales y grupos políticos de izquierda o progresistas, con la intención de competir electoralmente, pero también con la pretensión de agrupar y representar a las luchas sociales de nuestro país. Más allá de sus matices programáticos, ideológicos y hasta de sensibilidades, los principales grupos que conforman el FA  -Tierra y Libertad, Movimiento Sembrar, Pueblo Unido, por mencionar los más representativos- han afirmado su compromiso con esta tarea.

No obstante, ad portas del 2016 y con el fujimorismo encabezando las encuestas, es válido preguntarse si es viable insistir en esta doble apuesta? ¿La candidatura de Verónika Mendoza contribuye en esta tarea? ¿Qué sigue para ampliar las posibilidades de triunfo electoral y consolidar una organización realmente conectada a las mayorías?

Sin negar que es difícil equilibrar esta tarea, debe reconocerse que no se trata de procesos disociados ni contrapuestos. La construcción de un instrumento político implica, justamente, consolidar una estructura orgánica en la que puedan tener cabida diversas expresiones sociales y políticas que deciden democráticamente su participación electoral. Se trata de disputar el poder para cambiar relaciones hegemónicas, representando luchas sociales y siendo  alternativa de gobierno, desarrollando procesos que pueden alimentarse mutuamente. Y esto implica también dar pasos tácticos y llegar a acuerdos políticos que aporten en la urgencia de cerrar paso a la derecha neoliberal que pretende continuar en el poder.

Para afirmar su carácter estratégico, el Frente Amplio tiene el reto de fortalecer vida orgánica, renovando la convocatoria a nuevos militantes y activistas; sumando más organizaciones sociales y grupos políticos. Las elecciones ciudadanas y la candidatura de Verónika han generado expectativas y simpatías en distintos ciudadanos y también en movimientos sociales feministas, indígenas, urbano populares, entre otros. La coyuntura electoral es un momento que puede contribuir a canalizar estas simpatías y adhesiones. Pero ello implica que los grupos que actualmente conforman el FA apacigüen sus tendencias centrifugas y, por lo menos temporalmente, prioricen las tareas del Frente por sobre las partidarias…El FA necesita generar iniciativas concretas, abrir discusiones programáticas, afianzar su llegada nacional, tener proyección internacional y seguir sumando.

Pero como también se trata de ganar las elecciones del 2016, debe reconocerse la importancia de concretar acercamientos y acuerdos con otras organizaciones políticas. El FA tendría que avanzar en tal sentido, sin perder de vista que la unidad suma pero no puede convertirse en un fin en sí mismo. Los procesos de confluencia electoral tienen que darse sobre coincidencias programáticas y  bases democráticas bien establecidas. Ello implica reconocer que en pos de la unidad no se puede empeñar bases fundacionales, claudicar en la agenda programática ni apurar decisiones entre cúpulas. Las confluencias tienen que darse con responsabilidad de todas las partes, cuidando lo avanzando, pero también siendo conscientes de que toca arriesgar, porque los enemigos al frente -el APRA, el fujimorismo, PPK- son bastante poderosos.

Acto final- temporal

Los ritmos de la política peruana son diversos,  con avances y retrocesos para las propuestas de cambio social, con declives y ascensos para las fuerzas de izquierda que pretenden impulsarlos. Tras un largo período de crisis, de anquilosamiento de las plataformas y desconexión con los sectores populares, el FA apenas se insinúa como una oportunidad de renovación y recomposición de un instrumento político para las izquierdas. Es poco lo logrado, pero en esa insinuación puede descubrirse esperanza. La decisión de fortalecer espacio estratégico y de dar la pelea electoral está tomada, y ya lo dijo la candidata Verónika Mendoza: “No estamos participando en esta elección para tantear, sino para consolidar una  alternativa seria de gobierno a mediano y largo plazo”.  Un desafío grande y ante el cual queda por ver todavía si el Frente Amplio –sus partidos, dirigencias, militantes, simpatizantes- estarán a la altura.

El ritmo que marca el país es de urgencias y responsabilidades históricas, pero contra lo afirmado por algunos analistas, el esfuerzo del FA no parece ser una empresa coyuntural y sectaria, “disfrazada de recambio generacional”. Porque aunque a varios les cueste procesarlo, la renovación de las izquierdas ya empezó… y eso incluye pero trasciende largamente al Frente Amplio y el cambio por rostros más jóvenes. Se expresa  en las demandas por más democracia, en el diálogo con la diversidad  cultural y de género, en la  afirmación de una agenda programática que garantice bienestar a las mayorías del Perú del siglo XXI. Queda mucho por construir todavía. Esperemos que en ese camino, el FA insista y perdure, equilibrando su apuesta estratégica con las urgencias tácticas, sumando para caminar nuevos caminos.